EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Rodalies de Catalunya ha obtenido una nota de 5,5 en la última encuesta de movilidad del área metropolitana de Barcelona, la más baja de todas las opciones de transporte público.
- ¿Quién está detrás? La Autoritat del Transport Metropolità (ATM) y el Institut Metròpoli, que publican anualmente la Encuesta de Movilidad en Día Laborable (EMEF).
- ¿Qué impacto tiene? La valoración del servicio de Cercanías catalán cae casi un punto en cuatro años y roza el suspenso, mientras el vehículo privado gana peso por tercer año consecutivo.
Rodalies ha vuelto a sacar la peor nota de la clase. La encuesta de movilidad en día laborable (EMEF) correspondiente al ejercicio 2025 y publicada este viernes por la ATM le otorga un 5,5 de valoración por parte de los usuarios, medio punto por debajo del 5,8 del año anterior. Es la consolidación de una tendencia que aleja al servicio ferroviario de cercanías del aprobado sólido: hace solo cuatro años, en la edición de 2022, la nota era de 6,4.
El dato confirma que Renfe sigue sin encontrar la tecla en Cataluña. Las incidencias recurrentes en la red de Cercanías de Barcelona —ahora bajo el paraguas de la Generalitat tras el traspaso—, los retrasos y la percepción de falta de inversión se traducen en una caída de confianza que ningún otro operador de transporte público de la región metropolitana comparte. El resto de modos analizados mantienen o mejoran su puntuación.
La comparación que deja a Rodalies fuera de juego
El termómetro de la EMEF, elaborado a partir de más de 10.000 entrevistas, sitúa al tranvía como el transporte público mejor valorado, con un notable 8. Le siguen los Ferrocarrils de la Generalitat (FGC), con un 7,8; los buses urbanos de TMB, con un 7,3; el metro, con un 7,1; y el bus interurbano, que alcanza un 7. Ninguno baja del notable, salvo Rodalies, que ni siquiera llega al bien.
La brecha es especialmente significativa con FGC, que opera líneas de cercanías en el Vallès y el Baix Llobregat. FGC obtiene 2,3 puntos más que Rodalies pese a compartir un perfil de usuario similar y una función metropolitana comparable. La diferencia apunta a la percepción del mantenimiento, la frecuencia y la información al viajero, aspectos en los que Rodalies acumula quejas históricas.
En el conjunto de modos de transporte —público y privado—, la bicicleta y los desplazamientos a pie o en moto comparten la máxima puntuación: un 8,5. La bici desbanca por primera vez al ir andando, que hasta ahora lideraba la tabla.
El sorpasso silencioso del coche y la fractura territorial
Más allá de las notas, la EMEF revela un cambio de hábitos que inquieta a los planificadores. El uso del vehículo privado crece por tercer año consecutivo y gana casi dos puntos porcentuales de cuota en solo dos ejercicios. No es un repunte puntual: se consolida en paralelo al aumento de los desplazamientos interurbanos, precisamente el territorio donde Rodalies pierde tracción.
El transporte público también suma viajeros —metro y bus baten récords mes a mes—, pero el balance dibuja dos velocidades. En Barcelona ciudad reinan el transporte colectivo y la movilidad activa; en el área metropolitana más alejada y en la región metropolitana, el coche es el modo dominante. Casi la mitad de los desplazamientos metropolitanos sin contar la capital se hacen en vehículo privado.
Rodalies pierde casi un punto de confianza en cuatro años mientras FGC sube y el coche araña viajeros en los trayectos donde el tren falla.
Hoja de Ruta: Claves del Viaje
El impacto de esta nota se mide en desafección. Un servicio que roza el suspenso disuade al viajero ocasional y empuja al habitual hacia alternativas: el coche, el autobús interurbano o, en los corredores donde existe, FGC. La factura se paga en congestión, emisiones y tiempo de desplazamiento, justo lo que la política de movilidad metropolitana lleva años intentando revertir.
La zona cero es el área metropolitana de Barcelona, especialmente los municipios del Vallès Oriental y Occidental, el Baix Llobregat y el Maresme, donde la dependencia de Rodalies es alta y las frecuencias, bajas. La percepción ciudadana es que el traspaso a la Generalitat, completado en 2024, aún no ha traducido en mejoras visibles. Renfe mantiene la operación pero la capacidad de decisión recae ahora en el Govern, que hereda una red con déficits crónicos de infraestructura.
El dato clave es el 5,5: es la nota más baja de la serie histórica reciente y deja a Rodalies a medio punto del suspenso. La tendencia es inequívoca: 6,4 en 2022, 6,1 en 2023, 5,8 en 2024 y ahora 5,5. Si la curva no se dobla, la edición de 2026 —que medirá la experiencia de viaje de este año— podría certificar el primer suspenso de un modo de transporte público metropolitano desde que la EMEF existe.
En el pulso entre operadores, FGC emerge como el espejo en el que Rodalies no quiere mirarse pero debería. La diferencia de 2,3 puntos no se explica por el material rodante ni por la edad de las líneas: FGC también arrastra tramos antiguos, pero puntúa mucho mejor en frecuencia, limpieza e información. La lectura a medio plazo es que, si el traspaso no acelera inversiones y mejoras operativas, el coche seguirá comiendo terreno en el cinturón metropolitano, justo donde más urge descarbonizar la movilidad.
La foto final de la EMEF incluye un apunte sobre electrificación que refuerza el desafío. La mitad de los encuestados sigue apostando por el motor de combustión, un 16% optaría por híbridos no enchufables y solo uno de cada diez contempla un eléctrico puro. Son cifras que, cruzadas con el auge del vehículo privado, alertan sobre una transición ecológica que avanza más despacio de lo esperado en el transporte metropolitano.
La próxima cita es la publicación de la EMEF 2026, dentro de un año. Para entonces, Rodalies necesitará algo más que promesas de inversión: los viajeros juzgan con el billete y con la nota.




