Los ajustes clave en el termostato para frenar el sablazo eléctrico tras el cambio al horario de invierno.

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Activar la función de ausencia o geolocalización para no calentar la vivienda vacía

a tall brick building with balconies and balconies

La función de ausencia —y su versión automática, la geolocalización o geocerca— sustituye la lógica del reloj por la de la presencia real. En vez de confiar en que la programación semanal acierte, el termostato toma como referencia la posición del móvil de los residentes: cuando el último teléfono sale del perímetro definido, baja la consigna a un rango de 15 a 17 °C, y cuando detecta el regreso arranca con la antelación suficiente para que la casa esté caliente a la llegada. Su valor está en los imprevistos: la salida anticipada, la tarde que se alarga, el fin de semana fuera de casa. Para que funcione hay que dar de alta a todos los convivientes, porque si uno se queda dentro la calefacción debe seguir encendida. Y conviene fijar el mínimo en 15-16 °C en lugar de apagar por completo, para evitar condensaciones y proteger la instalación de las heladas.

El ahorro depende de cuántas horas se calienta una vivienda vacía. La OCU calcula que un termostato inteligente —un equipo que ronda los 200 euros— rebaja la factura entre un 20% y un 40% si se programa para bajar la temperatura en ausencia y limitar a 21 °C el calor cuando hay gente; el IDAE recuerda que cada grado de más encarece el consumo un 7% y sitúa el modo economía en 15 °C cuando no hay nadie. Los fabricantes llegan más lejos: tado atribuye a la geolocalización, en un estudio del instituto Fraunhofer IBP, hasta un 23% de ahorro, aunque parte de esa automatización viaja en su suscripción AI Assist (3,99 €/mes o 29,99 €/año). En Madrid el gesto pesa más que en otras zonas: la calefacción concentra en torno al 47-60% del consumo doméstico y, con el horario de invierno, la demanda se solapa con la franja punta de 18:00 a 22:00.


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