La recompra de deuda de EE.UU. dispara el oro y el bitcoin: Rallo lo analiza

La operación del Tesoro estadounidense para recomprar deuda larga con emisiones a corto plazo despierta el recelo de los mercados. El oro y el bitcoin suben mientras el dólar se debilita. ¿Inflación a la vista?

El Tesoro de Estados Unidos acaba de anunciar una operación que, sobre el papel, parece un malabarismo contable: desde el próximo 9 de septiembre y hasta el 4 de noviembre, duplicará como mínimo la recompra de deuda pública a largo plazo, financiando esa compra con emisiones a corto plazo. Juan Ramón Rallo lo analiza en su último vídeo y su conclusión es contundente: el mercado está leyendo la medida como el preludio de un dólar más débil. Por eso se han movido con fuerza activos refugio como el oro y el bitcoin.

Según explica Rallo en su canal, la lógica de la maniobra parte de una brecha evidente en los tipos de interés. La deuda estadounidense a un año paga en estos momentos en torno al 4%, sin llegar a esa cifra. En cambio, el bono a 30 años supera el 5,2%, y antes del anuncio llegaba incluso a rebasar el 5,3%. Ese diferencial, sostiene el analista, es lo que el Tesoro quiere explotar: se endeuda barato a corto plazo y usa esos dólares para recomprar y cancelar anticipadamente pasivos de largo plazo más costosos.

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La mecánica de la recompra y su primer tropiezo

Rallo ya había advertido en un vídeo anterior que los tipos de deuda soberana a largo plazo estaban repuntando en todo el mundo, un fenómeno que amenaza la estabilidad financiera de los gobiernos. La intervención recién anunciada es, en su opinión, un ejemplo de las respuestas que probablemente se repitan en el futuro para contener ese estallido. Pero avisa: no es magia. El efecto inicial del anuncio fue modesto: ayer, la rentabilidad del bono a 30 años cayó dos décimas, una caída visible no extraordinaria. Hoy, según Rallo, prácticamente ha devuelto todo lo que bajó.

El alcance del programa explica esa falta de tracción. La recompra anunciada ronda los 80.000 millones de dólares, mientras que el stock total de deuda pública estadounidense asciende a unos 40 billones. Para Rallo, esto parece más una carta de intenciones que una intervención con la escala necesaria para mover la curva de rendimientos de forma sostenida. El Tesoro muestra su disposición a actuar en los tramos largos, pero por ahora la cantidad comprometida es insuficiente para alterar los precios.

Detrás de esta operación late un objetivo estratégico que va más allá de contener un repunte puntual de tipos. Según Rallo, el Tesoro busca señalizar que está dispuesto a intervenir en el tramo largo de la curva siempre que lo considere necesario, aunque la herramienta actual sea limitada. Esa señal, bien interpretada, puede funcionar como una advertencia a los inversores que apuestan contra la deuda larga.

Lo que el mercado está interpretando de este anuncio es que vamos hacia un escenario de debilitamiento del valor del dólar para abaratar el coste de financiación del Tesoro.

— Juan Ramón Rallo

La deuda a corto plazo gana peso en la estructura del Tesoro

Rallo plantea una pregunta incómoda: ¿qué pasaría si el Tesoro ejecuta esta operación a una escala mucho mayor? La respuesta, según su análisis, es que aumentaría el peso de la deuda de corto plazo sobre el total. Ya está ocurriendo. En 2014, la deuda pública estadounidense con vencimiento inferior a dos años representaba el 37% del total; hoy ese porcentaje alcanza el 45%. La consecuencia inmediata es que un porcentaje creciente del pasivo debe refinanciarse cada año o cada dos años, frente al margen de 30 años que da un bono largo. Cuanto más pese la financiación corta, más billones tendrá que refinanciar el Tesoro anualmente.

La Fed y la dependencia silenciosa

El efecto menos obvio pero más relevante, subraya Rallo, tiene que ver con el papel de la Reserva Federal. El banco central estadounidense apenas influye en los tipos a largo plazo: en los últimos años, el tipo de intervención de la Fed ha ido cayendo mientras el bono a 30 años subía. Sin embargo, sobre los tipos de corto plazo la Fed sí ejerce una influencia mucho más poderosa, porque ofrece financiación a corto plazo al precio que ella misma fija. Si la deuda del Tesoro migra cada vez más a plazos cortos, su coste de financiación queda cada vez más en manos de la Reserva Federal. Eso, advierte el analista, solo es preocupante si la Fed es independiente. Si termina actuando como un teledirigido del Tesoro, ya sea por presión directa o por lo que llama obligación patriótica de no encarecer la refinanciación, el coste se pagará de otra manera: con una Fed que abandona la lucha contra la inflación, y un dólar que pierde valor.

Oro, bitcoin y el euro: el termómetro del mercado

Los mercados, a juicio de Rallo, ya han sacado sus conclusiones. Tras conocerse el anuncio, el dólar se debilitó visiblemente frente al euro. Y los activos refugio por excelencia reaccionaron: el oro pasó de 4.300 a 4.500 dólares la onza, mientras que bitcoin repuntó desde 64.000 hasta 71.000 dólares. Para el analista, no es una interpretación descabellada. Cuando un Estado está sobreendeudado y no quiere aplicar políticas de austeridad, el camino sencillo es reemplazar deuda larga cara por deuda corta barata y, llegado el caso, instrumentalizar al banco central. El caso límite, señala, sería emitir directamente dólares, el pasivo más corto que existe y que además no paga interés. La caída de la demanda de ese pasivo se traduce en un menor valor de la moneda y en una subida de precios de todo lo que está denominado en ella.

Contexto y lectura: ¿inflación silenciosa?

El anuncio no llega en un vacío. La deuda pública estadounidense ha crecido de forma sostenida desde la pandemia, y el coste de los intereses se ha convertido en una de las partidas más vigiladas del presupuesto federal. La operación de recompra descrita por Rallo se enmarca además en un debate recurrente sobre la independencia de la Reserva Federal, después de años de estímulos monetarios masivos. El hecho de que el programa comience tras las elecciones de medio término no es un detalle menor: reduce el ruido político en plena campaña. Todo apunta a que el Tesoro quiere enviar una señal de control sobre la curva, sin asumir todavía los costes definitivos de una medida a gran escala.

Para el ahorrador, la lectura que propone Rallo tiene implicaciones directas. Si la Fed prioriza la financiación barata del Tesoro sobre la estabilidad de precios, la inflación se convierte en una amenaza persistente, no en un episodio transitorio. Eso explicaría por qué activos sin rendimiento pero con oferta limitada, como el oro y el bitcoin, ganan atractivo cuando el dólar flaquea. El propio Rallo menciona opciones de exposición al oro a través de ETF respaldados por metal físico, aunque conviene recordar que ninguna recomendación de inversión sustituye al análisis personal. La cuestión de fondo no es si el Tesoro puede bajar los tipos largos con esta maniobra, sino si está dispuesto a pagar el precio de hacerlo.

La recompra de deuda a largo plazo con deuda a corto plazo es, según Rallo, una maniobra que parece técnica pero que encierra una apuesta de fondo: diluir el valor del dólar antes que afrontar la austeridad. Si el mercado acierta en su lectura, el repunte del oro y del bitcoin podría ser solo el principio. Queda por ver si la Reserva Federal se mantiene al margen o se convierte, en la práctica, en el brazo financiero del Tesoro.


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