Paulina Borsook reedita ‘Cyberselfish’ y critica el tecnolibertarismo de Silicon Valley

La reedición de Cyberselfish, el libro que Paulina Borsook publicó por primera vez en 2000, vuelve a poner en circulación su crítica a la influencia tecnolibertaria en la cultura de Silicon Valley. Tras quedar descatalogado, el título regresa en una nueva edición de Tin House, con una introducción de Gil Durán.

Borsook explicó en una entrevista que concibió el libro como un recorrido por sus intentos de entender esa corriente. Según relató, empezó a frecuentar los círculos tecnológicos del área de la bahía de San Francisco en los años ochenta y, durante la década siguiente, escuchó comentarios que no lograba encajar con su idea de esa cultura.

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Dos corrientes en Silicon Valley

La autora sostuvo que buena parte de los textos sobre la industria tecnológica de los años noventa tenía un tono celebratorio. En su análisis, convivían distintas culturas dentro de Silicon Valley, entre ellas una corriente tecnolibertaria que no consideraba necesariamente enfrentada a los elementos contraculturales.

Borsook distinguió entre los perfiles que llamó “Ravers” y “Gilders”: los primeros, más asociados a la liberalidad cultural; los segundos, a posiciones sociales conservadoras. A su juicio, esa división todavía puede observarse en el sector, aunque señaló que hablaba sobre todo de sus dirigentes y que no tenía claro hasta qué punto esas ideas representan al conjunto de sus trabajadores.

Una crítica a la desregulación

Borsook describió el tecnolibertarismo como un conjunto de creencias contrario a la regulación. Consideró que sus defensores no reconocen suficientemente el papel de la financiación y la intervención públicas en el desarrollo de la industria. También precisó que su crítica no implica que considere acertadas todas las actuaciones del Gobierno.

La escritora ve continuidad entre las actitudes que observó en el pasado y algunas prácticas actuales. En su opinión, tras la salida a bolsa de Netscape y la llegada de actores financieros, se extendió una cultura empresarial que, según ella, persistió después del estallido de las puntocom. Puso como ejemplos a Airbnb y Uber, a las que no considera innovaciones tecnológicas en su definición, y cuestionó su resistencia a la regulación.

Sus reparos sobre la inteligencia artificial

Sobre la inteligencia artificial, Borsook expresó una valoración crítica y la calificó como una gran operación de tipo Ponzi. También cuestionó que algunas empresas tecnológicas mantengan una imagen liberadora mientras, a su juicio, priorizan el valor para los accionistas.

La autora contó que empezó a advertir un renovado interés por Cyberselfish hace aproximadamente un año y medio: observó que subían los precios de los ejemplares usados y recibió mensajes de académicos europeos y publicaciones en redes sociales que destacaban el libro. Ese proceso, junto con la atención mediática y el contacto con Durán, precedió a la nueva edición.

Un libro sin actualizar

La reedición conserva el texto publicado en 2000 y añade una introducción de Durán y otra breve de Borsook. Según explicó, la editora de Tin House le pidió que no cambiara el texto, una decisión que ella prefería porque considera el libro un retrato de un momento y un lugar.

Consultada sobre las posibilidades de reformar las grandes compañías desde dentro, Borsook se mostró escéptica y dijo que podrían cambiar de orientación si les conviniera. También expresó su deseo de que quienes trabajan en tecnologías alternativas encuentren financiación o empresas donde desarrollarlas, aunque señaló que no sabe si pueden hacerlo dentro de las grandes plataformas de computación en la nube.

Respecto a los jóvenes que quieren trabajar en tecnología sin identificarse con las corrientes que critica, Borsook dijo que no sabe qué recomendarles. Mencionó la concentración de la inversión en inteligencia artificial y las dificultades que, en su opinión, afrontan otras vías de empleo, como el sector público o las organizaciones sin ánimo de lucro.


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