El biólogo Martin Picard lleva una década preguntándose algo que los manuales de psiquiatría rara vez mencionan: ¿qué papel juega la energía celular en la experiencia de estar vivo? Su respuesta, cada vez más respaldada por experimentos y colegas, es una teoría mitocondrial de la mente que sitúa a estos orgánulos como el puente entre el cuerpo, el estrés y la conciencia. Si la energía se detiene, “ya no hay tú”, ha dicho.
Picard, que dirige el Laboratorio de Psicobiología Mitocondrial en la Universidad de Columbia, no habla de metáforas. En julio de 2021 se encerró durante 24 horas en una cámara metabólica —una de las 50 que existen en el mundo— para medir el coste energético mínimo de existir. Conectado a un goteo intravenoso y sin poder moverse más allá de una cama de 90 centímetros, pasó el día leyendo y completando encuestas sobre su estado de ánimo mientras los investigadores analizaban cada muestra de sangre y saliva. El objetivo: entender cómo el gasto energético basal se relaciona con la salud mental.
Aquella experiencia no fue un capricho. Para Picard, las mitocondrias son los resistores de un circuito que convierte la energía química en señales con sentido. Producen la molécula que alimenta nuestras células —el ATP—, pero también procesan neurotransmisores, hormonas del estrés y miles de metabolitos. “Son el portal entre el genoma inerte y el entorno dinámico”, explica. De modo que un desequilibrio en ese flujo de energía podría traducirse directamente en ansiedad, niebla mental o depresión.
La hipótesis, que acaba de recibir un impulso mediático gracias a un extenso reportaje de Quanta Magazine, propone que el estado energético de las mitocondrias define estados de salud o enfermedad. Cuando el organismo enfrenta una demanda extra —una infección, un trauma emocional, la falta de sueño— el presupuesto energético celular se resiente y aparecen síntomas que la medicina convencional suele atribuir solo a desequilibrios neuroquímicos. “Las mitocondrias son más importantes de lo que les reconocemos; pueden tener un efecto instantáneo sobre el cerebro”, afirma Jon Brestoff, inmunólogo de la Universidad de Washington en San Luis.
Para demostrarlo, Picard ha desarrollado tecnologías de “mitotipado” que permiten clasificar las mitocondrias según su actividad y expresión génica. En experimentos con ratones, comprobó que al alterar los orgánulos —incluso sin modificar su capacidad de generar energía— cambiaba la respuesta al estrés psíquico de los animales. “Si cambias las mitocondrias, cambias cómo el organismo percibe el estrés”, resume.
Las mitocondrias son el portal entre el genoma inerte y el entorno dinámico.
Mitocondrias: mucho más que fábricas de energía
Hasta hace poco, la biología reducía a estos orgánulos al papel de centrales eléctricas. Sin embargo, descubrimientos de la última década muestran que son auténticos orquestadores celulares. Producen los materiales necesarios para fabricar neurotransmisores como el glutamato y la acetilcolina, regulan la síntesis de hormonas esteroideas —cortisol, estrógeno, testosterona— y amortiguan las señales de calcio que coordinan desde la contracción muscular hasta la transcripción genética. Incluso deciden cuándo una célula dañada debe autodestruirse.
Ese catálogo de funciones explica, según Picard, por qué las personas con disfunciones mitocondriales suelen experimentar síntomas que van más allá del cansancio: alteraciones del ánimo, dificultad para concentrarse y una menor resiliencia al estrés. “La gente nota cuando algo bueno le da más energía; es una experiencia subjetiva real”, observa. Su teoría convierte esas sensaciones en un dato biológico medible.
La cámara metabólica: medir el coste de existir

La estancia de Picard en la cámara metabólica fue el primer ensayo de un experimento más amplio. La instalación, que parece una celda diminuta con lavabo y retrete, impide cualquier gasto energético superfluo para calcular con precisión las calorías que el cuerpo necesita simplemente para seguir vivo. Mientras él dormía monitorizado, los científicos medían su consumo de oxígeno en paralelo a las hormonas del estrés. El dato revelador no fue solo cuánta energía quemaba, sino cómo variaba minuto a minuto en función de su estado de ánimo.
Los resultados preliminares, aún en análisis, sugieren que las fluctuaciones energéticas se correlacionan con la percepción de bienestar. “Todo cuesta energía”, insiste Picard, incluso el miedo escénico que sintió al dar una conferencia en un simposio en diciembre de 2025. Aquel día, vestido con un jersey que llevaba bordada una caricatura de una mitocondria, explicó a más de cien científicos por qué la biología energética debería ocupar el centro de la medicina.
Un paradigma energético para la salud mental
La propuesta de Picard choca con el dogma que otorga a los genes el control último de la salud. Para él, el flujo de electrones desde los alimentos hasta el oxígeno —el metabolismo en su estado más básico— es el nivel fundamental de la conciencia. “Si el flujo se detiene, se acaba la conciencia, las emociones, la vida”, ha declarado. Aunque la idea resulta provocadora, cada vez más investigadores la consideran plausible. “No es descabellada en absoluto; Martin aporta una mirada fresca”, dice Brestoff.
La teoría mitocondrial de la mente tiene implicaciones clínicas ambiciosas. Si los trastornos mentales reflejan déficits energéticos, cabría diseñar terapias que reparen o potencien la función de los orgánulos. Picard ya trabaja en colaboraciones con psiquiatras para medir la actividad mitocondrial en pacientes con depresión resistente al tratamiento. No obstante, él mismo advierte que la hipótesis necesita validación independiente y ensayos a gran escala antes de convertirse en práctica clínica.
Mientras tanto, el biólogo sigue sumando adeptos. En aquel simposio de diciembre, volaron expertos desde Alabama hasta Nueva York para discutir hallazgos tan diversos como la bioenergética de las células inmunitarias o la percepción del tiempo. La sala rebosaba de la convicción de que algo importante estaba naciendo. O, como diría Picard, de que un nuevo patrón de resistencia acababa de encenderse en el circuito.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: La teoría mitocondrial de la mente propone que los orgánulos energéticos son la base de la conciencia y regulan estados anímicos como la ansiedad o la depresión.
- Dónde: Desarrollada en el Laboratorio de Psicobiología Mitocondrial de la Universidad de Columbia, Nueva York.
- Institución responsable: Columbia University Irving Medical Center, con colaboración de la Universidad de Washington en San Luis y otras instituciones.
- Cuándo: La hipótesis se ha ido consolidando a lo largo de la última década; un simposio clave se celebró en diciembre de 2025.
- Impacto a futuro: Abre una nueva rama de la medicina que podría explicar los trastornos mentales como déficits energéticos y sugiere tratamientos basados en la bioenergética celular.





