«Renacer» es la historia de unas mentiras, de un héroe inesperado y de unas segundas oportunidades. La serie turca ha convencido a millones de personas con su argumento intenso, sus personajes muy bien caracterizados y sus giros del relato que dejan al espectador en el aire. Esta semana, el capítulo más sorprendente hasta el momento ha dado la razón de que con respecto a los propios errores nadie queda a salvo.
Bahar, una mujer renacida de sus propios restos, se convierte en el centro de una tormenta mediática al salvar a Efe, su amigo, de una operación de alto riesgo. Por otro lado, Evren, el hombre que ha robado su corazón, se hunde en una espiral de adicción y engaños que amenazan la carrera y su relación con Bahar. ¿Hasta dónde llegará la mentira antes de que todo explote?
DE LA SOMBRA AL ESTRELLATO

La existencia de Bahar en Renacer ha sido una contienda incesante contra las expectativas que le ha ido imponiendo el entorno. Durante un largo período de tiempo, ella se aplicó en cuerpo y alma a su familia, mientras que sus aspiraciones las guardó en un segundo plano. El contratiempo vino a ser que, cuando la enfermedad destrozó su mundo, ella se descubrió una fuerza que ni siquiera sabía que poseía; el propio hecho de estar en el quirófano le propocionó esa misma fuerza que la hace parecer una heroína.
Bahar se acomoda a la indicación de Evren, e incluso logra mostrar una indisciplina muy propia y una determinación en el desempeño que sorprende de todos. «No fue su título en medicina el que salvó a Efe sino su instinto», dice una enfermera en los pasillos del hospital. Pero su éxito profesional se ve manchado por las desgracias personales: Evren, el hombre al que ama, la ha engañado.
La viralidad de su hazaña tampoco es casual: Timur, su exmarido y director del hospital, pone en marcha una campaña para convertirla en la cara de la salvación, y es que también es cierto que quiere desviar el foco de atención del escándalo de Evren. «No quiero ser un títere», le lanza Bahar a Timur pero a la vez conviene indicar que su imagen hace mucho que ha traspasado las paredes del hospital.
Por otro lado, su influencia aumenta, los residentes más jóvenes están buscando cómo emularla incluso Rengin que ha sido su competidora eterna termina pidiendo su ayuda y Bahar ha dejado de ser la mujer invisible para que le hagan caso y ha llegado a ser un símbolo de resistencia, pero ¿a qué precio?
EVREN, LA MENTIRA QUE LO CONSUME

Detrás un médico estelar en Renacer, hay un ser humano tremendamente descompuesto. Evren ha estado adulterando el valor de sus análisis médicos en el intento de ocultar lo que en él ha llegado a ser una adicción a la medicación, pero su cuerpo ha llegado a un límite fragilísimo. «No soy un adicto», reafirma, para un análisis toxicológico que no engaña. Su desastre en el quirófano no fue un accidente, sino el producto de un peligroso proceder de automedicación.
Timur, pese a la ira, intenta protegerlo. Sabe que la única salida es que Evren abandone, de lo que a su vez se generará un escándalo. «No puedes huir. Eso sería aceptar. Que se te culpabilice de cargar en la conciencia con lo que podría ser un asesinato», le recuerda. Pero todo se complica cuando Cemre, una residente con sus propios intereses, filtra la noticia a la prensa. De la noche a la mañana, Evren no es el médico elogiado, sino un incontrolable terremoto institucional.
Lo más doloroso, sin embargo, es la mirada de Bahar. Bahar, que lo defendía, pese a que todos llegasen a dudar, empieza a ver confirmada su amenaza en esbozo. «¿Cómo pudiste jugar con la vida de tus pacientes?», le reprocha, con una mirada en sus ojos aguada. Y Evren, incapaz de atinar una contestación, escoge el camino más ruinoso, es decir, alejarse, aunque no lo hace por vergüenza. Lo hace por algo mucho más respondido.
El hecho de que sus resultados toxicológicos sean conocidos por la televisión le deja sin escapatotoria. La prensa le señala, los pacientes desconfían y la dirección del hospital empieza a discutir sobre su despido. «He perdido todo por no pedir ayuda», dice en un momento de posesión de sí mismo, pero ya es demasiado tarde.
Su adicción va más allá de la física, forma parte de la emocional. Evren no tiene miedo a las pastillas, tiene miedo a sus fantasmas. Cuando Bahar le extiende la mano, él la niega, convencido de que no cabe la redención.
El último clavo en su ataúd profesional lo ha puesto Cem, el muchacho a quien un día protegió. Ahora el chico lo señala públicamente como un impostor. Evren, batido, se da cuenta de que ha tocado fondo, aunque, ¿tendrá la energía suficiente como para volverse a levantar?
RENGIN Y TIMUR EN RENACER

Mientras Bahar y Evren se desploman, Rengin y Timur se contienen en su pequeño conflicto. Ella, dominada por los celos y la desconfianza, quiebra su propio hogar, llena de rabia. «Ya no aguanto más tus mentiras», le grita antes de que él la eche. Lo que no sabe es que su mayor enemiga no es la amante, sino su propia inseguridad.
En contra de toda lógica, Bahar, la cual nunca ha tenido una amistad con Rengin e incluso había llegado a convertirse en su enemiga, acude en ayuda de esta última. A pesar del pasado tan reciente de ellas, Bahar no puede dejar que Rengin se hunda en el alcohol y la desesperación. «A veces la persona que más te ha hecho daño es únicamente la que te entiende», le dice a Rengin mientras la abraza. A la vez que Bahar consuela a su ex-némesis, Timur busca el refugio en Efsun.
A pesar de que ella hace todo lo posible por resistirlo, parece que entre ellos hay una evolución. «No quiero ser otra más de tus muchas conquistas», le dice Efsun, pero sus ojos, sin embargo, dicen lo contrario. ¿Se está empezando a gestar un nuevo romance entre ambos o bien se encuentran ante una vez más de las muchas trampas emocionales que «Renacer» esconde?
Después de su crisis, Rengin ha tomado una decisión drástica y le devuelve a Timur el anillo de matrimonio que gastó en su día; así da por finalizada su relación con él: «Tengo que saber encontrarme a mí misma antes de poder amar a una persona», dice de una forma tan tranquila que sorprende al grupo.
Timur, por su parte, está entre el alivio y el remordimiento. Efsun parece ser su tabla de salvación, pero su fama de ligón lo persigue. «¿De verdad puedo cambiar?», se pregunta al mismo tiempo que el plano desenfoca su imagen reflejada en el espejo, visual que se debate entre dos versiones de sí mismo.








































































































