La tensión entre Brasil y EE.UU. estalla: Washington revoca el visado a la embajadora de Lula

La medida de reciprocidad de Washington responde a la negativa de Brasilia a conceder visados a dos funcionarios estadounidenses y llega en plena campaña electoral, con Trump respaldando abiertamente al hijo de Bolsonaro.

La administración Trump ha revocado esta mañana el visado de la embajadora de Brasil en Washington, Maria Luiza Ribeiro Viotti. He analizado el comunicado del Departamento de Estado y las reacciones preliminares de Brasilia, y la conclusión es clara: no es un simple desencuentro burocrático, sino un nuevo frente en la guerra fría que libran Trump y Lula da Silva a meses de unas elecciones que podrían devolver el poder al bolsonarismo.

El detonante: dos visados denegados y un embajador sin luz verde

La respuesta de Washington es, según fuentes oficiales, una medida de reciprocidad después de que el Gobierno de Lula da Silva negara en julio los visados a Riley Barnes, secretario de Estado adjunto para Democracia, Derechos Humanos y Trabajo, y a uno de sus principales asesores. Ambos tenían previsto viajar a Brasilia para reunirse con representantes gubernamentales, líderes religiosos y organizaciones civiles, con una agenda centrada en la integridad electoral, la libertad religiosa y la libertad de expresión. Brasil interpretó esa visita como una intromisión en la campaña electoral, aunque Washington insistió en que se trataba de una misión diplomática rutinaria.

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A esta denegación se suma el retraso brasileño en conceder el plácet a Danny Perez, expresidente de la Cámara de Representantes de Florida y candidato de la Casa Blanca para ocupar la embajada en Brasilia. El Gobierno de Lula argumenta que el proceso no siguió los cauces habituales: Estados Unidos inició los trámites para enviar a Perez antes de solicitar formalmente el beneplácito, un procedimiento que Brasilia califica de irregular. Un alto diplomático brasileño explicó que “intentamos entender por qué la Casa Blanca tiene tanta prisa por cubrir la embajada cuando las elecciones presidenciales se celebrarán en octubre”.

“Hemos aplazado esta respuesta en varias ocasiones para dar margen a Brasil a cambiar de postura, pero la falta de reciprocidad nos ha obligado a actuar.” — Portavoz del Departamento de Estado de Estados Unidos, comunicado oficial del 5 de agosto de 2026

Un choque que va mucho más allá de los visados

Lo que subyace a esta tormenta diplomática es un deterioro profundo de las relaciones bilaterales, orquestado directamente desde la Casa Blanca. Trump ha mostrado sin disimulo su respaldo al expresidente Jair Bolsonaro —condenado a 27 años de arresto domiciliario por un intento de golpe de Estado— y a su hijo, el senador Flávio Bolsonaro, principal rival de Lula en los comicios de octubre. En paralelo, Washington ha intensificado medidas hostiles:

  • Designación de grupos criminales brasileños como organizaciones terroristas extranjeras: el Primer Comando de la Capital (PCC) y el Comando Rojo fueron incluidos en la lista negra, una decisión que Lula rechazó frontalmente porque, según Brasilia, otorga a Washington una excusa para una injerencia futura en asuntos de seguridad interna.
  • Aranceles punitivos de hasta el 37,5 %: la administración estadounidense impuso tarifas a miles de productos brasileños bajo el argumento de prácticas comerciales desleales y falta de acción contra el trabajo forzoso, acusaciones que el Gobierno brasileño califica de infundadas y políticamente motivadas para favorecer a Flávio Bolsonaro.

En este tablero, la alianza regional que encabeza Javier Milei, presidente de Argentina y aliado declarado de Trump, añade otra capa de tensión. Milei ha cultivado una relación estrecha con el exmandatario estadounidense y con líderes de la derecha brasileña, configurando un eje ideológico que aísla a Lula en el Cono Sur. La revocación del visado a la embajadora Viotti se produce, además, en un momento en que las encuestas muestran un empate técnico entre Lula y Bolsonaro hijo, lo que amplifica cualquier gesto de Washington como un intento de influir en el resultado.

Lula Trump

Análisis: lo que está en juego para Brasil y para el orden global

En mi lectura de esta crisis, la estrategia de Trump es binaria: o Brasil acepta al embajador que Washington ha elegido —un político afín al trumpismo— o su representante en Estados Unidos queda inhabilitada. No es una ruptura total, porque Ribeiro Viotti no será expulsada del país y podrá retomar sus funciones si se resuelve el contencioso. Pero el mensaje es inequívoco: la Casa Blanca está dispuesta a tensar la cuerda al máximo en un año electoral clave para Brasil.

Brasilia, por su parte, parece decidida a no ceder. El cálculo de Lula es doble: por un lado, mostrar firmeza frente a lo que considera un atropello a su soberanía; por otro, movilizar a un electorado que rechaza cualquier interferencia externa, especialmente de quien apoyó el golpismo. Sin embargo, el coste económico puede ser alto. Brasil exportó bienes por valor de más de 38.000 millones de dólares a EE.UU. en 2025, y los aranceles ya están erosionando esa cifra. La dependencia del mercado estadounidense para sectores como el acero, el zumo de naranja o las aeronaves es significativa.

🌍 El impacto en España y Europa

Para España y la Unión Europea, esta escalada tiene consecuencias directas e indirectas. Las empresas españolas con fuerte presencia en Brasil —Telefónica, Santander, Repsol o Iberdrola— operan en un entorno que se vuelve más impredecible. Cualquier deterioro de la economía brasileña, ya sea por aranceles, fugas de capital o incertidumbre política, afecta a sus balances y a la repatriación de dividendos.

Además, la tensión entre Washington y Brasilia podría acelerar las negociaciones del acuerdo comercial UE-Mercosur, estancado desde hace años. Si Trump cierra el grifo comercial a Brasil, Lula tendrá incentivos para buscar mercados alternativos, y Europa es el socio natural. Bruselas, sin embargo, deberá sopesar si un acercamiento a un Gobierno que coquetea con el proteccionismo y mantiene lazos con regímenes autoritarios es estratégicamente conveniente. De momento, lo único cierto es que el spread de riesgo país brasileño ha repuntado en las últimas horas y que los inversores europeos con exposición a la región miran de reojo las pantallas.

Y para el Euríbor, la conexión es indirecta pero potencial: si la incertidumbre geopolítica genera aversión al riesgo en los mercados de deuda emergente, los flujos de capital podrían refugiarse en bonos europeos, presionando a la baja las yields y, con ellas, el índice hipotecario. Aunque habrá que esperar a ver si la crisis escala.


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