Glamsterdam llega a Ethereum: Sepolia activa ePBS y la nueva política de gas el 6 de octubre

El ensayo llega tres semanas después de que la Fundación anunciara la activación y servirá para probar el ePBS antes de la red principal. Los desarrolladores ya apuntan a Hegotá, prevista para 2027, como la última bifurcación convencional antes de la era post-cuántica.

Ethereum ya tiene fecha para el siguiente ensayo general de su mayor cambio de arquitectura. La Ethereum Foundation ha confirmado que Glamsterdam, la actualización que toma el relevo de Fusaka, se activará en la red de pruebas Sepolia el 6 de octubre. El paquete incluye tres cambios de fondo: la separación entre proponentes y constructores de bloques, las listas de acceso por bloque y una política de gas rediseñada. Si el ensayo funciona, la red principal será el siguiente paso.

Qué cambia Glamsterdam en Sepolia el 6 de octubre

El primer cambio es el ePBS, siglas de enshrined proposer-builder separation, la separación integrada entre quien propone un bloque y quien lo construye. Hoy esa división ocurre fuera del protocolo, en manos de intermediarios externos. Glamsterdam la traslada al propio código de Ethereum y reduce la dependencia de ese middleware. Dicho de otro modo: la red asume una tarea que ahora hacen terceros.

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Las listas de acceso a nivel de bloque son el segundo pilar. Cada bloque dejará registradas las cuentas y las posiciones de almacenamiento que ha tocado durante su ejecución. Con ese listado, un nodo sabe qué operaciones no chocan entre sí y puede ordenarlas mejor, lo que se traduce en un uso más eficiente de la capacidad de cómputo disponible.

La nueva tarificación del gas completa el paquete. El rediseño busca que el precio se parezca algo más al coste real de crear y de acceder a los datos que guarda Ethereum. La Fundación avisa de un efecto secundario que conviene no pasar por alto: los contratos con gas codificado podrían necesitar cambios.

Antes de que nada de eso ocurra, los operadores que mantienen nodos en Sepolia tienen deberes. Deben actualizar sus clientes de ejecución y sus clientes de consenso —los dos programas que, trabajando en paralelo, sostienen un nodo de la red— antes de la activación, tal y como recoge el anuncio oficial de la Fundación Ethereum. Quien llegue tarde se queda fuera de la red de pruebas.

Mover la construcción de bloques dentro del protocolo es la forma más limpia que tiene Ethereum de restarle poder a los intermediarios que hoy lo custodian.

Sepolia no es el único banco de pruebas pendiente. Hoodi, la red centrada en validadores, tampoco tiene fecha, y la mainnet menos todavía. Los desarrolladores sí han puesto una referencia en el calendario largo: Hegotá, la actualización que seguirá a Glamsterdam, apunta a 2027.

Qué gana el usuario con el ePBS y el nuevo gas

actualización Ethereum

Para el usuario final, ninguno de estos cambios exige una acción inmediata. Nadie tiene que mover sus ether ni reclamar nada. El efecto se notará en la infraestructura que queda debajo: bloques construidos con menos intermediarios de confianza, nodos que ordenan mejor el trabajo y un sistema de pago por cómputo que aspira a parecerse más al coste real. Eso sí, nada de esto se activará en la red principal en octubre.

La letra pequeña afecta sobre todo a los desarrolladores. Un contrato inteligente que dé por hecho un coste de gas concreto puede encontrarse con que ese supuesto ha dejado de cumplirse. Los equipos que mantienen aplicaciones sobre Ethereum tienen meses por delante para revisar su código, pero el aviso de la Fundación es explícito: hay que mirarlo.

Vitalik Buterin, cofundador de la red, puso el foco este mes en lo que viene detrás. En su lectura, Hegotá podría ser la última bifurcación ‘normal’ de Ethereum antes de que el desarrollo gire hacia los STARK recursivos —pruebas criptográficas que permiten verificar un cálculo sin repetirlo—, la verificación formal automatizada, un consenso optimizado y la criptografía preparada para resistir a un ordenador cuántico.

El precedente de Fusaka y los riesgos que quedan abiertos

Ethereum lleva años aprendiendo que los cambios se prueban antes de prometerse. The Merge, en septiembre de 2022, pasó la red de la minería a las pruebas de participación y funcionó a la primera. Shanghai, en abril de 2023, abrió la puerta a retirar los ether que estaban bloqueados en el staking (el depósito que sostiene la validación de la red). Dencun, en marzo de 2024, introdujo los blobs y dejó las comisiones de los rollups en una fracción de lo que eran. Glamsterdam es la siguiente estación de un camino que ya nadie discute.

El riesgo merece una mención honesta. Llevar la construcción de bloques dentro del protocolo reduce la dependencia de terceros, pero también puede concentrar esa función en un puñado de actores muy especializados, con capacidad para invertir en infraestructura que el resto no puede costear. La descentralización que se gana por un lado se puede perder por otro. Es la misma tensión que arrastra el staking desde 2020, con buena parte de los validadores en manos de unos pocos proveedores.

Queda abierto, además, el debate sobre los tiempos de bloque, con una propuesta de Ethlabs que plantea acortarlos, y que ha recibido apoyos públicos de Ethereum Institutional. Y queda la letra pequeña de siempre: Sepolia es un entorno controlado, Hoodi todavía no tiene fecha y la mainnet tampoco. Si algo se rompe en el ensayo, se arregla sin que ningún usuario pierda un euro. Ese es, exactamente, el sentido del 6 de octubre.


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