Susana Díaz
Susana Díaz ha sido la gran perdedora de las elecciones frente a Pablo Casado.

Ha ganado Pablo. Casado, no el otro. Descarto quitar mérito a ninguno de los candidatos andaluces del centro y la derecha. Ni a Juanma Moreno ni a Juan Marín ni al candidato de Vox. Ni a Santi Abascal, que ha hecho una campaña exitosa y sorprendente, de forma inesperada. Pero el que se la jugaba era Pablo Casado Blanco.

Le esperaba todo el mundo para abalanzarse sobre una posible pérdida de cualquier posición. Si pasaba a tercera fuerza, le harían responsable a él; si sacaba Vox diputados que fueran parejos a los que el PP dejaba en la lucha estaban dispuestos a cortarle un traje a medida por derechizar al PP; si Susana le sacaba mucha distancia al PP sería culpa de Pablo porque no sería un sólido líder… Cualquier cosa contra Pablo. No contaban con Pablo. Lo hemos comentado toda la campaña varios workaholic amigos habituales: Casado ha sido de una ubicuidad de ciencia ficción. Cinco o seis actos al día y habría que sumarle almuerzos y cenas con prensa y sociedad civil. Un crack.

Susana y Teresa Rodríguez han sufrido un fracaso estrepitoso. Entre ambas han perdido un 13% casi a partes iguales y más de manera relativa la candidata de Podemos. La izquierda andaluza padece un agotamiento letal. Si el nuevo gobierno actúa con inteligencia, desmonta la red clientelar del PSOE, una lectura inteligente de los resultados, un reparto de papeles, una actuación rotunda y vivaz, el desarrollo de una empatía con los electores que han votado a cada cual, la reparación del despilfarro, la desaparición de las subvenciones caprichosas, la educación y la sanidad mejor administradas y no despilfarradas, condicionadas y manipuladas en función de bastardos intereses, la protección del Medio Ambiente que no genere un ministro acusado de mangas y capirotes ni un Hotel destructor de la costa, el impulso de las cualidades empresariales históricas secuestradas por el interés egoísta-partidista del socialismo y la defensa de lo andaluz como parte esencial de lo español y de lo español que se mira en el eterno andaluz, ese centroderecha andaluz será la solución. Y no solo esta legislatura.

Ha ganado Pablo. Alguien ha leído mal las elecciones que se han sucedido en las casi tres décadas de la Caída del Muro. La socialdemocracia está moribunda, el centro político no es único, se disocia en varios planos, como un Matrix socioelectoral. Todo el escenario, los escenarios, se disocian, se multiplican. Hay que tener la capacidad, la voluntad y la decisión de Pablo Casado para entenderlo y tener el éxito necesario en el panorama cambiante. La izquierda se enrosca, se enroca en sus viejas pasiones intervencionistas y antiliberales (antipersonales) y sin embargo  el centroderecha experimenta. Y en esa disposición de los asuntos tan complicada Pablo Casado gana. Reconozcamos que tiene muchísimo mérito.

Ahora Sánchez, a estas horas de la madrugada mientras escribo, Sánchez estará deglutiendo y asimilando está derrota en la que él y sus peripecias tienen mucho que ver. Andalucía tiene una estructura socioelectoral favorable a la izquierda. El centroderecha ha sido muchas veces muy torpe. Son dos datos, no dos opiniones. Sin embargo los pactos conocidos y desconocidos de Pedro Sánchez para mantener su capricho presidencial han resultado absolutamente esenciales para el éxito del centroderecha. Este resultado es únicamente aplicable a su frivolidad, sus contradicciones, su resurrección del guerracivilismo, sus acuerdos con el independentismo, sus muecas políticas exageradas… Todo eso ha sido parte de la victoria del centroderecha. A pesar de presentarse en tres facciones.

Ahora hay que dejar a Casado que haga su diseño. Su forma de entender lo que le ocurre al cuerpo electoral se demuestra un acierto, no regateemos un liderazgo certero. En Andalucía no cabe la resignación ni los ensayos arriesgados. Han ganado el centro y la derecha. El mensaje es indiscutible. Seríamos idiotas.

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