Ferrari presentó el Luce y la reacción de los mercados fue inmediata y contundente: las acciones de la marca se desplomaron más de un 8% en dos sesiones, mientras las cotizaciones de los Ferrari clásicos se disparaban en las subastas online. El primer superdeportivo eléctrico de Maranello, con un precio de partida de 500.000 euros, ha puesto en guardia a inversores y coleccionistas sobre hacia dónde quiere ir la compañía.
El precio de la decepción eléctrica
El Luce llega con cifras de infarto: 1.200 CV, aceleración de 0 a 100 km/h en menos de dos segundos y una autonomía de 450 kilómetros. Sin embargo, los analistas de Bernstein recortaron su recomendación sobre Ferrari de «comprar» a «mantener» tras el evento de presentación, señalando que el modelo eléctrico diluye el ADN de exclusividad y pasión por el motor de combustión que ha sostenido la valoración de la marca durante décadas.
La bolsa lo reflejó con crudeza. Las acciones de Ferrari cerraron la semana con una pérdida acumulada del 8,2%, arrastrando a otros fabricantes de lujo como Aston Martin o Maserati. No ayudó que, durante la presentación, el Luce circulara en completo silencio, algo que generó un aluvión de comentarios en redes sociales criticando la falta de «alma» del modelo.
Los clásicos se revalorizan como refugio
En paralelo, las plataformas de subastas de vehículos históricos registraron un interés inusitado. Según datos de RM Sotheby’s, los Ferrari con motor V12 fabricados entre 1960 y 1980 vieron incrementar su valor medio un 12% en los días posteriores al lanzamiento del Luce, con varios compradores anónimos cerrando operaciones por encima del precio de reserva.
El fenómeno tiene precedentes. Cuando marcas icónicas dan pasos hacia la electrificación, sus modelos más «puros» tienden a revalorizarse como activos refugio. Esta vez, la subida ha sido especialmente rápida, al coincidir con la constatación de que el departamento de desarrollo de Ferrari lleva meses lidiando con problemas de suministro de baterías que podrían retrasar la producción del Luce hasta finales de 2027.
Análisis: ¿pierde Ferrari su esencia?
El desplome bursátil tiene una lectura que va más allá de un simple traspié comercial. En mi opinión, el movimiento de los inversores refleja la incertidumbre sobre si Ferrari puede mantener su mítica valoración —actualmente en torno a los 75.000 millones de euros— tras abandonar su seña de identidad más reconocible: el rugido de un motor térmico. La pregunta clave no es si el Luce es un buen coche, sino si será un Ferrari de verdad para los compradores que han elevado la marca al estatus de icono cultural.
La respuesta no la tendremos hasta que lleguen las primeras entregas. Pero de momento, el mercado ya ha tomado partido: quien quiere pasión compra un 250 GTO; quien quiere tecnología, se espera. Y mientras tanto, los títulos de la compañía se desinflan.
El silencio del Luce ha sido más ruidoso que cualquier rugido, despertando la nostalgia de lo que Ferrari nunca debió dejar de ser.
El consejero delegado ha intentado calmar los ánimos insistiendo en que el Luce no sustituirá a los modelos tradicionales, sino que abrirá una nueva gama. Pero la reacción de los coleccionistas más adinerados sugiere que, para ellos, la convivencia no es suficiente. Prefieren comprar coches que no necesitan justificar con argumentos de sostenibilidad. Y eso, a la larga, puede lastrar la imagen de marca.




