El conflicto en Irán no solo ha impulsado al alza los precios del petróleo y del gas, sino que también ha provocado un fuerte encarecimiento de los fertilizantes, con efectos en cadena sobre la producción agrícola y los precios de los alimentos a nivel global.
Irán ha alterado toda la cadena de la producción agrícola
Según sostiene el último informe de J. Safra Sarasin Sustainable AM, firmado por Mali Chivakul, el aumento de los costes energéticos por la guerra de Irán se ha trasladado a los fertilizantes (muchos de los cuales dependen del gas natural) y estos, a su vez, elevan los costes de producción agrícola. A ello se suman los mayores gastos de transporte y logística, también vinculados a la energía.
En este sentido, el informe recuerda que, históricamente, los precios del petróleo y de los alimentos han mostrado una alta correlación. En episodios recientes, como 2021 y 2022, se estima que un aumento del 1% en el precio del petróleo se tradujo en una subida aproximada del 0,4% en el índice mundial de alimentos.
El choque actual se ve amplificado por tensiones en el suministro de fertilizantes. Más allá del impacto al suministro de materias primas para combustibles, el cierre del estrecho de Ormuz y los daños en infraestructuras energéticas han interrumpido exportaciones desde países del Golfo, una región que representa alrededor del 25% de las exportaciones mundiales de fertilizantes nitrogenados, según datos de la FAO. Además, las restricciones en el suministro de gas natural licuado (GNL) están afectando a productores de otros países dependientes de estas importaciones.

El impacto ya se refleja en los precios, de hecho el informe señala que la urea en Oriente Medio ha registrado incrementos de hasta el 80% interanual, mientras que en Estados Unidos el aumento alcanza el 70%. Los futuros se sitúan entre un 34% y un 60% por encima de los niveles previos al conflicto. Este encarecimiento coincide con el inicio de la temporada de siembra en el hemisferio norte, lo que añade presión adicional al sector agrícola.
En los mercados emergentes, la exposición es especialmente elevada. Países como Brasil dependen en gran medida de las importaciones de fertilizantes, lo que reduce los márgenes de los productores agrícolas en un contexto de costes crecientes. Aunque existen sustitutos parciales, como el sulfato de amonio, su disponibilidad también se ha visto limitada por la menor oferta global.
China, por su parte, habría restringido parte de sus exportaciones de fertilizantes, priorizando el abastecimiento interno en un contexto de seguridad alimentaria.
Técnicas Reunidas: el conflicto de Irán pasa de ser un castigo a una oportunidad a largo plazo
El efecto final se traslada al consumo, de hecho en economías donde el gasto en alimentación tiene un peso elevado dentro de la cesta de consumo, el aumento de precios erosiona directamente la renta disponible de los hogares. El informe destaca que los países con mayor peso del sector agrícola y mayor proporción de gasto alimentario son los más vulnerables a este shock.
Entre ellos, India aparece como uno de los más expuestos, con un sector agrícola que representa aproximadamente el 42% del empleo y el 18% del PIB. El aumento de costes complica, además, su proceso de consolidación fiscal y se suma a las tensiones derivadas de la escasez energética.
Filipinas y Tailandia también figuran entre las economías más afectadas, al combinar alta dependencia de importaciones energéticas y de fertilizantes con un peso relevante del empleo agrícola. En el caso de Tailandia, el encarecimiento de la energía y la ralentización del turismo podrían neutralizar el superávit por cuenta corriente previsto para 2026. El informe advierte además de un posible impacto retardado en los precios de los alimentos, que suele materializarse con un desfase de varios meses tras la subida de los fertilizantes, lo que añadiría presión a la deuda de los hogares y a las cuentas públicas.

En este contexto, las divisas de estos países (como la rupia india, el peso filipino y el baht tailandés) se encuentran entre las de peor comportamiento entre los mercados emergentes desde el inicio del conflicto, una tendencia que, según el informe, podría mantenerse si persisten las tensiones geopolíticas y energéticas.
En definitiva, la crisis de Irán ha afectado a la cesta de la compra ya que no solo afecta a lo que puede llegar a costar repostar un vehículo, sino al precio de la cesta de la compra debido a su impacto directo en el precio de los fertilizantes.




