Los chefs españoles viven cada año un momento decisivo cuando se anuncian las nuevas Estrellas Michelin. Lo que nació en 1900 como una guía para automovilistas terminó convirtiéndose en uno de los sellos culinarios más codiciados del planeta. Hoy, recibir una de estas distinciones coloca a cualquier restaurante dentro de una élite seguida de cerca por miles de aficionados y expertos.
España, referencia mundial en gastronomía, celebra cada incorporación a esa constelación selecta. Y si bien la emoción suele ser difícil de describir, los protagonistas de esta edición lograron poner en palabras lo que significa entrar por primera vez en la guía más influyente del mundo. Dos locales con historia, trabajo y una identidad muy marcada han sido distinguidos con nuevas Estrellas Michelin, un reconocimiento que transforma sus cocinas y también la vida de quienes las sostienen día a día.
Un sueño cumplido en Ycla: tradición bodeguera y una mesa que sorprende
En el caso de Baraonda, la emoción llegó multiplicada. El restaurante, nacido dentro del histórico proyecto de Bodegas Barahonda, encontró en la creatividad del chef Alejandro Ibáñez el camino directo hacia sus primeras Estrellas Michelin. Su propuesta parte de una cocina murciana profundamente ligada al territorio, reinterpretada desde una mirada actual y sustentada en productos de su propia huerta. Esa combinación, sincera y audaz, fue suficiente para captar la atención de los inspectores.
Para los hermanos Alfredo y Carmen Candela, herederos de una tradición vitivinícola de cuatro generaciones, la noticia fue tan inesperada como conmovedora. La guía los reconoció en un año ya especial para la familia, marcado por el centenario de su bodega. El restaurante, que comenzó como un comedor para visitantes, evolucionó hasta convertirse en una experiencia completa de enoturismo, donde cada plato dialoga de forma natural con sus vinos. El logro de las Estrellas Michelin marcó un antes y un después, no solo por el prestigio, sino por la avalancha de reservas y la proyección internacional que implica.
La cocina de Ibáñez destaca por su capacidad para sorprender sin perder identidad. Platos tradicionales como las gachamigas o el chato murciano aparecen transformados, pero conservan un sabor que remite a la memoria colectiva. Esa reinterpretación, presentada con sutileza y creatividad, define el espíritu del restaurante y el sentido de sus nuevas Estrellas Michelin.
Nuevas Estrellas Michelin: Recomiendo y la cocina que juega con los recuerdos

El segundo gran reconocimiento de esta edición fue para el restaurante Recomiendo, en Córdoba, donde Perico Ortega ha construido un lenguaje propio. Allí, la modernidad no compite con la tradición, sino que la reimagina. Su cocina, basada en recuerdos familiares y productos de cercanía, conecta con los comensales desde la emoción, sin perder técnica ni precisión. Esta mirada personal terminó convenciendo a la guía, que le otorgó otras de las ansiadas Estrellas Michelin.
Ortega, que lleva más de dos décadas en los fogones, define su propuesta como una cocina de memoria y juego. Platos emblemáticos como su mazamorra –ya en su versión número 62– revelan ese espíritu inquieto que no renuncia a lo esencial. La llegada de las Estrellas Michelin multiplicó reservas, entrevistas y atención mediática, aunque el chef insiste en que su objetivo sigue siendo el mismo: sorprender, emocionar y honrar la tradición andaluza desde una perspectiva actual.
Ambos reconocimientos confirman el extraordinario momento que vive la gastronomía española. Las nuevas Estrellas Michelin no solo celebran el talento individual, sino también la fuerza de dos territorios que siguen ampliando los límites de la creatividad culinaria.














































