Sueños de Libertad regresa con un capítulo lleno de tensiones, decisiones arriesgadas y movimientos estratégicos que prometen cambiar el rumbo de muchos personajes. La sombra del poder de Don Pedro parece cubrir a todos, pero algunos ya están hace tiempo fuera del juego. El capítulo 340 de la serie va así de amenazas sutiles a alianzas forjadas en las sombras, hasta establecer un tablero de intrigas en el que nadie parece a salvo. Gabriel, Pelayo, Luis y María se convierten en piezas del juego donde la lealtad no tiene cabida y la lucha por la supervivencia es incesante.
DON PEDRO Y GABRIEL EN SUEÑOS DE LIBERTAD

El enfrentamiento de Gabriel y Don Pedro llega a un límite en este capítulo de Sueños de Libertad. El joven abogado hace uso de toda su elocuencia para convencer al patriarca para que la inclusión de Gabriel sería una ganancia para todos, pero Don Pedro no se amilana. Con el más helado de los fríos, el empresario deja claro que no desea que él se eleve, y apena rechaza su inclusión: es una cuestión de control.
Sin embargo, lo que más puede llamar la atención ya comienza después. Tras una llamada de María, Pedro le ordena a Irene que sondee a los miembros de la junta, dejando ver que la decisión de la junta no necesariamente está ya tomada. Lo más peculiar, sin embargo, es que, en un arrebato delirante, Pedro acepta la inclusión del abogado sin pedir el voto, pero Damián, mientras celebra, no se da cuenta de que su sobrino todavía sigue urdiendo en contra de él.
El episodio culmina con la pregunta abierta que ya se anticipaba al verbo: ¿Gabriel está fortaleciéndose o está siendo manipulado por instancias más poderosas? La conversación que tuvo con María con la amenaza de convertirla en su aliada ya deja claro que su ambición no tiene límite, ni tampoco le detiene ninguno de sus escrúpulos. Sin embargo, si hay algo que subyace a la simple lógica de que una subtrama y un final, es que hay algo más que lo que parece.
María, dividida entre su propia lealtad a los De la Reina y el temor a Gabriel, puede tornarse en la pieza que haga temblar todo como un castillo de naipes. La rebelión de María acabará en castigo; la obediencia le convertirá en cómplice de su propia interdicción. En esta ocasión, la labor de Irene, como elemento moderador, es de suma importancia. ¿Qué grado de lealtad le mantiene a Don Pedro? ¿O quizás espera el momento de pasarse al otro bando?
Gabriel, en todo caso, ha aprendido rápidamente sus reglas de juego. La particular trampa para Damián avanza con sigilo; un error, sin embargo nimio, puede hacerle caer en una ensalada de sus propias palabras. La confianza es un arma de dos filos, e incluso parece estar dispuesto a usarla contra cualquiera.
AMENAZAS VELADAS

La tensión entre Pelayo y Don Pedro no alcanza la culminación de las disputas en Sueños de Libertad. En el curso de una conversación sugestiva y cargada de insinuaciones, el patriarca simplemente se atreve a advertir a toda costa al político sobre los “peligros” que la carencia de disposición para hacer política supondría para su carrera. No se plantea una advertencia, se emite un ultimátum.
Pelayo, astuto y acorralado, reacciona con rapidez. Desde el justo momento en que la relación se torna peligrosa, asume que su vida privada será utilizada en su contra. Por ello, acude a Marta y le pide la implementación de una solución drástica para acabar con la peligrosidad de este tipo de relaciones. ¿Una reconciliación pública falsa? ¿Algo más radical? La situación resulta tan delicada que incluso la misma Marta, que siempre tiende a ser serena, manifiesta las impaciencias que ronda por métodos tan polémicos.
El mensaje es claro: entre los De la Reina, la vida privada es un mito, todo lo que rodea el ser reputado se convierte en un arma. Este duelo por la inteligencia revela una verdad incómoda: Don Pedro no únicamente gobierna con dinero, lo hace con la información. Y Pelayo, aunque hábil, puede estar jugando una partida que ya está amañada.
Sin embargo, Pelayo no es un adversario cualquiera. Su dilatada experiencia política le ha hecho conocer el lenguaje de los chantajes, pero ahora se juega un peligro en lo personal: no solo puede caer su carrera profesional, sino también toda su familia. Marta, en principio colaboradora, puede que no esté evaluando solamente su propia cooperación. ¿Puede que esté dispuesta a sacrificar su propio estado de felicidad por la ambición de Pelayo?
La otra duda consiste en qué puede llegar a hacer Don Pedro. Sus insinuaciones amenazantes permiten pensar que tiene algunas cartas más en la mano, pero Pelayo no es, sin duda, el único que puede contraatacar. Si las cosas llegan a ser una lucha por la fraternidad y Don Pedro pudiera llegar a orientar su decisión hacia algunos de sus otros enemigos, como por ejemplo Gabriel o Joaquín, la balanza también podría inclinarse. Pero, de momento, todo es silencio, aunque el silencio precedente a la tempestad.
ALIANZAS FRACTURADAS

Si bien quien ostenta la batalla de poder es el hilo conductor del texto y obedece a la trama de los personajes, las rupturas de las relaciones familiares van en clara progresión. La primera gran sorpresa para Gema llega cuando Joaquín la decepciona declinando la asistencia a la cena familiar y fallando así la posibilidad de la reunión familiar.
La decepción de Digna también se hace presente, pero la reacción a la negativa de su hijo de Luis genera mayor inquietud cuando este la rechaza porque desconfía explícitamente de ella y tiene miedo de las consecuencias como consecuencia de la obsesión de su hermano con Don Pedro.
Cristina y Luis, en los continuos dicharachos de la naturaleza, se inspiran para el perfume de Cobeaga, una escena que no podría estar más alejada del clima que inunda el resto del capítulo. Su complicidad profesional (¿y quizás algo más?) cuelga de una cuerda muy fina en medio del abismo, demostrando que nada está perdido para ellos. Pero el giro más oscuro llega con Tasio.
La familia De la Reina sigue separándose. Andrés y Begoña tienen que hacer un esfuerzo por el cuidado de María y, sin embargo, son más distantes que nunca. Damián lo nota; eso sí. Por su parte, Joaquín se convierte en un lobo solitario; su negativa a asistir a la cena no es solo arrogancia: es desconfianza. Si se entera de que ha sido Górriz quien ha saboteado su salida, su siguiente acción podría ser devastadora.
A medida que Tasio investiga, la verdad queda más al descubierto. Luis y Cristina, en ese momento, suponen una luz de esperanza. La salida al campo, más allá de permitirles plantear el perfume, puede significar el inicio de algo más importante. En un mundo de mentiras, su conexión no deja de parecer veraz. Sin embargo, en Sueños de Libertad el amor también puede convertirse en un arma.



































































































