Los textos bíblicos narran cómo la multiplicación de los panes y los peces logró alimentar a una multitud a partir de la escasez. Froneri Iberia, la joint venture entre Nestlé y el fondo PAI Partners, también ha obrado su propio ‘milagro’: disparar sus ventas fabricando menos helados. Aunque, en este caso, el prodigio tiene poco de divino y mucho de estrategia empresarial, basada en subidas de precios y reduflación.
Froneri es el gigante que domina los arcones de helados en España. Nacida en 2016 como una sociedad conjunta entre Nestlé y el fondo de capital riesgo PAI Partners, la compañía comercializa marcas tan icónicas como Maxibon, Pirulo, Extreme, Nuii o las licencias de Milka y Oreo. Este potente catálogo le ha permitido incrementar de forma notable su facturación. En 2021, la empresa ingresó 162,1 millones de euros. Tres años después, al cierre de 2024, su cifra de negocios alcanzó los 250,7 millones de euros, lo que supone un crecimiento del 54,6%.
Sin embargo, este éxito no responde a un aumento del consumo de helados en España. Entre 2021 y 2024, el consumo cayó cerca de un 6%. Tampoco se explica por un incremento del poder de mercado de Nestlé. En realidad, el crecimiento de Froneri durante los últimos años se ha apoyado en una agresiva política de precios y una reducción del tamaño de algunos productos, una combinación que ha convertido a la compañía en una auténtica máquina de generar caja. Gran parte de ese efectivo ha terminado en manos de su matriz británica.
Nestlé y el truco detrás del negocio de los helados
El primer mecanismo es también el más evidente: Nestlé trasladó la inflación al consumidor mediante sucesivas subidas de precios. La propia compañía lo reconocía en su Memoria de 2022, donde afirmaba: «Para compensar el impacto de la inflación de los costes de explotación, la Sociedad ha implementado subidas de precios a clientes».
Para detectar el posible impacto de la reduflación en los helados de Nestlé hay que analizar con más detalle los datos de producción de su fábrica de Araia (Álava). En 2021, la planta consumió 217.200 toneladas de materias primas —leche, nata, azúcar o estabilizantes, entre otros ingredientes— para fabricar sus helados. Sin embargo, en 2024 ese volumen descendió hasta 130.775 toneladas, lo que supone una reducción cercana al 40% en el uso de materias primas.
El contraste resulta llamativo: Nestlé logró aumentar significativamente su facturación mientras reducía de forma drástica el volumen de ingredientes empleados en su producción.
El otro ‘milagro’ de Nestlé: multiplicar los dividendos
El éxito de Nestlé y Froneri también ha tenido una clara consecuencia para sus accionistas: trasladar buena parte del capital generado en España a su matriz, Froneri International Limited, con sede en Reino Unido.
En los últimos tres ejercicios, la compañía ha distribuido más de 128 millones de euros en dividendos. Sin embargo, no todo ese importe procedía de los beneficios obtenidos durante esos años. Para lograrlo, la empresa recurrió a un mecanismo contable habitual en operaciones de private equity: la distribución de fondos procedentes de la prima de emisión.
Esta partida del patrimonio neto, generada cuando los socios aportan capital por encima del valor nominal de las acciones, permite repartir liquidez entre los accionistas sin depender exclusivamente del beneficio anual y, además, con importantes ventajas fiscales.
Las cifras ilustran la magnitud de la operación. En 2022, pese a obtener un beneficio de apenas 6,49 millones de euros, Froneri aprobó un dividendo récord de 94 millones, financiado con 65 millones procedentes de reservas y 29 millones de la prima de emisión. En 2023 volvió a distribuir 6,5 millones de euros, íntegramente con cargo a esta última partida. Finalmente, en 2024 aprobó un nuevo dividendo de 28 millones de euros, de los que 22 millones salieron de la prima de emisión y 6 millones de las reservas.
¿Adiós a los helados de Nestlé?
Detrás de toda esta ingeniería operativa, contable y financiera se encuentra un desenlace inesperado: la salida de Nestlé del negocio de los helados.
La multinacional suiza ha iniciado una profunda transformación estratégica que marca un antes y un después en su modelo de negocio. Nestlé ha decidido abandonar el mercado de los helados y reducir su exposición al negocio del agua embotellada, una reorientación que busca concentrar sus recursos en divisiones con mayor rentabilidad y mejores perspectivas de crecimiento.
Esta decisión llega en un contexto de revisión interna, cambios en la dirección y una creciente presión por simplificar la estructura del grupo tras varios años marcados por ajustes financieros y diversas crisis reputacionales. El objetivo es reforzar aquellas áreas con mayores márgenes y estabilidad, en un momento en el que el sector alimentario afronta cambios profundos en los hábitos de consumo, con una demanda creciente de productos saludables, funcionales y sostenibles.
En definitiva, Nestlé deja atrás una etapa clave en el mercado español de los helados. La compañía ha atravesado episodios de crisis sanitaria y dificultades reputacionales, pero ha conseguido transformar su negocio hasta convertirlo en una importante fuente de generación de caja y dividendos. Aunque la marca Nestlé desaparezca del sector heladero, su estrategia deja una lección clara para la industria: vender menos volumen puede resultar mucho más rentable si se combina con subidas de precios, reduflación y una eficiente gestión financiera.





