Jordi Évole invitaba a Mercedes Milá a visitar los míticos Estudios Miramar, lugar desde donde la comunicadora catalana se dio a conocer en una etapa dorada de la tele catalana previa al exitoso nacimiento de TV3, hijo audiovisual de un Jordi Pujol que con dibujos infantiles en catalán y el Barça por bandera se hizo hegemónico con una transversalidad que le llevó a asumir el discurso comunista de Montalbán y los festivales folclóricos de Justo Molinero, propaganda para integrar a los mismos charnegos que el “molt honorable” había despreciado hasta el insulto sabiniano cuando no les tenía que pedir el voto.

Y TV3 reinó desde los ochenta, creando una atmósfera propia y convirtiéndose durante años en el manido ejemplo de la “BBC” pública ideal. Pero el viaje de Ciu del nacionalismo pactista con Madrid al independentismo arrastró a TV3, convertida en punta de lanza del procés y politizada hasta la arcada, modelo PP en Telemadrid y PSOE en Canal Sur. En los últimos tiempos la cadena autonómica disparó sus contenidos políticos y otros tres operadores intentaron contrarrestar su peso: Canal Catalá, que desapareció entre las tinieblas tras destaparse los chanchullos de su impulsor, Nicola Pedrazzoli (el directivo de la escuela Berlusconi que intentó hacer una “Intereconomía independentista”); 8TV, fallida intentona de Godó de aumentar su centenaria influencia con La Vanguardia y de su éxito radiofónico de RAC1; y TVE en Catalunya, que desguazado al igual que otros Centros Territoriales tras el cambio de siglo ha intentado resucitar sin suerte.

Esta temporada se generó mucha expectación por las tres apuestas vivas: TV3, 8TV y TVE-Catalunya. La autonómica pública  batió su récord de audiencia en el octubre eléctrico antes de recibir una doble amenaza: la de la intervención antes de las elecciones, desvanecida tras un movimiento estratégico del PSC; y la de Hacienda, que le reclama 147 millones de euros (60 de los cuales no pagará, tras una sentencia del mes de abril). El segundo temor provocó que Vicent Sanchís, director de la cadena, cortase el grifo a las productoras externas, pusiese la sombra de la cancelación sobre fenómenos de la casa como ‘Polònia’, y retirase el magazine ‘Tarda oberta’, producida por Jaume Roures, productor que reconoció en una entrevista que le encantaría dirigir una televisión pública. El espacio fue sustituido por otro de similares características, ‘Tot es mou’, realizado por medios propios de la Corporación a los que se suman fichajes estelares como el de Pilar Rahola, vehemente defensora del independentismo y colaboradora estrella del programa a cambio de 5.000 euros mensuales.

En 8TV también han digerido etapa convulsa: tras la cancelación del programa de Josep Cuní se encontraron algunos fallidos relevos como ‘Catalunya directe’ o ‘Fora de joc’, ambos cancelados por sus bajos registros, y se anunció el final del formato más emblemático de la cadena, ‘Arucitys’, cuyo director y presentador, Alfonso Arús, ha anunciado su incorporación en La Sexta tras soportar estoico un desplante público de Mediaset. ¿Quién ocupará su lugar? Todavía no se sabe. Pero en la parte informativa ya ha llegado el relevo de Cuní, ‘La nit de 8 TV’, de la que se encarga el enésimo máximo responsable del canal, Ramón Rovira, señalado como el hombre encargado por Don Javier para aumentar la pluralidad en el canal tras su bagaje en el Banco Sabadell, entidad señalada por los independentistas como la encargada de hacer que El Periódico regresase a la senda de Madrid.

TVE por su parte en Catalunya duplicó su programación, según varios medios en una extensión de la “Operación Soraya” que tenía la intención de contrarrestar el poderío de TV3, y lanzó varias apuestas que han contado con audiencias irregulares: se recuperó el mítico debate futbolero ‘El Rondo’ que no ha conseguido el share de antaño; se lanzó un programa humorístico con Sergi Mas que tampoco ha despuntado y se fichó a Carlos Fuentes para moderar un particular debate de similares características a los polémicos espacios que presentó en Intereconomía TV o en la televisión municipal badalonesa bajo el mandato de Xavier García Albiol, tertuliano y patrocinador con dinero público del citado show.