Pablo Benjumeda y Juan Peña en el avión CN-235

Desde el aire ejercen labores de búsqueda, rescate y control de la contaminación marina. Con un satélite como complemento a la vista aérea inspeccionan el Mediterráneo en busca de delitos medioambientales en el mar. Un punto geográfico muy necesitado de vigilancia, ya que el Estrecho de Gibraltar es el punto con más tráfico marítimo del mundo. 

Se trata de Juan Peña y Pablo Benjumeda, trabajan en Salvamento Marítimo en un avión de vigilancia desde hace una década.  Juan es oceanógrafo y Pablo ingeniero industrial. Ambos cursaron el máster en teledetección de la Universidad de Valencia, orientado a la observación de la Tierra con satélites. “¿Por qué no utilizar satélites para complementar la labor en el avión?”, ésta fue la cuestión que se plantearon los galardonados con el premio Salvamento Marítimo 2018. Esta implementación permite aumentar la frecuencia de vigilancia de las aguas y por lo tanto, una  mayor precisión en el ejercicio de su trabajo. 

Juan Peña
Juan Peña en el puesto de control

Utilizan imágenes gratuitas de la Agencia Espacial Europea y de la NASA. Además de Inteligencia Artificial para el procesado de las imágenes, detección de manchas en el mar más rápidamente y por supuesto, discriminar machas de contaminación de otros fenómenos naturales. 

“Los satélites trabajan sin descanso, son nuestros ojos en el espacio y trascienden todas las barreras humanas”, apunta Juan Peña. A veces, esos ojos detectan al barco in fraganti. Cuando sucede esto, se iniciaría un proceso de investigación interno, aunque debe evidenciarse que, efectivamente, es una sustancia contaminante. Con todas las pruebas se elabora un informe, que revisa el Centro de Control de Salvamento, para elaborar otro posterior más ampliado. La Dirección General de la Marina Mercante, que es el organismo con capacidad sancionadora. 

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Las sanciones varían en función de la cantidad de sustancia vertida y nivel de contaminación de las mismas. Pero existe la posibilidad de inmovilizar al barco en puerto, hacerle una inspección y fijar una fianza para poder volver a navegar. Señala Juan Peña que este tipo de fianzas suelen ser muy elevadas, en torno a 600.000 euros. A parte de eso, se celebra un juicio en el que se establece la sanción que dependerá de los factores mencionados, cantidad y toxicidad.

Muchos de los barcos cometen el delito con nocturnidad. Lo que ocurre es que durante el día, además del propio avión de Salvamento Marítimo, el CN-235 -fabricado en Sevilla- otros cuerpos como el Ejército o Guardia Civil, reportan manchas en el mar. Incluso, alguna vez, aviones comerciales, apunta Peña. Sin embargo, los sensores que incluye el avión y los que llevan los satélites son capaces de detectar de día y de noche. 

Los barcos, cuando llegan a puerto, tienen que hacer el servicio MARPOL. Se trata de una normativa a nivel internacional que regula el procesado de todos los desechos del barco potencialmente contaminantes, entre ellos desechos de las sentinas (depósito de residuos que genera el motor). Cuando los barcos se saltan esta obligación, es por ahorrarse el pago correspondiente en puerto por deshacerse de las sustancias.

Vertido ilegal
Barco mercante realizando una descarga ilegal cerca de la costa de Cartagena

La mayoría del tráfico marítimo entre Europa y Asia es de aceite de oliva, de palma o de soja, muy utilizados en alimentación, comenta Juan Peña. Y lo que ocurre es que estos barcos después de descargar y antes de salir del puerto, limpian sus tanques con agua caliente y los residuos, mezcla de aceite vegetal y agua, los vierten el mar, concluye. Algo que es ilegal a menos 12 millas de la costa, y en general, cualquier vertido a menos de esta distancia.

EL RESCATE, UNA DE SUS PRIORIDADES

Un velero perdido, un piragüista o una patera son objeto de búsqueda con el avión de Salvamento. Reciben la alerta y comienza el rastreo. Cuando se encuentra el objetivo, la posición se reporta al centro de control de Salvamento, mientras ellos orbitan hasta que llega un medio de superficie, habitualmente un barco, comenta Juan Peña, y presta auxilio.

Según el informe anual de Salvamento Marítimo, que recoge datos del 2017, fueron 598 expedientes medioambientales los que se abrieron. En concreto un 44% más que los años anteriores, la causa está muy clara, y es el incremento de superficie vigilada con satélites a 127 km2 . Geográficamente, el 54% de las actuaciones se ubican en el Mediterráneo. Desde Salvamento, aclaran que la variación de datos entre 2017 y 2018 es mínima.

Desafortunadamente, las alertas para el rescate de pateras son muy constantes. Antes, cuenta Juan Peña, el verano era el momento donde se daba un pico de actividad por las pateras, pero ahora incluso en enero es muy habitual. Y el verano, por su parte, es una época muy habitual de avisos de embarcaciones recreativas.

“Contribuir con nuestro granito de arena, con la experiencia adquirida trabajando aquí, a cuidar del mar y los océanos que son la fuente de la vida en la tierra”, explica el tripulante de Salvamento Marítimo, Juan Peña. Hay que dar visibilidad al problema y sobre todo, cuantificarlo, porque es muy difícil medir la contaminación por hidrocarburos en el mar, explica.

PREMIO SALVAMENTO MARÍTIMO 2018

El premio Salvamento Marítimo 2018 que recibieron “a la mejor iniciativa por unos mares limpios” está estrechamente relacionado con la startup de la que Pablo y Juan son co-fundadores, Orbital EOS. En colaboración con la Universidad de Valencia y en el marco del máster en teledirección que ambos cursaron descubrieron el potencial del proyecto galardonado. 

“Utilizar la tecnologia espacial para cuidar del océano”, éste es el objeto de su trabajo, y por lo tanto de su startup. Su producto es la información, una información que puede ser muy beneficiosa en medio de esta crisis medioambiental que estamos viviendo.