Ethereum quiere dejar atrás la amenaza cuántica en diciembre de 2028, un año antes de lo que figura en su hoja de ruta oficial. La fecha la puso sobre la mesa Justin Drake, investigador de la Ethereum Foundation, en el marco de la Devcon 8 de Bombay. No es un compromiso formal, y ahí está la clave: la Fundación sigue trabajando con 2029 como objetivo escrito.
Qué ha dicho Justin Drake y por qué se mueve el calendario
Drake, uno de los investigadores más visibles de la Fundación, explicó que su esperanza es poder cerrar la transición completa poscuántica y post-IA para diciembre de 2028. Traducido a calendario de ingeniería, eso deja a los equipos de desarrollo 24 meses para entregar tres actualizaciones de red adicionales después de un hito previsto para comienzos de 2027.
El movimiento convierte una fecha suelta en una cadencia de entregas. Ese es el cambio real que introdujo Drake: quien siga el desarrollo de Ethereum ya no tiene un único hito lejano, sino una secuencia de tres upgrades encadenados que los equipos de clientes y las aplicaciones pueden planificar por separado.
Lo oficial, sin embargo, sigue en diciembre de 2029. La hoja de ruta publicada por la Fundación en septiembre mantiene ese mes como el punto en el que las tres capas de Ethereum —ejecución, consenso y datos— deberían ser resistentes a un ordenador cuántico. El documento puede consultarse en la hoja de ruta pública de Ethereum, y las notas de la Fundación se publican en su blog oficial.
La revisión está fechada en enero de 2027, cuando la Fundación vuelva a evaluar prioridades. Esa cita puede confirmar 2028, ajustarlo o dejarlo donde está: como una aspiración de ingeniería. Drake lo presentó precisamente así, sin anunciar una revisión formal del calendario.
Un año de diferencia en el papel no cambia la criptografía: cambia la presión sobre los equipos que tienen que entregarla a tiempo.
Fuera de la Fundación, la fecha de 2029 ya había recibido críticas. Eli Ben-Sasson, consejero delegado de StarkWare, la consideró demasiado tardía, y la comunidad de Starknet respaldó en octubre una línea de investigación poscuántica independiente. La presión externa existe, aunque nadie haya movido todavía el documento oficial.
Qué significa exactamente ‘poscuántico’ y por qué toca tres capas
El riesgo cuántico, en términos prácticos, apunta a las firmas digitales. Cada transacción que autorizas en Ethereum se firma con un esquema criptográfico que un ordenador cuántico suficientemente grande podría romper: bastaría con derivar la clave privada a partir de la pública para mover fondos ajenos. Hoy esa máquina no existe a la escala necesaria. El problema es de plazos, porque migrar una red no se hace en un trimestre.
De ahí que la transición se divida en tres frentes. La capa de ejecución —cuentas, wallets, contratos— necesita un nuevo esquema de firmas. La capa de consenso, donde viven los validadores que bloquean 32 ETH para mantener la red en marcha a cambio de recompensas, depende de otro tipo de firma agregada. Y la capa de datos, la que usan los rollups (segundas capas que procesan transacciones fuera de Ethereum y las resumen aquí para abaratar costes), necesita compromisos criptográficos que también resistan.
Hay un segundo componente, el ‘post-IA’, menos conocido y ligado a la verificación. Las pruebas de conocimiento cero permiten demostrar que un cálculo se hizo bien sin repetirlo; aplicadas a modelos de inteligencia artificial, servirían para comprobar que un modelo concreto se ejecutó tal y como se prometió. Drake ya había situado para 2027 la tecnología leanVM —una máquina virtual pensada para generar esas pruebas con muy poco coste— en versión lista para producción.
Con ese calendario, el despliegue poscuántico en las tres capas caería en 2028, justo antes del cierre que Drake espera para diciembre.
De 2029 a 2028: precedentes, riesgos y la letra pequeña
Ethereum tiene historial de llegar tarde y de llegar. The Merge, la migración de la prueba de trabajo a la prueba de participación, se ejecutó en septiembre de 2022 tras años de retrasos acumulados, y salió bien. Dencun, el upgrade que en marzo de 2024 introdujo los blobs y desplomó las comisiones de los rollups, también aterrizó con meses de desfase sobre el plan inicial.
El patrón se repite: la red cumple, pero el calendario se estira. Y en este caso el cuello de botella no es solo criptográfico. Cambiar el esquema de firmas de Ethereum implica mover millones de cuentas, wallets de custodia, puentes entre redes y contratos inteligentes a un formato nuevo, mientras los esquemas poscuánticos acaban de estandarizarse. Es parecido a cambiar la cerradura de millones de puertas a la vez mientras la gente sigue viviendo dentro del edificio.
Mi lectura es que el 2028 de Drake funciona mejor como herramienta de gestión que como promesa al mercado. Fija una meta agresiva, obliga a los equipos de clientes a secuenciar el trabajo y deja margen para que la Fundación ajuste en enero de 2027 sin quedar desmentida. Lo que conviene vigilar es la ventana de 24 meses: si las tres actualizaciones se retrasan, el cierre de 2028 se cae solo.
Mientras tanto, el debate de fondo sigue abierto: si 2029 llega tarde. Ben-Sasson y buena parte de la comunidad de Starknet sostienen que sí, y han empezado a financiar investigación por su cuenta. La pregunta que quedará sobre la mesa en la revisión de enero de 2027 es sencilla: si la mayor red de contratos inteligentes del sector puede permitirse esperar un año más.



