Un conductor alemán bate el récord de eficiencia diésel: 2.400 km en un coche viejo

El youtuber alemán Elias logró 2.398 kilómetros con un depósito de 72 litros en un Passat de 1998. La proeza reabre el debate sobre la eficiencia real del diésel en plena transición al coche eléctrico.

2.398,7 kilómetros, 72 litros y un coche con 28 años. Así se resume la última locura del youtuber alemán Elias, del canal Offroadventure, que ha llevado al límite la eficiencia diésel con un Volkswagen Passat B5 de 1998. Su reto: viajar desde Hildesheim hasta el Círculo Polar Ártico con un solo depósito de combustible.

El dato dinamita cualquier argumento sobre la autonomía real. En plena carrera por la electrificación, la gesta de Elias demuestra que la vieja escuela diésel todavía puede asombrar. Y lo hace con un consumo medio de 3,0054 litros cada 100 kilómetros, una cifra que roza la ciencia ficción para un vehículo de hace tres décadas.

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Cómo convirtió un Passat de los 90 en un ‘sipper’ de combustible

Elias no dejó nada al azar. Para exprimir cada gota de gasóleo, modificó el Passat hasta extremos casi obsesivos. Cambió las llantas originales por tapacubos cerrados que mejoran la aerodinámica de las ruedas, eliminó las barras del techo y la antena, y sustituyó las luces por unas LED de bajo consumo. Además, tapó algunas salidas de aire del frontal para que el coche cortase el viento con menos resistencia.

La lista de trucos no acaba ahí. Instaló un control de crucero adaptativo, utilizó aceites de baja fricción y montó unos neumáticos Michelin especiales, inflados a la máxima presión permitida para reducir al mínimo la resistencia a la rodadura. Michelin, patrocinador del experimento, proporcionó las ruedas. Todo este cóctel de ajustes convirtió al veterano vehículo en un misil de la eficiencia.

La mayoría de los cambios que realizó Elias se centró en reducir al extremo todo lo que generaba rozamiento o consumo parásito. La clave, sin embargo, estuvo en la conducción. Manteniendo una velocidad constante de 74 km/h de media, el motor trabajaba en un régimen bajo pero sin obligarle a reducir marcha. Así logró mantener el consumo por debajo de los 3 l/100 km durante la mayor parte del trayecto.

El Passat llegó a marcar picos de 2,5 litros cada 100 kilómetros en algunos tramos. Pero en el último suspiro la eficiencia cayó ligeramente y el coche se detuvo tras 2.398,7 kilómetros, a apenas 1,3 km de la barrera psicológica de los 2.400. Elias rompió entonces el sello del depósito para añadir un poco más de diésel y alcanzar una gasolinera.

Este viejo diésel nos recuerda que, con la técnica adecuada, la autonomía real puede duplicar lo que prometen los fabricantes.

El coche eléctrico ante el espejo del diésel de hace 30 años

El experimento de Elias desempolva una pregunta incómoda. Si un motor de 1998 es capaz de estirar un depósito hasta los 2.400 kilómetros, ¿dónde queda la supuesta superioridad del coche eléctrico en eficiencia energética? La respuesta rápida la dan las cifras: un coche eléctrico medio homologa entre 400 y 600 kilómetros de autonomía, y muchos conductores reales no llegan a 350 km sin recargar. La infraestructura de carga, además, sigue siendo un lastre para viajes largos.

No obstante, conviene leer el dato con matices. El Passat de Elias circulaba a 74 km/h por carreteras despejadas, con condiciones climáticas favorables y un conductor experto en hipermiling. En tráfico denso, con frío extremo o con un uso cotidiano, el consumo se habría disparado. Y el diésel, aunque eficiente, emite partículas y NOx que la normativa Euro 7 y las zonas de bajas emisiones quieren erradicar.

2400 km deposito diesel

Pero el impacto empresarial del dato es potente. Los fabricantes germanos todavía venden vehículos diésel en volumen, aunque la cuota baja año tras año. Esta hazaña alimenta un discurso que algunos defensores de la tecnología térmica llevan tiempo agitando: el diésel no está muerto, simplemente se está desaprovechando su potencial real. Para marcas como Volkswagen, que arrastra el escándalo del ‘Dieselgate’, cualquier récord de eficiencia con uno de sus antiguos modelos es un arma de doble filo.

Desde esta redacción creemos que la proeza de Elias no es un argumento contra la electrificación, sino un recordatorio de que la transición energética no será binaria. La eficiencia extrema del diésel puede tener hueco en nichos donde la recarga eléctrica no sea viable, como el transporte de larga distancia, siempre que se controlen las emisiones contaminantes. Pero generalizar ese rendimiento a la flota real es, por ahora, un espejismo.


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