La UE limita al 40% la dependencia de China en coches eléctricos

El déficit comercial con China alcanza 1.000 millones diarios, con la industria automotriz como principal afectada. Los fabricantes tendrán que diversificar proveedores y España se juega su posición como segundo productor europeo.

El déficit comercial de la Unión Europea con China alcanza los 1.000 millones de euros diarios y la industria automotriz es una de las principales víctimas. Para frenar la creciente dependencia de China en la cadena de suministro del coche eléctrico, Bruselas prepara una nueva vuelta de tuerca: limitar al 40 % la proporción de componentes que un fabricante puede comprar a un solo país.

Claves de la operación

  • Límite del 30-40 % a los componentes de un mismo país. La propuesta obligaría a los fabricantes de automóviles, maquinaria industrial y sector químico a diversificar proveedores. Para los coches eléctricos supondría, en la práctica, reducir de forma drástica la presencia de piezas chinas.
  • España, segundo productor europeo, importa componentes por 16.893 millones de euros. El déficit en la balanza de componentes asciende a 5.000 millones anuales, según Anfac, y China gana peso como origen de esas compras. La medida puede alterar la configuración actual de las plantas en nuestro país.
  • La dependencia ya ha provocado paros productivos. El verano pasado, las restricciones chinas a la exportación de tierras raras para imanes de motores y la crisis de los semiconductores de Nexperia mostraron la fragilidad de las cadenas europeas incluso en piezas auxiliares.

El pulso por la soberanía industrial europea

La iniciativa, adelantada por el Financial Times, parte de dos altos funcionarios de la Unión Europea familiarizados con el proyecto. El objetivo es que ningún país, y en la práctica eso significa China, acapare más del 30-40 % de los componentes de un producto fabricado en territorio comunitario. La idea es forzar a los fabricantes a que cada coche tenga piezas de, al menos, tres proveedores de tres países distintos. Aunque el texto aún no es definitivo, la dirección es clara: construir una muralla frente a la dependencia que, según las propias fuentes europeas, «se ha vuelto gradualmente insostenible».

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El déficit comercial con el gigante asiático ronda los 1.000 millones de euros diarios, una cifra que lleva dos años flotando en los debates de Bruselas. La industria automotriz explica una parte sustancial de ese agujero. Por eso, a los aranceles que ya se aplican a los coches eléctricos importados de China, la Comisión suma ahora una herramienta de política industrial que ataca directamente la estructura de costes de los fabricantes europeos.

Europa ya no teme tanto el coche chino como el imán, el chip y la batería que lo hacen funcionar.

España, en la primera línea del tablero

Como segundo mayor productor de automóviles de Europa, España siente el impacto de la dependencia de forma especialmente aguda. Las fábricas españolas importan componentes por valor de 16.893 millones de euros, mientras que las exportaciones del sector se quedan en 11.525 millones, según los datos de Anfac. El déficit anual en la balanza de componentes supera los 5.000 millones y, aunque no hay estadísticas oficiales sobre el origen exacto de cada pieza, consta que el 9,2 % de los coches vendidos en España con origen externo llegaron el año pasado desde China.

Ese flujo es asimétrico: China no figura entre los diez países a los que más coches exportamos. Mientras el país asiático nos vende vehículos por casi 2.700 millones de euros, las exportaciones españolas a toda Asia apenas suman 658 millones. En el tejido auxiliar, la presencia china ha crecido con fuerza en los últimos años y los analistas de BBVA ya advertían en 2024 de que el mayor peso de los componentes importados resta competitividad a las exportaciones españolas de vehículos.

componentes automoción

¿Llega tarde la UE a la batalla comercial?

La sensación en Bruselas es ambivalente. Por un lado, los aranceles a los coches eléctricos chinos han servido para contener la avalancha de importaciones. Por otro, la estrategia de Pekín ha sido más sutil: producir en Europa o, directamente, vender componentes baratos que acaban dentro de vehículos ensamblados aquí. La dependencia se ha filtrado por debajo del capó, en semiconductores, baterías y sistemas auxiliares como los elevalunas, que sin ser tecnológicos son indispensables para que un coche se venda.

China, que necesita nuestro mercado para dar salida a una capacidad de producción excedentaria, también depende de Europa. De ahí que las negociaciones para suavizar los aranceles a los eléctricos sigan abiertas. Pero la propuesta de limitar los componentes añade una nueva capa de fricción, justo en un momento en el que la transición verde europea se juega buena parte de su credibilidad.

La transformación del motor: España ante la encrucijada eléctrica

La historia reciente de la industria automovilística española es la de un salto desde el ensamblaje local hacia la exportación masiva. Durante décadas, la llegada de inversión extranjera y la especialización en vehículos de combustión convirtieron al país en una potencia fabril. Ahora, el giro al coche eléctrico vuelve a cambiar las reglas. El dominio chino de la cadena de suministro de baterías y semiconductores de potencia amenaza con convertir aquel modelo de éxito en un nuevo vector de vulnerabilidad. Si no se desarrolla una base propia de proveedores, la cuota exportadora podría resentirse.

Las medidas europeas de fomento de la minería de minerales críticos dentro del continente o los proyectos de gigafactorías de baterías intentan paliar ese riesgo. Sin embargo, la realidad de los datos es tozuda: la mayoría de los fabricantes aún depende de insumos chinos para mantener los costes bajo control. La propuesta del límite del 40 % supone un terremoto silencioso para las cadenas de producción, que tendrán que renegociar contratos y redibujar mapas logísticos en plazos que, de momento, Bruselas no ha concretado.

La gran incógnita es si la UE será capaz de imponer esa disciplina sin frenar la competitividad de sus propios fabricantes. El tiempo corre en contra y, mientras se discuten los detalles, China sigue ganando terreno como el principal exportador de coches a Europa y como proveedor indispensable de piezas. La próxima ronda de contactos comerciales entre Bruselas y Pekín será determinante, sobre todo si se cruza con la revisión de los aranceles actuales. Entretanto, la industria española observa con la certeza de que cualquier restricción a los componentes la afectará de lleno.


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