El G7 ha lanzado una advertencia que toca a Solana: la computación cuántica puede romper Ed25519, el esquema de firmas digitales de curva elíptica que la red utiliza para validar transacciones. El grupo de ciberseguridad del G7 publicó el 3 de septiembre una llamada a la acción titulada ‘Preparing for the Post-Quantum Era’, y el mensaje es directo: migrar a criptografía post-cuántica ya no es una opción de futuro.
Aunque el informe no menciona literalmente la palabra ‘cripto’, su impacto sobre blockchain es inmediato. Todo el sistema de wallets y transacciones de criptomonedas depende de la criptografía de clave pública. Si un ordenador cuántico con capacidad suficiente aparece antes de que las redes actualicen sus firmas, los fondos quedarían expuestos.
Qué dice el G7 y por qué afecta a Ed25519 de Solana
El texto insiste en un concepto incómodo: harvest now, decrypt later, algo así como ‘recolecta ahora, descifra después’. Un atacante no necesita hoy un ordenador cuántico operativo. Le basta con almacenar datos cifrados del presente para descifrarlos cuando la tecnología madure. En una blockchain pública como Solana, las claves públicas y el historial de transacciones quedan visibles para siempre. Ed25519, el algoritmo que firma cada operación en la red, es vulnerable a ese ataque diferido.
La Unión Europea ya ha puesto fechas sobre la mesa. En junio de 2025 aprobó la hoja de ruta coordinada para la transición a la criptografía post-cuántica, que obliga a los Estados miembros a iniciar la migración antes de que termine 2026. Los sistemas de alto riesgo deben migrar de inmediato y, en todo caso, antes de 2030. Esto convierte la preparación cuántica en un requisito de cumplimiento normativo, no solo en un debate técnico.
El estándar que asoma como reemplazo, ML-DSA, finalizado por el NIST, utiliza firmas de unos 4.627 bytes. Frente a los 64 bytes de la firma compacta secp256k1 que emplea Bitcoin, el salto de tamaño encarece el almacenamiento, el ancho de banda y las comisiones. La migración no será gratuita.
La amenaza cuántica no es de precio, sino de calendario: la migración de Solana decidirá si la red se blinda antes de que Ed25519 caiga.
Cómo están respondiendo Bitcoin y Ethereum
Bitcoin explora BIP-360, una propuesta de actualización que eliminaría el gasto por ruta de clave Taproot, vulnerable al procesamiento cuántico. No tiene fecha de activación. Ethereum, por su parte, trabaja en un marco post-cuántico más amplio. En su hoja de ruta de febrero de 2026, Vitalik Buterin señaló cuatro componentes a actualizar: las firmas BLS de los validadores, los compromisos KZG, las firmas de cuenta ECDSA y las pruebas de conocimiento cero. La red espera tener su infraestructura post-cuántica esencial lista en 2029.
Solana, hasta la fecha, no ha hecho público un calendario equivalente. La red firmó desde su arranque con Ed25519, un esquema rápido y compacto que ha funcionado bien en producción. Sin embargo, el propio diseño de Solana —con validadores que votan cada slot (el intervalo fijo de unos 400 milisegundos en que se producen los bloques)— multiplica la superficie expuesta. Cada voto firmado con Ed25519 que quede registrado en el histórico podría ser reventado en un escenario post-cuántico.
NIST ha marcado su propio calendario. El borrador IR 8547 recomienda retirar el ECDSA de 112 bits después de 2030 y prohíbe su uso a partir de 2035. Google Quantum AI publicó en marzo de 2026 un artículo en el que reduce las estimaciones de recursos necesarios para romper la criptografía de curva elíptica de 256 bits, y anunció que completará la migración de sus sistemas en 2029.
El reto de migrar sin romper la red
La cuestión para Solana no es si migrará, sino cómo lo hará sin fracturar el ecosistema. Los clientes validadores —Agave, desarrollado por Anza, y Firedancer, de Jump Crypto— tendrán que implementar los nuevos esquemas de firma. Los wallets como Phantom y Solflare deberán actualizar sus métodos de generación de claves. Los protocolos DeFi que hoy asumen un formato de firma tendrán que reescribir sus contratos. Y todo eso debe coordinarse en una red que nunca se detiene.
El coste de la migración, además, no se reparte por igual. Las firmas post-cuánticas más seguras son decenas de veces más grandes que las actuales. Eso presiona directamente sobre el estado de Solana, que ya es exigente en ancho de banda y almacenamiento para los validadores. La red necesitará optimizar el tamaño de sus bloques y probablemente repensar su modelo de de fees priorizadas, las comisiones que los usuarios pagan para que sus transacciones se procesen antes.
Conviene recordar que Solana ya vivió una crisis de credibilidad por sus paradas de red en 2021 y 2022. Aquel precedente, provocado por congestión y fallos de consenso, enseñó al ecosistema que la estabilidad técnica es el activo más vigilado. Una transición post-cuántica mal ejecutada podría reabrir esa herida. Bien gestionada, puede convertirse en una ventaja competitiva. Los custodios institucionales ya empiezan a preguntar por el plan de migración de cada blockchain antes de comprometer capital.
La carrera está abierta. Bitcoin tiene su BIP-360 sin fecha. Ethereum apunta a 2029. Solana, por ahora, no ha anunciado un hito equivalente, pero difícilmente podrá quedarse al margen de un calendario que el G7 y Bruselas están convirtiendo en obligación. El mercado no premia la improvisación.





