He analizado el comunicado emitido hoy, 1 de julio, por la Oficina del Representante de Comercio de Estados Unidos (USTR) y la noticia es contundente: Washington no ha aceptado renovar el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (USMCA, conocido como T-MEC). La decisión, confirmada por el Representante de Comercio Jamieson Greer, activa un mecanismo de revisión anual que mantendrá en vilo a los tres socios comerciales durante la próxima década.
México y Canadá habían solicitado formalmente la prórroga automática de 16 años, prevista en el texto del acuerdo desde su entrada en vigor en 2020. Sin embargo, la administración Trump considera que el pacto no ha corregido los déficits comerciales bilaterales que, según Washington, perjudican a la economía estadounidense.
La decisión de la Administración Trump y sus consecuencias inmediatas
El anuncio llega en un momento clave: hoy era la fecha límite para la primera revisión conjunta obligatoria del USMCA. Al no alcanzar un acuerdo, se activa el artículo que establece revisiones anuales hasta la fecha de expiración definitiva, en 2036. Esto implica varios cambios inmediatos:
- La prórroga de 16 años, que habría otorgado certidumbre jurídica hasta 2052, queda descartada.
- El tratado seguirá vigente, pero su estabilidad se reducirá a ciclos de doce meses.
- Las empresas con cadenas de suministro integradas en Norteamérica —desde la automoción hasta la electrónica— pierden la previsibilidad regulatoria que necesitan para planificar inversiones a largo plazo.
“Estados Unidos no aceptó renovar el USMCA en su forma actual. Como resultado, el USMCA no se renueva. Estados Unidos seguirá colaborando con México y Canadá para resolver las deficiencias del acuerdo y nuestros déficits comerciales con estos países.” — Jamieson Greer, Representante de Comercio de EE.UU., comunicado del 1 de julio de 2026
El ministro de Economía mexicano, Marcelo Ebrard, confirmó la negativa estadounidense en un vídeo difundido en redes sociales. Por su parte, el ministro de Comercio Interior de Canadá, Dominic LeBlanc, reiteró el apoyo de Ottawa a la renovación, pero dejó la puerta abierta a nuevas negociaciones. “Los tres países coincidimos en la importancia de continuar las conversaciones”, afirmó LeBlanc.
La noticia no ha sorprendido del todo. El presidente Trump ya había expresado su escepticismo sobre el USMCA en repetidas ocasiones. En enero declaró que “no tiene ninguna ventaja real; es irrelevante”, y en junio, apenas tres semanas antes del día clave, dijo: “No sé si voy a renovarlo”. Esa ambigüedad se ha convertido ahora en una decisión firme.
¿Qué hay detrás de esta estrategia? Un análisis en profundidad
En mi lectura, la negativa a renovar no es una ruptura del tratado, sino un cambio de modelo negociador. Trump utiliza la revisión anual como palanca para renegociar concesiones comerciales que ni México ni Canadá estaban dispuestos a ceder en un marco de estabilidad a largo plazo. La administración estadounidense quiere reducir los déficits comerciales, especialmente con México, que se ha convertido en la principal plataforma exportadora hacia el mercado norteamericano.
Este movimiento encaja en un patrón que ya vimos durante su primer mandato: presión arancelaria, amenaza de ruptura y renegociación bajo incertidumbre. La diferencia ahora es que el mecanismo anual obliga a las partes a sentarse cada doce meses, lo que genera un entorno de negociación permanente. Para las empresas, esto equivale a un impuesto invisible sobre la inversión: nadie firma contratos de diez años si las reglas pueden cambiar cada uno.
El riesgo, sin embargo, no es solo económico. Una Francia o una Alemania que producen en México para exportar a EE.UU. también quedan atrapadas en esta revisión cíclica. Y ahí es donde la decisión de Washington empieza a afectar a Europa.
🌍 El impacto en España y Europa
Las cadenas de valor europeas están profundamente integradas en Norteamérica. Fabricantes alemanes de automoción, proveedores franceses de componentes y, en menor medida, empresas españolas del sector de bienes de equipo mantienen plantas en México que envían producto terminado al mercado estadounidense. La revisión anual del USMCA eleva la prima de riesgo regulatorio para estas inversiones y puede frenar nuevos proyectos.
Para España, el impacto directo es limitado, pero el efecto indirecto se dejará notar en el comercio intraeuropeo. La patronal de la automoción ya advertía en informes recientes que la fragmentación de los acuerdos comerciales en América del Norte podría redirigir flujos de inversión hacia otras regiones, como el Sudeste Asiático. Además, la incertidumbre comercial global suele traducirse en mayor volatilidad en los mercados de divisas, lo que encarece las coberturas cambiarias para las empresas exportadoras.
En lo que respecta al Euríbor, la conexión es indirecta pero real. Un entorno de tensiones comerciales persistentes alimenta la cautela del BCE, que podría retrasar eventuales recortes de tipos si la inflación importada repunta. Para las hipotecas variables españolas, eso significa que la esperada bajada de cuotas podría tardar más de lo previsto.
Mientras tanto, la próxima reunión bilateral entre EE.UU. y México, prevista para la semana del 20 de julio, marcará el tono de la primera revisión anual. Será la primera prueba de fuego para un USMCA que, a partir de hoy, ha entrado en precario.




