La AIE alerta: las reservas de petróleo caen 250 millones de barriles y se encaminan a mínimos históricos

Los inventarios mundiales cayeron 250 millones de barriles entre marzo y mayo. La llegada del pico de demanda estival, con olas de calor extremas, abre un escenario de presión sobre los precios de los carburantes en España.

La AIE avisa: 250 millones de barriles de crudo se han evaporado de las reservas globales entre marzo y mayo.

La Agencia Internacional de la Energía alerta de que los mercados mundiales de petróleo podrían entrar en una ‘zona roja’ en julio y agosto. La demanda de combustible alcanza su pico estival en el hemisferio norte, y las olas de calor extremas que ya se están registrando tensionan las redes eléctricas, lo que dispara el consumo de derivados del petróleo.

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La propia AIE cifra en más de 250 millones de barriles el desplome de las existencias entre marzo y mayo. Las reservas comerciales en tierra y los depósitos estratégicos se encuentran en niveles que no se veían desde hace años, una tendencia que apunta directamente a mínimos históricos.

Reservas de petróleo en mínimos: las cifras del desabastecimiento

Según el organismo con sede en París, los inventarios mundiales de crudo han sufrido una contracción de 250 millones de barriles en apenas tres meses. Es una cifra que supera con creces la media histórica de esta época. La velocidad de la caída no tiene precedentes recientes y coloca a los mercados en una situación de vulnerabilidad extrema ante cualquier interrupción del suministro.

La nota de la AIE habla abiertamente de ‘zona roja’ para los meses de julio y agosto de 2026. El motivo no es otro que la confluencia del tirón de la demanda veraniega, el incremento del consumo eléctrico por el calor sofocante —que obliga a quemar más fueloil y gas— y una capacidad de producción que, en varios países, no termina de arrancar al ritmo necesario.

Este desplome no es casual. La OPEP+ ha mantenido recortes de producción más profundos de lo esperado, y las tensiones geopolíticas en Oriente Medio y el Mar Rojo están complicando los flujos comerciales. A eso se suma una primavera boreal inusualmente calurosa que ha adelantado la temporada alta de consumo energético.

La velocidad a la que se están vaciando los depósitos de crudo no tiene parangón en los últimos quince años.

Impacto en España: gasolina, diésel y el precio de la luz

España, que importa cerca del 80% de su crudo, se expone a un doble golpe: el encarecimiento de la materia prima en los mercados internacionales y la presión sobre los márgenes de refino durante el verano. Las vacaciones de agosto y la operación salida multiplican el consumo de gasolina y diésel, justo cuando los inventarios están más ajustados.

Traducido al bolsillo de los consumidores: la gasolina 95 podría superar los 2,10 euros por litro en estaciones de servicio de zonas turísticas, según analistas consultados por esta redacción, que manejan previsiones en ese rango si el Brent se instala por encima de los 95 dólares. El diésel, aún más demandado por el transporte, escalaría de forma similar.

El encarecimiento también llegará a la factura de la luz. Las olas de calor que ya azotan la península disparan la demanda de refrigeración y fuerzan a las centrales de ciclo combinado —que queman gas, estrechamente vinculado al precio del crudo en los mercados mayoristas— a operar a pleno rendimiento. El resultado: una nueva escalada del precio mayorista de la electricidad en pleno verano.

La escasez de crudo se traducirá en un verano más caro, y no solo en el surtidor.

¿Crisis energética controlada o prólogo de un verano volátil?

Mirando en perspectiva, el pulso entre oferta y demanda que describe la AIE recuerda a los prolegómenos de la crisis de 2008, cuando los precios se desbocaron hasta los 147 dólares por barril. Es verdad que las economías son hoy más eficientes y las renovables han ganado cuota, pero el petróleo sigue siendo el pilar del transporte mundial y de buena parte de la industria.

Los analistas de la propia agencia matizan que hay factores que podrían aliviar la presión: una liberación coordinada de reservas estratégicas de crudo por parte de los países consumidores, un aumento de la producción de esquisto en Estados Unidos o un giro en la política de la OPEP+. Sin embargo, ninguno de esos escenarios está confirmado.

En mi opinión el mercado está subvalorando el riesgo de un shock de oferta en plena temporada estival. Las tensiones geopolíticas, los cortes de mantenimiento de refinerías en Asia y la debilidad del euro frente al dólar —que encarece las importaciones— se combinan en un cóctel que puede llevarse por delante las previsiones más optimistas.

La AIE señala julio y agosto como los meses críticos. Para España, con un parque automovilístico muy dependiente de los combustibles fósiles y una industria turística que mueve millones de desplazamientos, la factura será inevitable. Solo una gestión ágil de los inventarios y, tal vez, una dosis de suerte con el clima, podrán evitar que este verano quede marcado en la memoria de los consumidores por los precios en el surtidor.


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