Las claves principales del informe de Harvard sobre los cánceres más preocupantes en menores de 50 años

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La microbiota intestinal como escudo o factor de riesgo

Ladrillos de Scrabble que deletrean 'riesgo' esparcidos sobre un fondo de madera rústica, simbolizando incertidumbre.

Que la microbiota pueda actuar como escudo lo demuestra un estudio de Harvard T.H. Chan y Mass General Brigham publicado en Gut Microbes en febrero de 2025. Con datos de más de 150.000 profesionales sanitarios seguidos durante tres décadas, los autores identificaron 3.079 casos de cáncer colorrectal y hallaron Bifidobacterium, una bacteria presente en el yogur, en el 31% de los 1.121 tumores analizados. Quienes tomaban dos o más raciones de yogur a la semana presentaban un 20% menos de incidencia de cáncer proximal positivo para Bifidobacterium, un subtipo del lado derecho del colon, más agresivo y de peor supervivencia. El efecto era específico de esos tumores, no de la enfermedad en general, y los autores lo atribuyen a los cambios que el consumo prolongado de fermentados induce en el microbioma. Es la prueba más sólida de que un hábito dietético modula la microbiota y frena un subtipo concreto de tumor, lo que convierte al microbioma en una diana preventiva real, también para los más jóvenes.

El lado oscuro apareció en Nature en abril de 2025: un equipo internacional liderado por la Universidad de California en San Diego, con el español Marcos Díaz-Gay como primer firmante, secuenció 981 genomas de cáncer colorrectal de 11 países. La colibactina, una toxina de ciertas cepas de Escherichia coli, deja una huella mutacional 3,3 veces más frecuente en menores de 40 años que en mayores de 70, y cerca de la mitad de los casos precoces la presentaba. El daño se remonta a la primera década de vida: alrededor del 15% de las mutaciones conductoras del gen APC, de las más tempranas en el desarrollo tumoral, se asocian a esta toxina. La exposición infantil a esas bacterias podría adelantar el cáncer de los 60 a los 40 años, lo que encaja con el efecto de cohorte del aumento de casos en menores de 50. El equipo ya trabaja en una prueba no invasiva en heces para detectar esa exposición y en probióticos que desplacen a las cepas peligrosas.


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