3El Mortero: el segundo baño del sendero, a veinte minutos de Los Pilones y sin la marabunta
El Mortero es la segunda poza del recorrido clásico de la Garganta de los Infiernos, y su principal virtud es lo que no tiene: la marabunta. La ruta sale del Centro de Interpretación de esta reserva natural, declarada en 1994, y en unos tres kilómetros desemboca en Los Pilones, el tramo más fotografiado del valle, con sus trece marmitas de gigante excavadas en el granito por la erosión del agua. Allí se queda el grueso de los visitantes, que llenan la pasarela y las pozas principales en julio y agosto. Pero el sendero no termina: quien continúa aguas arriba unos veinte minutos alcanza El Mortero, una poza más discreta que repite el mismo paisaje de pilones, toboganes naturales y agua fría y cristalina, solo que sin colas para bañarse ni gente haciendo fotos en cada salto. La recompensa es proporcional al esfuerzo extra, mínimo, de seguir andando cuando la mayoría da la vuelta.
Para quien ya ha caminado los tres kilómetros desde el centro de interpretación, desviarse a El Mortero no supone planificación adicional: es el mismo camino, solo que estirando el paseo hasta la zona alta de la garganta, más alejada del parking de pago de 5 euros junto a la N-110. Es la estrategia que recomiendan quienes repiten la visita: subir por el sendero en vez de bajar por la pista forestal permite encontrar pozas menos concurridas, y El Mortero es la primera de ellas, aún en plena reserva natural, entre robles y castaños y con el Chorrero de la Virgen cerca si se sigue ascendiendo. En plena canícula, cuando Los Pilones parece una playa urbana, este segundo baño devuelve al agua de montaña su sentido original: un remanso de granito, sombra de bosque y silencio, a solo veinte minutos del tumulto.



