Omán ha enviado una propuesta formal a Teherán para gestionar el estrecho de Ormuz de manera conjunta y regional, mientras que Irán ha planteado un plan temporal que le otorga mayor control sobre el tránsito marítimo. He analizado los detalles de ambas propuestas y el contexto de un conflicto que tiene en vilo al 25% del petróleo y gas que consume el planeta.
Omán propone un mecanismo regional inspirado en Malaca
La iniciativa de Mascate, presentada este mismo martes a las autoridades iraníes, apuesta por un modelo de gobernanza compartida que se financiaría con contribuciones voluntarias de los países de la zona y de las navieras. La idea se inspira directamente en el estrecho de Malaca, donde una fundación privada —sin control estatal exclusivo— cubre la seguridad de la navegación, la protección ambiental y las operaciones de búsqueda y rescate.
Según fuentes del Golfo citadas por medios locales, la propuesta cuenta con el respaldo de varias capitales de la región y persigue un objetivo claro: impedir que la República Islámica de Irán ejerza un poder de veto unilateral sobre una vía que, en tiempos de paz, canaliza una cuarta parte del crudo y del gas natural licuado que se comercializa a escala mundial.
Lo que me llama la atención del planteamiento omaní es su realismo: no busca resolver la crisis política de fondo, sino crear un cortafuegos operativo que mantenga abierto el paso incluso durante las hostilidades.
Irán amenaza con vetos y Trump sacude la negociación
En paralelo, el Gobierno iraní ha lanzado este martes una advertencia contundente: cualquier empresa o país que reciba dinero de activos iraníes congelados será vetado en el estrecho. Es una medida que, de aplicarse, podría cerrar de facto el acceso a armadores y petroleras con intereses financieros vinculados a fondos bloqueados en el exterior.
“Cualquier empresa o país que reciba dinero de activos iraníes congelados será vetado en el estrecho de Ormuz.” — Gobierno de la República Islámica de Irán, según declaraciones oficiales recogidas este martes
El contexto no ayuda a rebajar la tensión. En una entrevista con la cadena Fox, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, evocó la posibilidad de atacar el complejo militar subterráneo del monte Pickaxe y advirtió que Teherán “no tendrá nunca una bomba nuclear”, aunque admitió haber mantenido “buenas conversaciones” con las autoridades iraníes en las últimas horas.
Mientras, las fuerzas jordanas derribaban un dron no identificado que penetró en su espacio aéreo, e Israel interceptaba otro aparato cerca de su frontera con el reino hachemita. Son signos de que, pese al cese parcial de los bombardeos estadounidenses sobre infraestructura iraní durante los últimos tres días, la situación sigue siendo extraordinariamente volátil.
El análisis: el petróleo mundial en un punto de estrangulamiento
Lo que se está discutiendo en estas conversaciones telefónicas y diplomáticas —con Omán como mediador y las capitales del Golfo intentando esquivar un conflicto mayor— no es un simple reparto de competencias portuarias. Es la arquitectura de seguridad del suministro energético global. Casi el 25% del petróleo transportado por mar transita por el estrecho de Ormuz, un embudo de apenas 33 kilómetros de ancho en su punto más angosto.
Si Irán impone su control temporal o si las amenazas de veto se materializan, los mercados de futuros del Brent y del WTI reaccionarían con un repunte inflacionista inmediato. Las economías europeas, todavía con el recuerdo de la crisis del gas de 2022, verían subir sus costes industriales y se enfrentarían a un BCE que tendría que elegir entre combatir la nueva oleada inflacionaria o proteger el crecimiento.
Una diferencia clave con episodios anteriores —como la crisis de los misiles en 1988 o las tensiones con Irán en 2019— es que ahora el conflicto armado está activo y ya ha provocado ataques directos sobre infraestructura crítica. Cualquier escalada militar que roce el estrecho puede interrumpir físicamente el tráfico de petroleros durante días o semanas.
El factor que más me preocupa es la superposición de dos lógicas irreconciliables: Omán quiere un pool regional que diluya el poder iraní; Irán necesita demostrar —dentro y fuera de su régimen— que mantiene una carta de presión geopolítica que ningún ataque aéreo puede arrebatarle.
🌍 El impacto en España y Europa
Cualquier bloqueo del estrecho de Ormuz dispararía el precio del barril de Brent por encima de los 130 dólares en cuestión de horas, según modelos de simulación internos de la Agencia Internacional de la Energía. Para España, importador neto de crudo, eso se traduce en un encarecimiento inmediato del transporte, la electricidad y los productos químicos. El Euríbor a doce meses, que ya descuenta dos recortes del BCE para 2026, se dispararía al incorporar la prima de riesgo inflacionista, elevando las cuotas de las hipotecas variables. Las grandes compañías del IBEX 35 con exposición a materias primas —como Repsol o Cie Automotive— se moverían con alta volatilidad, mientras el consumidor medio español vería erosionarse su poder adquisitivo justo en un otoño que ya se anticipaba difícil.




