Aviso de los dermatólogos sobre las manchas rojas en la piel tras el verano: el síntoma que debes revisar ya

Pasado el verano, la piel muestra el resultado de una exposición solar acumulada durante meses: manchas, rojeces y descamaciones que en su mayoría son inofensivas. Pero los dermatólogos avisan de que algunas manchas rojas merecen una mirada atenta. Esta lista reúne las señales que más consultas generan en otoño y sigue el criterio clínico para distinguir lo benigno de lo que exige revisión: duración, textura, zona del cuerpo y evolución. No es una enumeración de enfermedades, sino una guía de síntomas que conviene conocer.

La selección se centra en lo que más preocupa a los especialistas: la mancha que persiste más de un mes, la que escama, el melanoma amelanótico y las señales en zonas que no se revisan. Cada aviso explica qué debe alertar al lector y por qué conviene acudir al dermatólogo. No se trata de alarmar, sino de que quien tenga una mancha roja sepa cuándo pedir cita y cuándo esperar. Es una ayuda para la autoexploración, no un diagnóstico. Ante la duda, los expertos lo tienen claro: mejor que la revise un especialista.

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Cara y mayores de 50: el perfil con mayor riesgo de manchas rojas malignas

Cuando una mancha roja se instala en la cara tras el verano y no cede con la hidratación, el perfil que debe revisarla con urgencia es claro: piel clara y más de 50 años. Es la edad en la que suelen aflorar las queratosis actínicas, lesiones ásperas y escamosas de tono rosado que se asientan en las zonas que más sol han acumulado a lo largo de la vida: mejillas, frente, cuero cabelludo con entradas, orejas y labios. La radiación recibida décadas atrás se expresa entonces, porque la piel guarda memoria de cada exposición ultravioleta. Los especialistas lo consideran un problema muy extendido: las guías europeas estiman que hasta un 25% de los mayores de 60 años presenta estas lesiones, y su prevalencia no hace más que aumentar con la edad. Por eso la revisión dermatológica al terminar el periodo estival no es una cuestión estética: una rojez nueva, rugosa o que cambia de aspecto puede ser la primera señal de una lesión precancerosa, y el rostro, por exposición crónica, es su asiento favorito.

El motivo para no demorar la consulta es que la queratosis actínica se considera el estadio previo del carcinoma escamoso o espinocelular, el segundo cáncer de piel más frecuente y uno de los que más se está incrementando en Europa, donde se registran más de 3,5 millones de casos de cáncer cutáneo cada año. No todas estas manchas malignizan, con estimaciones que oscilan entre el 5% y el 10% de las no tratadas, pero es imposible predecir cuál lo hará, y en la cara la vigilancia se extremó porque la exposición solar acumulada es máxima. Deben impulsar la cita las rojeces que se engrosan, forman costra, sangran al roce, no cicatrizan en semanas o crecen con rapidez, sobre todo en mayores de 50 con quemaduras solares previas o trabajos al aire libre. Esa lesión rojiza en la mejilla, la nariz o el labio inferior merece dermatoscopia y, si se confirma, tratamiento precoz: detectado a tiempo, el carcinoma escamoso se resuelve en la mayoría de los casos con una extirpación sencilla.


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