Cada generación estuvo atravesada por sus propios códigos y maneras de relacionarse. Los baby boomers crecieron con la televisión como ventana al mundo, mientras que la generación X se encontró con la revolución tecnológica de los años noventa. Hoy, en pleno siglo XXI, la Generación Z vive rodeada de pantallas y dispositivos, con un lenguaje propio y una manera de vincularse atravesada por lo digital.
Un corazón, una carita sonriente o un simple pulgar arriba pueden transmitir lo que antes requería largas frases. La comunicación ya no se limita a las palabras: los emojis, la mensajería instantánea y, más recientemente, la inteligencia artificial, se convirtieron en los protagonistas de la vida social de los más jóvenes. La transformación de la Generación Z fue analizada por la ciencia, y detrás de cada gesto digital hay un mundo de significados que habla tanto de la intimidad como de los cambios culturales de nuestro tiempo.
Generación Z: La comunicación en tiempos de inmediatez

La Generación Z, que actualmente comprende a los jóvenes entre 12 y 27 años, creció en un contexto marcado por la conectividad permanente. Las redes sociales, los chats y las videollamadas no son herramientas accesorias: forman parte central de su vida. Lo que para sus padres fue una novedad, para ellos es el aire que respiran.
Un estudio publicado en Nature Human Behaviour por la Universidad de Cambridge explica que, pese a las transformaciones digitales, las relaciones humanas se siguen organizando en dimensiones universales: cuidado, autoridad, intercambio y juego. Estos pilares se mantienen constantes, aunque se expresen de manera distinta. El paso de las cartas a los mensajes instantáneos o de las conversaciones cara a cara a las videollamadas no altera la esencia del vínculo, pero sí la forma en que se desarrolla.
La llamada telefónica, símbolo de cercanía durante décadas, hoy pierde protagonismo frente a los mensajes escritos. Investigaciones recientes en Current Psychology y Communication Research Reports señalan que la ansiedad telefónica es cada vez más común entre los jóvenes, quienes prefieren escribir a hablar. Incluso los millennials muestran este patrón, con un 76% reportando niveles de ansiedad al teléfono frente al 40% de los baby boomers.
La Generación Z lleva esta tendencia al extremo: evitan las llamadas incluso en situaciones que requieren diálogo directo, como pedir cita en el médico o resolver un trámite bancario. Para ellos, lo esencial es tener el control del tiempo de respuesta, algo que la comunicación asincrónica permite y la llamada no.
Emojis: el nuevo lenguaje de las emociones

El rostro sonriente, el corazón rojo o el pulgar hacia arriba no son meros adornos: se han convertido en un auténtico lenguaje. Para la Generación Z, los emojis funcionan como sustitutos de la comunicación no verbal, aportando matices que el texto simple no puede transmitir.
Un estudio experimental publicado en Trends in Psychology mostró que los mensajes con emojis se perciben como más satisfactorios y cercanos, independientemente del tipo de símbolo utilizado. Incluso en conversaciones neutrales o negativas, la presencia de un emoji reduce la ambigüedad y mejora la conexión emocional.
Investigadores de la Universidad de Yonsei, en Corea del Sur, confirmaron que el uso frecuente de emojis se asocia con estilos de apego más seguros y niveles más altos de inteligencia emocional, sobre todo en interacciones con amigos y parejas. Las mujeres y los más jóvenes son quienes los emplean con mayor intensidad, reforzando un patrón adaptativo que compensa la ausencia de gestos y tonos en las charlas digitales.
Phubbing: cuando el móvil se interpone en las relaciones

Pero no todo es positivo en este ecosistema digital. El fenómeno del phubbing, que consiste en ignorar a quien está presente para mirar el teléfono, se ha convertido en una fuente de conflicto en las relaciones personales. Para la Generación Z, que convive con el móvil desde la infancia, este hábito puede ser casi automático.
Un trabajo publicado en Nature Human Behaviour en 2024 reveló que la sensación de ser ignorado por el móvil —el “feeling phubbed”— reduce la satisfacción en las relaciones, especialmente entre los hombres, quienes reportan sentirse desplazados por el dispositivo de su pareja.
La Universidad de Gante, en Bélgica, reforzó esta idea en un estudio multimétodo: el phubbing no solo aumenta el conflicto por el uso del smartphone, sino que también impacta en la calidad percibida de la relación. Sin embargo, los investigadores aclaran que el efecto depende de cómo cada pareja negocie y perciba ese uso. No hay un “umbral único” de tiempo frente a la pantalla que deteriore el vínculo, sino diferentes tolerancias según los acuerdos que se establezcan.
La inteligencia artificial como nuevo compañero

La llegada de la inteligencia artificial añade una capa más a este panorama. Para la Generación Z, los chatbots y asistentes virtuales ya no son simples herramientas: pueden convertirse en compañía y hasta en soporte emocional.
Investigaciones recientes en Current Psychology y Nature Human Behaviour aplican la teoría del apego al uso de la IA. Los usuarios, especialmente los más jóvenes, llegan a experimentar un vínculo de proximidad con estas tecnologías, similar al que establecen con humanos. Buscan refugio, atención constante y, sobre todo, la ausencia de juicio.
El problema es que esta cercanía puede derivar en dependencia emocional. La Universidad de Tsukuba, en Japón, desarrolló la escala “Experiences in Human-AI Relationships”, que revela cómo la ansiedad de apego hacia la IA se traduce en la necesidad intensa de recibir respuesta emocional y en la incomodidad ante la ausencia de reciprocidad.
Lo que cambia y lo que permanece en los vínculos humanos

La Generación Z creció con pantallas en las manos, pero la ciencia señala que la esencia de los vínculos humanos no cambia. Las categorías de cuidado, autoridad, intercambio y juego siguen presentes, solo que adoptan formas nuevas. Lo que antes era una carta escrita a mano hoy es un mensaje de WhatsApp; lo que antes era una cita frente a frente hoy puede ser una videollamada.
Lo que sí cambia es la dinámica: la preferencia por la comunicación asincrónica, el uso de emojis como código emocional, la convivencia con el phubbing y la interacción con inteligencias artificiales que ofrecen compañía digital. Estos son los rasgos que definen a una generación z que, sin perder la esencia de lo humano, vive los vínculos a la velocidad de la tecnología.








































































