El PP catalán navega entre dos aguas. Hablamos de encuestas, por supuesto, y ningún análisis puede ser certero hasta que no conozcamos los resultados del próximo día 21 de diciembre. Pero a medida que avanza la precampaña y, ahora ya, la campaña, lejos de mejorar, la tendencia de voto del PP empeora sin que nada ni nadie pueda remediarlo, y a este paso puede convertirse en un partido marginal, irrelevante, con visos de desaparecer en un horizonte próximo.

Y el problema fundamental es que el PP, como decía, es un barco a la deriva que navega entre dos aguas sin ser capaz de definirse por ninguna de ellas. Es más, probablemente ya sea tarde para intentarlo porque cualquier discurso que haga ya tiene otro partido con mucha más autoridad para hacerlo que ellos mismos. Y no es porque Xabier García Albiol no le ponga voluntad, que se la pone. No es un problema de candidato. Es un problema de siglas.

Unas siglas que en Cataluña han pasado a ocupar el lugar del repudio en el escaparate político de aquella comunidad. Por un lado Ciudadanos -con una eficacísima Inés Arrimadas cuya carrera política puede verse lanzada al estrellato el próximo día 21, y con más razón si encima gana las elecciones-, que le ha robado el discurso unionista, un discurso que es creíble en boca de los dirigentes naranjas, y no lo es en boca de los dirigentes ‘populares’.

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Y por otro lado el PSC, con otro dirigente político, Miquel Iceta, que se ha demostrado igualmente eficaz para sumar en torno a su candidatura al nacionalismo moderado, la antigua Unió, lo que siempre soñó el PP en los tiempos de Josep Piqué, primero, y Alicia Sánchez Camacho, después. Tampoco ahora ese discurso es creíble en boca de quienes han aplicado el 155. Luego el PP se encuentra muy lejos de los dos electorados que añora.

Y es que encima, en Cataluña, la marca PP es vista como el símbolo de la corrupción y de la mala gestión de la crisis económica, y no va a poder quitarse ese estigma de encima en mucho tiempo. Los ‘populares’ sufren castigo de su propio electorado en todas las direcciones, porque los errores que ha cometido en la gestión de la crisis catalana han sido enormes, y no solo no ha sabido aprovechar el 155, sino que encima haberlo aplicado le ha dado más fuerza a Ciudadanos.

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