Expertos de la UOC advierten: superar dosis de este suplemento puede causar toxicidad hepática

Una profesora de la UOC alerta de que abusar de complementos alimenticios provoca toxicidad hepática y renal. Te contamos qué dosis son seguras y qué señales no debes ignorar.

Si en tu mesita de noche hay más de un bote de vitaminas, esto te interesa. La UOC ha lanzado una advertencia clara a través de una de sus expertas: tomar suplementos por encima de la dosis indicada, o alargar el tratamiento más de lo necesario, puede desembocar en toxicidad hepática y renal. No es un aviso menor, porque miles de personas en España los consumen cada día sin supervisión médica.

María José Alonso, profesora colaboradora de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya, lo resume con una frase que debería quedarse grabada: «más no es mejor». Y añade un matiz que muchos pasan por alto: que un producto se venda sin receta o se etiquete como «natural» no significa que sea inocuo.

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Lo que dice la UOC sobre el riesgo real de los suplementos

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El mensaje de fondo no es alarmista, sino preventivo. La especialista explica que los complementos funcionan cuando son realmente necesarios, y que el primer error habitual es usarlos para sustituir una alimentación equilibrada en lugar de complementarla. Antes de comprar cualquier bote, conviene preguntarse si existe una carencia real que lo justifique.

El problema aparece cuando se mezclan varios productos a la vez, se superan las cantidades recomendadas o se alarga el consumo sin necesidad. Ahí es donde el cuerpo empieza a acumular sustancias que, en dosis normales, serían perfectamente seguras.

Por qué el hígado es el órgano que más sufre

La UOC señala directamente a las vitaminas liposolubles —A, D, E y K— como las principales sospechosas. A diferencia de las hidrosolubles, que el cuerpo elimina con relativa facilidad, estas se almacenan en el organismo, y ese almacenamiento facilita que se acumulen hasta alcanzar niveles perjudiciales para el hígado, el órgano encargado de metabolizar buena parte de lo que ingerimos, incluidos estos compuestos.

Una sobredosis de estas vitaminas puede provocar hipervitaminosis, con síntomas que van desde vómitos hasta, en los casos más graves, daños neurológicos. El exceso de ciertos minerales tampoco sale gratis: una ingesta excesiva de calcio, por ejemplo, favorece la formación de cálculos renales, otro frente que la experta pone sobre la mesa junto al hepático.

Cómo se llega a la toxicidad sin darse cuenta

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Nadie se sienta a calcular miligramos antes de tomar un suplemento, y ahí está parte del problema. La combinación de varios productos —un multivitamínico, un suplemento deportivo, una infusión «detox»— puede duplicar sin querer la ingesta de un mismo compuesto, algo que rara vez se lee en las etiquetas con claridad.

A esto se suma que muchos consumidores no consultan a un profesional sanitario antes de empezar, ni cuando deciden prolongar el tratamiento más allá de lo indicado. La percepción de que «es natural, así que no puede hacer daño» sigue siendo, según los expertos, uno de los principales motivos por los que se subestima el riesgo real.

Las instrucciones del envase no son un trámite

Más allá de la dosis, la forma de tomar cada suplemento también condiciona su seguridad. La hora del día, si se toma con o sin alimentos, la cantidad de agua o la duración del tratamiento influyen tanto en la absorción como en la tolerancia del producto, algo que muchas personas ignoran al leer el prospecto por encima.

Alonso pone como ejemplo los suplementos de hierro, que suelen absorberse mejor con el estómago vacío, aunque en algunos casos conviene tomarlos con comida para reducir las molestias digestivas. También desaconseja abrir o triturar cápsulas sin comprobar antes si esa manipulación afecta a su eficacia o seguridad.

Antes de dar el paso, conviene tener claros algunos puntos:

  • Comprobar si existe realmente una carencia que justifique el suplemento.
  • Consultar la dosis máxima diaria recomendada y no superarla «por si acaso».
  • Evitar mezclar varios productos sin conocer su composición completa.
  • Preguntar a un farmacéutico o médico si hay tratamientos con los que pueda interactuar.

Lo que viene: más control, menos improvisación

La buena noticia es que este tipo de advertencias están cambiando poco a poco la forma en que se habla de suplementación en España. Cada vez más profesionales sanitarios incorporan la pregunta «¿qué suplementos tomas?» en sus consultas habituales, algo que hace unos años era casi anecdótico.

El consejo de fondo, más que alarmar, busca devolver el sentido común a un hábito que se ha vuelto casi automático. Tomar un suplemento con cabeza —con la dosis justa, el tiempo justo y, siempre que sea posible, con el visto bueno de un profesional— sigue siendo la mejor forma de aprovechar sus beneficios sin poner en riesgo órganos tan importantes como el hígado o los riñones.


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