El veto de Polestar en EE. UU.: denuncia que Trump bloquea sus ventas desde 2027

Polestar asegura que el Departamento de Comercio le comunicó el veto meses después de tener la solicitud en pausa. Volvo, con el mismo accionista chino, obtuvo luz verde en mayo de 2026.

Polestar denuncia que el veto de Estados Unidos le impedirá vender coches eléctricos desde el año modelo 2027. La marca controlada por Geely asegura que la administración Trump mantuvo su solicitud meses en pausa antes de rechazarla.

Claves de la operación

  • El veto entrará en vigor con el año modelo 2027. El Departamento de Comercio bloquea la venta de vehículos nuevos de Polestar por llevar software conectado de origen chino.
  • Volvo recibió luz verde en mayo de 2026. La marca hermana, con la misma propiedad china, seguirá vendiendo en Estados Unidos pese a la norma.
  • La decisión tensa la relación comercial con China. Polestar no obtuvo una explicación clara y denuncia meses de espera sin respuesta.

La compañía trasladó la decisión a sus concesionarios mediante una carta fechada el 18 de agosto, a la que ha tenido acceso The Verge. En el documento, Polestar admite que no ha recibido una respuesta clara sobre las razones del rechazo.

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El descontento de la firma sueca se apoya en una comparación incómoda para el regulador. Volvo, su marca hermana, obtuvo la autorización del Departamento de Comercio en mayo de 2026 para continuar con sus ventas. Ambas compañías comparten una estructura accionarial vinculada a Geely.

La negativa se enmarca en la regulación de vehículos conectados que prohíbe el uso de software o hardware procedente de China a partir del año modelo 2027. Para Polestar, la espera de meses sin una explicación técnica convierte el caso en un problema de confianza regulatoria. La norma ataca directamente a los coches eléctricos con software chino, pero no impidió que Volvo siguiera operando.

Observamos un desequilibrio difícil de justificar con los datos disponibles. El mismo Departamento de Comercio aprobó a Volvo y vetó a Polestar bajo una regulación diseñada para blindar la cadena de suministro del automóvil.

El veto a Polestar no se explica solo por la seguridad cuando Volvo recibe luz verde con la misma propiedad china.

La regulación que golpea primero a las marcas chinas

Desde el año modelo 2027, los fabricantes que utilicen software conectado de origen chino no podrán vender vehículos nuevos en Estados Unidos. La medida cierra el mercado a los modelos con tecnología china y obliga a los fabricantes europeos a separar sus cadenas de suministro digital.

Polestar comercializa en el país modelos como el Polestar 2 y el Polestar 3. El veto, por tanto, no es un aviso preventivo. Es la retirada de una marca que ya ha construido red comercial y ha invertido en concesionarios en California y otros estados.

La administración Trump aguanta el pulso comercial

La carta a los concesionarios describe un proceso administrativo opaco. Polestar asegura que la administración Trump mantuvo la solicitud en en pausa durante meses y que la denegación llegó sin una respuesta técnica clara.

El caso se produce en plena fricción comercial entre Washington y Pekín. La regulación de vehículos conectados es una de las piezas del endurecimiento estadounidense frente a la tecnología china, junto a los aranceles y las restricciones a semiconductores.

Lo que Polestar se juega en el mercado americano

El conflicto no solo afecta a una marca de nicho. El choque entre Polestar y la administración Trump es una advertencia para los fabricantes europeos con software chino. En España no existe un fabricante nacional comparable, pero la industria del automóvil sigue de cerca las reglas de acceso al mercado estadounidense.

La contradicción entre Volvo y Polestar abre una vía de recurso, pero también un riesgo de arbitraje político. Si la decisión responde a una cuestión de seguridad nacional, Volvo debería haber recibido un escrutinio similar. Si responde a una negociación comercial, Estados Unidos está usando el acceso al mercado como moneda de cambio.

En esta redacción entendemos que el caso Polestar va más allá del automóvil. Es una señal regulatoria para cualquier empresa europea que dependa de software chino en sus vehículos conectados. La próxima prueba será la respuesta formal del Departamento de Comercio a los concesionarios y la eventual presentación de alegaciones por parte de la compañía.


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