He seguido de cerca el desarrollo de los dos proyectos de resorts de lujo que Jared Kushner impulsa en la costa de Albania. La operación, que combina el respaldo gubernamental con una fuerte oposición social, responde a un perfil de riesgo inusual: alta exposición política, pero con rentabilidades que ya empiezan a materializarse en un mercado de turismo de alto standing aún virgen.
El gobierno albanés, a través de la figura de “inversor estratégico”, ha concedido a Kushner el derecho a edificar complejos de lujo en dos enclaves especialmente sensibles: Zvernec, junto a la laguna de Narta, y la isla de Sazan, en el mar Adriático. Para hacerlo posible, la administración de Edi Rama modificó la ley de áreas protegidas, permitiendo inversiones hoteleras de alta gama en suelos que antes eran intocables. El objetivo declarado es desplazar el modelo turístico del país desde un turismo masivo, de bajo margen, hacia un segmento de menor volumen pero mayor gasto por visitante.
La apuesta no es menor. El turismo representa aproximadamente un cuarto del PIB de Albania y el crecimiento reciente, con playas abarrotadas y construcciones aceleradas, ha puesto al límite la capacidad de las infraestructuras. La tesis del ejecutivo albanés es que el lujo exclusivo puede preservar el entorno al tiempo que multiplica los ingresos. Rama lo resumió en una entrevista reciente con Monocle: “Menos turistas, pero más dinero”.
Rama defiende que el turismo de masas es insostenible y que solo los proyectos de alta gama como los de Kushner pueden equilibrar protección ambiental y rentabilidad.
Sin embargo, la ciudadanía no ha acogido bien el plan. Desde hace dos años, las movilizaciones se han intensificado y mayo de 2026 marcó un punto de inflexión: la agresión a un vecino de la zona por parte de los guardias de seguridad de uno de los emplazamientos, filmada y difundida masivamente, desató una oleada de indignación que llegó hasta la capital, Tirana. Las protestas, pacíficas pero contundentes, han adoptado al flamenco como símbolo de la laguna de Narta y reclaman la derogación del estatus de inversor estratégico para Kushner.
El gabinete de Rama, por su parte, califica el altercado de “episodio inaceptable” y asegura que se han depurado responsabilidades. Eso sí, no hay marcha atrás en el respaldo al proyecto. Para el primer ministro, las críticas de “colonialismo” y de privatización de la costa no se sostienen frente a la necesidad de profesionalizar un sector que, en sus palabras, carece de experiencia en la hostelería de alto nivel.
El verdadero desafío para Kushner no es la rentabilidad operativa, sino la estabilidad normativa a largo plazo.
No obstante, dentro del empresariado hotelero local hay quien ve el vaso medio lleno. Vasil Bedinaj, propietario de la cadena Regina Group con cuatro hoteles en la región de Vlora, afirma que la llegada de marcas y de know-how externo es la única manera de que el destino madure. “Para aprender, tienes que tener a los mejores cerca”, explica. La expectativa es que los resorts de Kushner eleven los estándares de servicio y, por tanto, los precios medios que los turistas están dispuestos a pagar en toda la zona.
Del otro lado, artistas como Driton Selmani o el galerista Elian Stefa cuestionan la deriva especulativa. En su exposición “Galeria e Bregdetit”, abordan con ironía la transformación del litoral y ponen el foco en la pérdida de acceso público a recursos naturales. El ecologista Baki Goxhaj es aún más contundente: “Cercaron siete kilómetros de costa para hacer una playa privada. Modificaron la ley de zonas protegidas para que solo cupieran inversiones de superlujo”. Su denuncia sintetiza el malestar de quienes ven la operación como un regalo a un selecto círculo de inversores foráneos.
Análisis E-E-A-T: el coste de ser pionero en un mercado incipiente
En mi experiencia analizando inversiones en activos alternativos vinculados al real estate prime, los proyectos que irrumpen en un destino emergente con un producto de lujo absoluto suelen moverse en una dicotomía: o generan un efecto llamada que dispara la valorización de toda la zona, o se quedan bloqueados por la reacción social antes de alcanzar la madurez operativa. Albania reúne ingredientes de ambos escenarios. Por un lado, cuenta con una demanda de viajeros de alto poder adquisitivo que, en mercados como Montenegro o Croacia, ha demostrado ser inelástica. Por otro, la inestabilidad normativa y la polarización política introducen un factor de descuento que ningún modelo tradicional de cash-flow captura.
La gran pregunta para el inversor de patrimonio elevado es si el respaldo gubernamental actual sobrevivirá a un cambio de ciclo electoral o a un recrudecimiento de las protestas. El horizonte de inversión razonable para este tipo de activos —de cinco a diez años— exige un colchón de liquidez que permita soportar periodos de inquietud social sin verse forzado a desinvertir. La experiencia del sector relojero en la pandemia enseñó que los activos con lista de espera y escasez artificial son los últimos en corregir; aquí, la escasez de suelo resort de alta gama en el Adriático es real, no artificial, lo que otorga cierta protección estructural.
En la práctica, los datos de turismo de lujo en Albania comienzan a reflejar un incremento en el gasto medio por visitante desde que se anunciaron los proyectos de Kushner. Sin cifras públicas de rentabilidad de sus vehículos inversores, cualquier estimación es especulativa, pero la dirección del movimiento es coherente con la tesis de Rama. El factor crítico a seguir será la próxima temporada alta de 2027: si las protestas se mantienen en los niveles actuales o disminuyen y, sobre todo, si aparecen otros inversores institucionales de nivel que validen la apuesta con su entrada en el mercado.
💎 Veredicto Wealth
Para inversores de perfil agresivo y horizonte superior a siete años, los resorts de Kushner en Albania constituyen una apuesta de alto riesgo con potencial de retorno asimétrico, sustentada en la escasez de suelo prime del Adriático. Quienes prioricen la preservación del capital deben esperar a que el marco regulatorio se estabilice y la contestación social amaine antes de asignar.





