Bolsonaro BRICS: su regreso rediseñaría Brasil y reabriría el pulso con EE. UU.

El programa de Negocios TV analiza la victoria provisional de la derecha bolsonarista en la primera vuelta brasileña y su posible efecto sobre la pertenencia de Brasil a los BRICS. La segunda vuelta, a finales de octubre, decidirá si el giro se consolida.

La primera vuelta de las elecciones brasileñas ha dejado un país partido en dos y una pregunta incómoda para el mercado: qué ocurre con la presencia de Brasil en los BRICS si la derecha bolsonarista confirma en la segunda vuelta la ventaja que arrojó el escrutinio. En su último análisis, el equipo de Negocios TV dedicó buena parte del programa a esa hipótesis y el diagnóstico fue nítido: lo de Brasil no se entiende solo en clave brasileña, sino como una pieza más del pulso global por las alianzas de América Latina.

Una victoria provisional y tres semanas de incertidumbre

Con el recuento prácticamente cerrado —en el programa se citó un 99,9 % del escrutinio—, los contertulios señalaron que la derecha se había hecho con cerca del 47 % de los votos y que Lula da Silva se había quedado muy cerca, lo suficiente como para forzar una segunda vuelta que se celebrará a finales de octubre. La lectura en plató fue prudente: victoria provisional, sí, pero sin margen para dar nada por hecho. El resultado, insistieron, arrastra consecuencias que desbordan la economía doméstica.

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El péndulo global que gira hacia la derecha

Uno de los analistas presentes, Sergio, enmarcó lo ocurrido en Brasil dentro de un movimiento pendular. Su tesis es que la población se ha cansado de un ciclo de políticas muy escoradas a la izquierda y que el péndulo está volviendo al otro extremo, en ocasiones hasta la ultraderecha. No es, subrayó, un fenómeno exclusivamente brasileño: mencionó el avance de Alternativa para Alemania en territorios como Sajonia y las voces que en Europa empujan en la misma dirección. El hastío del votante, vino a decir, explica el fenómeno mejor que cualquier operación de despacho.

De Milei a Israel: los guiños cruzados del continente

En la conversación apareció Argentina y el vínculo de Javier Milei con Israel, con el apunte de que se han producido manifestaciones en el país por acuerdos de suministro que una parte de la ciudadanía rechaza. La idea de fondo que se defendió es que América Latina está haciendo guiños a Washington —y, por extensión, a Tel Aviv— y que esa geometría no es casual: Estados Unidos e Israel actúan como bloque y los gobiernos de la región lo tienen en cuenta al posicionarse.

La esfera de influencia de Trump y el regreso de América Grande

Adrián fue un paso más allá. Para él, lo de Brasil es un movimiento más dentro del acercamiento progresivo de los gobiernos latinoamericanos al universo de Donald Trump. Recordó que la estrategia trumpista de ‘América Grande otra vez’ apunta a un reposicionamiento de Estados Unidos en un mundo que camina hacia el multilateralismo, con el continente americano como esfera de influencia. La pregunta que dejó abierta fue qué significa exactamente eso: si hablamos de una zona de influencia económica o de algo mucho más amplio, que incluya lo político, lo ideológico y lo social. En ese mapa, las candidaturas conservadoras alineadas con el trumpismo van ganando terreno a las formaciones que tradicionalmente dialogaban con demócratas o con conservadores clásicos.

El contexto ya no es el mismo: Estados Unidos ha decidido que Latinoamérica es su zona de influencia y eso puede empujar a Brasil a un alejamiento claro e incluso a una ruptura con los BRICS.

— Negocios TV

BRICS: un pie dentro y otro fuera

El segundo gran eje del programa fue el impacto que un cambio de mandato tendría en la continuidad de Brasil en los BRICS. Ese debate, se recordó, lleva años latente en cada cita electoral. Cuando Jair Bolsonaro llegó al poder no estaba claro si iba a mantener la relación con el bloque y finalmente la mantuvo, con implicación plena del país. La duda reapareció con Lula, pese a sus buenas relaciones históricas con sectores del establishment estadounidense. La posición brasileña, se dijo, nunca fue entusiasta: un pie dentro y otro fuera, muy lejos de la apuesta estratégica e ideológica que en su día hizo Dilma Rousseff, que incluso después de dejar la presidencia asumió la dirección del Banco de Desarrollo del grupo.

El análisis difundido por Negocios TV —que resume la idea en su propio titular: la victoria de Bolsonaro podría tener gran influencia en el futuro de Brasil en los BRICS— concluye que cualquier nuevo liderazgo mantiene esa presencia bajo cuestión y que un giro hacia Washington podría traducirse en un distanciamiento claro o, directamente, en una ruptura. Esa, señalaron, es probablemente la dimensión geopolítica más relevante a seguir tras el cambio de ciclo político en Brasilia.

Lo que esto significa para el lector

La traducción práctica del debate es sencilla. Brasil es la mayor economía de América Latina y socio fundador de los BRICS, un club que desde 2024 ha incorporado nuevos miembros y que celebró su cumbre de 2025 en Río de Janeiro. Su Banco de Desarrollo tiene sede en Shanghái y ha estado presidido por una brasileña, lo que da a Brasilia un peso difícil de sustituir dentro del bloque. Si el país modera su compromiso, los BRICS pierden a su actor con más vasos comunicantes con Occidente y el eje de gravedad se desplaza hacia Moscú y Pekín. Para los inversores, un giro hacia Washington puede leerse como una promesa de mejor trato comercial y de alivio en la relación arancelaria, que en los últimos años ha vivido episodios de fricción, pero también como una fuente extra de volatilidad institucional. Para quien mira desde Europa, la señal es la de un tablero que se reordena: cada elección latinoamericana deja de ser un asunto regional y pasa a contarse como un capítulo de la pugna entre bloques.

Queda por ver si el péndulo que describían en plató se detiene o sigue su carrera, y si Brasil acaba resolviendo su lugar en el mundo en una sola noche electoral. Lo que sí parece claro es que el resultado no es solo un giro brasileño, mas el síntoma de un cambio de época que se está escribiendo en varios continentes a la vez. La segunda vuelta dirá si esa hipótesis se confirma o se queda en un aviso.


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