WindEurope pide a la Comisión Europea reorientar el ETS para la electrificación industrial

La patronal eólica reclama que los 43.000 millones del ETS vayan a electrificar la industria. La Comisión presentará la revisión el 17 de julio.

El sistema de comercio de emisiones de la UE (ETS) recaudó 43.000 millones de euros en 2025, un récord que ha puesto sobre la mesa un debate incómodo: ¿qué se hace con ese dinero? WindEurope, la patronal eólica continental, ha lanzado un aviso claro a la Comisión Europea: llegó la hora de reorientar esos fondos hacia la electrificación industrial, el único camino inmediato para sustituir combustibles fósiles y reforzar la soberanía energética.

El próximo 17 de julio, la Comisión presentará su propuesta de revisión del ETS junto con el esperado Plan de Acción para la Electrificación. WindEurope quiere que esa cita no sea otro documento burocrático. Su petición es concreta: los ingresos del sistema deben dejar de dispersarse en proyectos de hidrógeno o captura de carbono que aún no escalan, y concentrarse en sectores preparados para electrificarse con tecnologías ya disponibles.

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La factura del ETS: 43.000 millones y una industria aún sin electrificar

Las cifras que maneja la asociación reflejan un desajuste molesto. De los 43.000 millones ingresados por la venta de derechos de emisión en 2025, solo en torno al 5% se ha asignado a la descarbonización industrial. El resto, según fuentes comunitarias, se canaliza hacia partidas presupuestarias nacionales que en muchos casos no guardan relación con la transición energética.

Mientras tanto, la demanda de calor industrial sigue dominada por el gas natural y el carbón. WindEurope subraya que 930 teravatios hora (TWh) de esa demanda son técnicamente electrificables con bombas de calor industriales, hornos de arco eléctrico o calderas de electrodos. Pero la electricidad apenas cubre el 4% de ese calor. «Una brecha difícil de justificar», apuntan en Bruselas.

El Fondo de Innovación de la UE, uno de los instrumentos clave del ETS, acumulaba 12.300 millones de euros en financiación aprobada a junio de 2025. Sin embargo, los desembolsos reales no llegaban a 331,8 millones. Es decir, se ha desembolsado menos del 3% del dinero disponible. Para WindEurope, este atasco demuestra que los mecanismos actuales son demasiado lentos para una emergencia climática que avanza rápido.

El ETS está generando una montaña de dinero mientras las empresas que quieren electrificarse no encuentran financiación directa. Algo falla en el sistema.

El 17 de julio, la fecha que marcará el rumbo

La revisión del ETS se anuncia como una de las decisiones más importantes del semestre en política energética. WindEurope insiste en que, si Europa quiere de verdad reducir su dependencia de los combustibles importados —más del 60% de su energía viene de fuera—, debe apostar por una electrificación masiva apoyada por la eólica y la solar.

«Los ingresos del ETS deben destinarse a proyectos de electrificación», afirmó Tinne Van der Straeten, directora ejecutiva de la patronal. «Esa es la forma de reforzar la competitividad y la soberanía de Europa. La electrificación sustituye de forma inmediata los combustibles fósiles por electricidad generada aquí».

El mensaje es nítido: no se puede seguir financiando proyectos de hidrógeno verde que tardarán una década en ser rentables mientras hay miles de plantas industriales que podrían eliminar emisiones mañana mismo enchufándose a la red. La patronal eólica pide que los criterios de adjudicación del Fondo de Innovación y del Fondo de Modernización se revisen para dar prioridad a la demanda cercana.

El dilema de fondo: ¿electrificar o esperar al hidrógeno?

El debate trasciende al ETS. En juego está el modelo de descarbonización europeo. Durante años, la Comisión ha tratado de impulsar el hidrógeno renovable como vector clave, pero la realidad es tozuda: los electrolizadores producen a cuentagotas y los costes siguen siendo prohibitivos para la industria media. Mientras tanto, más de 70 GW de potencia eólica instalada en Europa esperan que la demanda crezca para evitar vertidos y recortes.

WindEurope no rechaza el hidrógeno, pero sí la tentación de apostar todo a una tecnología que todavía no puede competir sin subsidios masivos. «Si el ETS se convierte en una herramienta para financiar proyectos de baja madurez, perderá credibilidad como señal de precio de carbono», advierten fuentes cercanas a la asociación. La patronal recuerda que el coste de almacenamiento en baterías y la electrificación directa ofrecen reducciones de CO₂ mucho más rápidas y medibles.

La propia Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha señalado que la industria podría ahorrar 2,5 gigatoneladas de CO₂ al año si se acelera la electrificación del calor y de los procesos de baja temperatura. Europa, con su músculo industrial, está en una posición inmejorable para liderar esa transición, pero el dinero del ETS no está fluyendo hacia allí donde más impacto podría tener.

El problema es sistémico. Desde que el ETS empezó a generar ingresos significativos, los Estados miembros han utilizado el dinero para tapar agujeros fiscales o compensar a hogares vulnerables, ignorando casi por completo la electrificación industrial. WindEurope no solo reclama un giro en la asignación; pone sobre la mesa la necesidad de que el propio diseño del ETS deje de penalizar la electricidad frente al gas. Hoy, una industria que se electrifica paga el mismo precio de carbono que una que sigue quemando gas, pero además asume el coste de la inversión en equipos eléctricos. Es un desincentivo perverso.

El Fondo de Modernización, que recibe el 2% de los derechos de emisión, ha repartido 15.000 millones desde 2021, pero apenas un 12% se ha destinado a eficiencia energética en la industria. La mayoría financió renovables a gran escala, que ya tienen su propio recorrido. WindEurope sugiere un reequilibrio: que los fondos del ETS fluyan hacia donde el mercado no llega por sí solo, y eso es precisamente la electrificación del calor de proceso, el talón de Aquiles de la descarbonización.

Desde el punto de vista de la competitividad, la demora es preocupante. Estados Unidos, con la Inflation Reduction Act, ha movilizado cientos de miles de millones en créditos fiscales para la electrificación industrial. China sigue ampliando su red de calor industrial renovable. Si el ETS europeo no se convierte en un acelerador, las empresas del continente perderán margen frente a sus rivales transatlánticos y asiáticos. La electrificación industrial no es una promesa de futuro; es una realidad técnica que ya está en en marcha en muchos sectores, solo que falta la tubería financiera que la haga crecer.

El 17 de julio sabremos si la Comisión escucha este planteamiento o vuelve a enredarse en un reparto de fondos que contente a todos, pero no reduzca emisiones. Los 43.000 millones del ETS de 2025 demuestran que el dinero existe. La pregunta es si se utilizará para plantar las renovables que ya generan empleo y reducen importaciones o para regar proyectos que aún no han demostrado su viabilidad a escala.


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