El precio del gas natural se dispara un 240% y marca máximos de 2022

El TTF holandés encadena cuatro sesiones al alza y acumula una revalorización del 240% en el año, con el arranque de enero en torno a los 28 euros por megavatio hora. La próxima revisión de la TUR, que entrará en vigor el 1 de enero de 2027, absorberá el grueso del impacto en el

El precio del gas natural ha rebasado los 97 euros por megavatio hora en el TTF holandés y ha marcado el nivel más alto desde diciembre de 2022. La referencia europea encadena su cuarta sesión consecutiva al alza después de un viernes que ya cerró con un avance del 4,23%.

A las 8:00 locales (6:00 GMT), el mercado de Países Bajos cotizaba a 97,13 euros el megavatio hora, con una revalorización del 3,92% en la jornada, según los datos recogidos por El Periódico de la Energía. En el acumulado del año, la subida supera el 240%.

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Ese porcentaje es el que ordena la magnitud del fenómeno. Implica que el precio del gas natural arrancó 2026 en el entorno de los 28 euros por megavatio hora. Cuatro años después del invierno que rediseñó el mapa energético europeo, el mercado vuelve a territorios que se daban por cerrados.

La secuencia importa tanto como el nivel. Dos sesiones consecutivas con avances superiores al 3% no describen un ajuste técnico de posiciones: describen una revalorización del riesgo. Encadenar cuatro días al alza ocurre con frecuencia. Hacerlo con esta intensidad, no.

Detrás del movimiento hay factores que el mercado venía descontando a plazos más largos y que se han adelantado. Oilprice, que ha calificado el episodio como el máximo de los últimos cuatro años, sitúa el detonante en la llegada del invierno. El frío eleva la demanda de calefacción, tensa los almacenamientos y estrecha la competencia por los cargamentos de gas natural licuado. Europa puja ahora contra Asia sin el colchón que tuvo en 2023.

El gas no sube por un susto puntual de oferta: sube porque el margen entre lo que hay en los almacenes y lo que puede pedir un enero frío se ha estrechado.

El nivel de llenado de los almacenamientos decide el resto. Un colchón alto amortigua cualquier episodio de frío; uno ajustado convierte una ola de temperaturas bajas en una subida de dos dígitos en pocos días. Los operadores vigilan esa curva más que la cotización del día, porque en ella se juega si los 97 euros son un techo o una estación de paso.

El mercado no cotiza el frío de esta semana, cotiza su incapacidad de responder si enero llega seco y gélido.

En un mercado con posiciones cortas acumuladas, la ruptura de un rango estrecho obliga a recomprar y amplifica el movimiento. Ese mecanismo explica por qué una jornada de frío en el norte de Europa basta para mover el TTF varios euros en horas. La liquidez del gas europeo es alta, pero también lo es su sensibilidad a los titulares.

Del TTF a la factura: cómo llega el precio del gas natural a la TUR y al pool

TTF gas

El traslado a la factura española no es automático, pero tampoco es ajeno al movimiento internacional. El MIBGAS replica la tendencia del TTF con descuentos puntuales, y la tarifa de último recurso (TUR) del gas se revisa cada trimestre con precios fijados de antemano para todo el periodo, bajo la metodología que fija la CNMC. La revisión que entrará en vigor el 1 de enero de 2027 recogerá, con toda probabilidad, el efecto de las últimas semanas.

En electricidad el canal es más rápido. El gas fija el precio marginal del pool en la mayoría de las horas, de modo que cada euro que sube el megavatio hora del gas se traslada al mercado mayorista con un coeficiente que ronda 1,8 veces en las plantas de ciclo combinado. Con un TTF en 97 euros, el pool se sitúa en el entorno de los 130 euros por megavatio hora en las horas punta, antes de sumar el coste de los derechos de emisión.

Para el consumidor doméstico acogido al PVPC el efecto llega con el desfase de las liquidaciones horarias. Para el que tiene precio fijo, la presión aparecerá en la próxima renovación. Las comercializadoras que compraron energía a plazo conservan margen durante unos meses. Las que no, ninguno.

La industria es el eslabón más expuesto. Química, cerámica, vidrio, y papel negocian contratos anuales y afrontan el próximo ejercicio con el gas como variable fuera de control, justo cuando la demanda europea de electricidad apenas ha recuperado los niveles previos a la crisis. Un invierno caro se traduce en paradas de producción antes que en un titular de precios.

Lo que el mercado descuenta y lo que todavía no

La lectura fácil es que Europa vuelve a 2022. La lectura útil es distinta. Entonces faltaba molécula y sobraba pánico; ahora la molécula existe, llega en barco y tiene un precio global que se fija en dos o tres hubs. La diferencia no es menor: un mercado abastecido puede corregirse en semanas si el invierno se comporta, y esa elasticidad es la que impide hablar de repetición mecánica del escenario extremo.

El precedente de 2022-2023 apunta en esa dirección. Los almacenamientos llegaron al invierno razonablemente llenos, las temperaturas acompañaron y el TTF se desinfló con la misma velocidad con la que se había inflado. La volatilidad es simétrica, y esa simetría tiene una consecuencia incómoda: quien compra en máximos asume el riesgo de la vuelta.

Hay, sin embargo, una asimetría que el mercado no descuenta del todo. La oferta flexible de gas natural está hoy más concentrada que hace cuatro años, y los cargamentos se redirigen en función del diferencial entre el TTF y el índice asiático JKM. Un invierno frío en el norte de Asia basta para que Europa pierda la subasta. No hace falta un corte de suministro; basta con que alguien pague más.

La tentación política reaparecerá si el pool escala. España ya ensayó entre 2022 y 2023 el mecanismo ibérico, una fórmula hoy extinguida que topaba el precio del gas en el mercado mayorista y que dejó un precedente regulatorio incómodo de replicar fuera de la península. Cualquier intervención futura chocaría con el mismo problema: abaratar la factura sin desincentivar el suministro en un mercado que compra fuera.

El umbral del 90% de llenado antes del 1 de noviembre, que la normativa europea fija como objetivo, será el primer examen. Si los datos de los próximos días confirman que se alcanza con holgura, el mercado tendrá argumentos para corregir. Si no, los 97 euros se convertirán en la base desde la que se negocien los contratos de todo el invierno.

El segundo examen llegará con la primera ola de frío seria y con la revisión de la TUR del 1 de enero de 2027. Hasta entonces, el precio del gas natural seguirá cotizando dos cosas a la vez: el frío que hace y el que puede hacer.


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