Año 2004. De la noche a la mañana (literalmente), los funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores se encontraron con un traslado forzoso. ¿Culpable? La existencia en el edificio de la madrileña Plaza del Marqués de Salamanca de naftaleno, un gas contaminante que había provocado cefaleas y erupciones capilares a algunos trabajadores. La orden la firmó Ana Palacio, titular por aquel entonces de la cartera. La previsión era solucionar el problema en un periodo máximo de cuatro años.

No fue hasta 2012 cuando se decidió la rehabilitación y recuperación del edificio tras el visto bueno del Ayuntamiento y de la Comunidad de Madrid. Unas obras que fueron adjudicadas a Tragsa en 2014. Dos años después, Hacienda autorizó unas obras que comenzaron en octubre de 2017 y que estaba previsto finalizaran al año siguiente. No se cumplió. Marzo de 2020 era el siguiente plazo. Y tampoco será posible. Las obras se han prorrogado otro año más, según han confirmado a MERCA2 fuentes relacionadas con la transformación del edificio.

El retraso en su puesta en marcha supone casi nueve millones de euros anuales en alquileres de otros edificios al erario público

Por tanto, serán tres los años de demora los que ‘sufrirá’ el histórico edificio sobre la fecha inicial de reapertura. Y eso disparará el coste final. Recapitulemos: el presupuesto inicial ascendía a 69,7 millones de euros, que se distribuirían entre los años 2016 y 2019. Por tanto, es posible que dicho presupuesto acabe aproximándose a los 100 millones de euros. Además, durante estos años, los más de 1.200 trabajadores del ministerio han estado ‘dispersos’ por diferentes sedes, como Torres Ágora y otras oficinas. Sedes cuyo coste anual en alquiler se acerca a los nueve millones de euros y que el erario público deberá seguir pagando, por lo menos, hasta 2021.

UN NUEVO MINISTERIO

El destierro vivido por los trabajadores debido a la ‘enfermedad’ de la antigua sede del ministerio (hoy de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación), ha coincidido con el paso de otros cuatro ministros, además de Ana Pastor, que no han podido despachar en la misma: Miguel Ángel Moratinos, Trinidad Jiménez, José Manuel García-Margallo y Josep Borrell. Y todo indica que será otro quien tenga el privilegio de reinaugurarlo.

Sostenibilidad y eficiencia energética serán los pilares de una sede que mantendrá la mayor parte de la estructura y de las fachadas, y que verá rehabilitados sus más de 50.000 metros cuadrados. Entre las ‘novedades’ del edificio que en su momento abrió sus puertas allá por 1942 (lo hizo para ser sede del Instituto Nacional de Industria –INI-), sobresale una cubierta vegetal, así como un sistema de recuperación de agua de lluvia.

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Respecto a la eficiencia energética, incluirá la energía geotérmica y la fotovoltaica, a la par que minimiza la demanda energética con nuevos aislamientos. También incorpora sistemas de protección contra el calor, como toldos monitorizados. En su planta bajo rasante, habrá archivos y almacenes, además de 45 plazas de aparcamiento. Y en la planta baja, sala de reuniones, salón de actos, y salas de debate. También contará con guardería.

Por tanto, no será hasta 2021 (si no hay un nuevo retraso) cuando el nuevo Ministerio de Asuntos Exteriores vea desfilar a las cuadrillas que han reformado las entrañas del edificio. A partir de entonces, vendrá una nueva fase, la de ‘vestir’ las diferentes salas con el mobiliario y el material informático, además de todos los sistemas de seguridad. ¿Abrirá sus puertas definitivamente en 2022?