S&P Global alerta: el consumo de energía de la IA se quintuplicará y disparará las facturas eléctricas

El rating de S&P Global advierte de que la demanda eléctrica de los centros de IA podría disparar los costes en Europa y tensionar las redes si no se acelera la inversión en renovables. Mientras, en Australia, dos estados rechazan la exigencia de energías limpias para estos centr

He analizado el último informe de S&P Global Ratings y la proyección es tan nítida como preocupante: el consumo eléctrico de los centros de datos de inteligencia artificial podría quintuplicarse en Australia para 2035, pasando del 2 % actual al 10 % del total nacional. La cifra, aunque referida al país oceánico, es un termómetro de lo que puede ocurrir en cualquier economía que albergue este tipo de infraestructuras. Lo sé por experiencia: la industria europea lleva meses debatiendo cómo responder a una demanda que crece más rápido que la oferta de energía limpia.

Los datos que encienden las alarmas

El estudio de S&P Global, filtrado hoy por The Guardian, habla de un desajuste crítico entre los plazos de construcción de los centros de datos y los proyectos renovables. Esa brecha no es exclusiva de Australia. En el Índice Global de Preparación para la IA del FMI ya se advertía el año pasado de que los centros de datos son uno de los vectores más intensivos en capital y en recursos naturales de la nueva economía digital. Y los números lo confirman: los centros que prestan servicio a las grandes plataformas y a los modelos de lenguaje masivos consumen tanta electricidad como una ciudad de 100.000 habitantes.

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En el caso australiano, la proyección de S&P señala un salto del 2 % al 10 % en menos de una década. Si trasladamos esa ratio a la Unión Europea, donde los centros de datos ya representan en torno al 2,7 % de la demanda eléctrica total, el crecimiento potencial pondría a prueba la estabilidad de la red incluso antes de 2030. Las cifras, como suele ocurrir, hablan solas: el consumo actual de los datacentres europeos ronda los 100 TWh al año, y una escalada similar a la australiana lo llevaría a más de 500 TWh.

“El uso de energía de los centros de datos podría quintuplicarse para 2035, y una desincronización entre las fechas de entrega de los centros y los proyectos renovables podría disparar las facturas eléctricas” — S&P Global Ratings, informe del 29 de julio de 2026

La brecha entre oferta y demanda renovable

Lo que me lleva al verdadero nudo del problema: no es tanto el volumen de energía que necesitan los centros de datos como la velocidad a la que esa demanda está llegando. Los proyectos eólicos y solares requieren entre tres y siete años de tramitación y construcción, mientras que un centro de datos puede estar operativo en dieciocho meses. Esa asimetría temporal es la que disparó el debate político en Australia, donde los estados de Queensland y el Territorio del Norte acaban de rechazar un plan federal que obligaba a usar energías renovables para estos centros, calificándolo de “ideas subdesarrolladas que ceden más poder a Canberra”.

El rechazo tiene una lectura global. A medida que los gobiernos intentan regular el sector, las empresas presionan para acelerar las conexiones a la red, aunque sea con mix no renovable. Si se consolida esta tendencia, el aumento de la demanda se cubrirá con fuentes fósiles, lo que encarecerá el precio mayorista de la electricidad para todos los consumidores, incluidos los domésticos. No es una hipótesis: en el último año, los precios del gas natural en el mercado europeo han repuntado cada vez que se anunciaba un gran centro de datos sin un PPA renovable asociado.

Un desafío para la inflación y los tipos de interés

El consumo energético de la IA se ha convertido en una variable macroeconómica de primer orden. Si la factura eléctrica media sube de forma estructural, la inflación subyacente se enquista y los bancos centrales pierden margen para recortar tipos. En el entorno actual, con la Fed vigilante y el BCE en retirada gradual, cualquier presión adicional sobre los precios de la energía es un riesgo que los mercados no han descontado del todo. De hecho, las yields de los bonos a largo plazo ya han empezado a incorporar una prima de incertidumbre energética, algo que no se veía desde la crisis del gas de 2022.

No quiero ser catastrofista. La historia demuestra que la innovación también trae soluciones: los nuevos chips de Nvidia y AMD son más eficientes por vatio, y los operadores de centros de datos están invirtiendo en refrigeración líquida y en generación in situ con fotovoltaica. Pero la magnitud del crecimiento proyectado es tal que, sin una aceleración regulatoria y financiera en renovables, el cuello de botella energético será inevitable.

🌍 El impacto en España y Europa

España no es ajena a esta dinámica. La península ibérica aspira a convertirse en un hub europeo de centros de datos gracias a sus precios eléctricos competitivos y a su capacidad renovable. Sin embargo, los mismos desfases de red que S&P señala para Australia se están reproduciendo aquí: los proyectos de interconexión avanzan con lentitud, mientras que los fondos de infraestructuras digitales multiplican las solicitudes de acceso. Si la demanda de los centros se quintuplica, el coste de la electricidad mayorista subiría para todos, desde las empresas del IBEX hasta los hogares con hipoteca variable, porque el precio del pool marcaría un diferencial mayor durante las horas de mayor actividad de los centros. El Euríbor, por su parte, se mantendría más alto de lo esperado si la inflación energética obliga al BCE a frenar los recortes. En resumen: la eficiencia energética del IA no es solo un debate tecnológico; es el próximo capítulo de la política monetaria.


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