Pasado el verano, la piel muestra el resultado de una exposición solar acumulada durante meses: manchas, rojeces y descamaciones que en su mayoría son inofensivas. Pero los dermatólogos avisan de que algunas manchas rojas merecen una mirada atenta. Esta lista reúne las señales que más consultas generan en otoño y sigue el criterio clínico para distinguir lo benigno de lo que exige revisión: duración, textura, zona del cuerpo y evolución. No es una enumeración de enfermedades, sino una guía de síntomas que conviene conocer.
La selección se centra en lo que más preocupa a los especialistas: la mancha que persiste más de un mes, la que escama, el melanoma amelanótico y las señales en zonas que no se revisan. Cada aviso explica qué debe alertar al lector y por qué conviene acudir al dermatólogo. No se trata de alarmar, sino de que quien tenga una mancha roja sepa cuándo pedir cita y cuándo esperar. Es una ayuda para la autoexploración, no un diagnóstico. Ante la duda, los expertos lo tienen claro: mejor que la revise un especialista.
4Manchas rojas en uñas, palmas y plantas: zonas que olvidamos revisar
Cuando termina el verano, la revisión de manchas se concentra en la cara, el escote, los brazos y la espalda, las zonas que más sol han recibido. Pero las palmas de las manos, las plantas de los pies y las uñas suelen quedar fuera del repaso, y son precisamente las localizaciones donde se asienta el melanoma acral, un subtipo que nada tiene que ver con la radiación ultravioleta: ni aparece por el bronceado ni depende de la estación, así que puede manifestarse en pleno septiembre sin que el sol tenga la culpa. En pieles claras representa solo un 2-3% de los melanomas, pero es el tipo más frecuente en personas con piel oscura, y en España se detecta tarde porque se confunde con una suciedad que no se va con el lavado, un callo, un hongo o el resto de un golpe. En una cohorte de 529 pacientes publicada por el Instituto Nacional del Cáncer de Brasil, la planta del pie era el asiento más habitual (68,5% de los casos) y los tumores llegaban al diagnóstico con un grosor medio de 8,3 milímetros, cifra que delata el retraso con que se encuentran frente a otros melanomas.
El color rojo es precisamente la trampa. Cuando el melanoma acral carece de pigmento (variante amelanótica), se presenta como una mancha o nódulo rosado o rojizo en palmas y plantas que imita una verruga, un eccema o una herida que no cicatriza; bajo la uña adopta el aspecto de una franja o de un hematoma que no se resuelve. Hasta la mitad de los casos en uñas o plantas se atribuyen a un traumatismo previo, un machucón o una espina, lo que aplaza la consulta. Los signos que obligan a acudir al dermatólogo son una banda ungueal que supera los tres milímetros o se va ensanchando, el pigmento que invade el pliegue de la uña (signo de Hutchinson) y cualquier lesión en estas zonas que persista más de un mes sin causa clara. El retraso no es inocuo: en un estudio clásico, la supervivencia a los cinco años caía al 15,4% cuando el diagnóstico se demoraba, frente al 68,9% si se detectaba a tiempo, de ahí que la autoinspección de estas áreas olvidadas importe tanto como la del escote.



