Los ajustes clave en el termostato para frenar el sablazo eléctrico tras el cambio al horario de invierno.

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No subir el termostato de golpe para calentar antes: mantener la consigna y anticipar el encendido

El termostato no es un acelerador. Cuando se llega a casa con frío y se sube la consigna de 20 a 25 grados, la caldera o la bomba de calor no entrega más potencia: trabaja igual, pero durante más tiempo, hasta llevar la vivienda a una temperatura que nadie necesita. El resultado es un salón sobrecalentado, la tentación de abrir la ventana para compensar y un consumo que se paga íntegro, porque el calor perdido crece a medida que aumenta la diferencia entre el interior y la calle. El IDAE cifra en torno al 7% el consumo extra por cada grado de más, y recuerda que la calefacción concentra entre el 47% y el 60% del gasto doméstico. En Madrid el error tiene además una lectura horaria: con el cambio al horario de invierno anochece antes, el encendido se adelanta y suele coincidir con el tramo punta de la tarifa con discriminación horaria.

La alternativa es mantener la consigna en el rango recomendado —19 a 21 grados de día, 15 a 17 por la noche o con la casa vacía— y mover el reloj, no el número. Programar el arranque con antelación calienta igual y permite elegir cuándo se compra la energía: el tramo valle se extiende hasta las 8:00 en laborables y cubre todo el fin de semana, y el llano de 14:00 a 18:00 ofrece margen para llegar a casa con temperatura sin caer en la punta de 18:00 a 22:00. El tiempo necesario depende de la instalación: en radiadores basta con media hora, mientras que el suelo radiante y la aerotermia, con mucha inercia, exigen dos o tres horas y agradecen dejar una temperatura de base en lugar de apagar del todo. Los termostatos programables que aprenden esa inercia ajustan solos la hora de encendido, y el IDAE les atribuye, junto a las válvulas termostáticas, ahorros de entre el 8% y el 13%.

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