Trump ingresa 1.400 millones de dólares en criptomonedas en su primer año

La declaración financiera del presidente estadounidense revela que las criptomonedas ya son su principal fuente de ingresos, con World Liberty Financial a la cabeza. Los demócratas intensifican las críticas por conflicto de intereses mientras la Casa Blanca defiende su gestión.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ingresó más de 1.400 millones de dólares (unos 1.228 millones de euros) en solo un año gracias a sus negocios con criptomonedas, según la declaración financiera presentada el 30 de junio ante la Oficina de Ética Gubernamental. La cifra, que multiplica por nueve los 57 millones declarados un año antes, revela un vuelco histórico en las fuentes de riqueza del magnate republicano y dispara las alarmas en Capitol Hill sobre un posible conflicto de intereses sin precedentes.

Claves de la operación

  • World Liberty Financial aporta 800 millones de dólares. La plataforma cripto cofundada por la familia Trump y el mediador de la Casa Blanca, Steve Witkoff, generó esa cifra combinando más de 520 millones por venta directa de criptomonedas y otros 250 millones por la colocación de acciones de la compañía.
  • Las memecoins del presidente suman otros 635 millones. La comercialización de monedas digitales con la imagen de Trump supone casi la mitad de sus ingresos cripto totales, un negocio que apenas existía antes de su regreso al poder.
  • La Casa Blanca rechaza el conflicto de intereses. Pese a que las políticas favorables al sector coinciden con este aluvión de ingresos, la portavoz Anna Kelly defiende que todas las acciones «se toman en el mejor interés del pueblo estadounidense».

Una fortuna digital que eclipsa al negocio inmobiliario

Los números son elocuentes. Trump ha pasado de embolsarse 57,35 millones de dólares por la venta de tokens en World Liberty durante la campaña de 2024 a superar los 1.400 millones en 2025. La declaración de 927 páginas, la más voluminosa entregada jamás por un presidente, constata que las criptomonedas han destronado a los hoteles y los campos de golf como motor principal del emporio Trump. El cambio no es casual: desde su investidura, el republicano ha firmado decretos para rebajar las restricciones heredadas de la era Biden y ha archivado litigios contra pesos pesados del sector como Coinbase.

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Los ingresos tradicionales del ladrillo —la Torre Trump, Mar-a-Lago en Florida (doble espacio despiste) o los clubes de golf— crecieron un 15% hasta superar los 500 millones de dólares, pero palidecen frente a la maquinaria cripto. Mar-a-Lago, rebautizado como la Casa Blanca de Invierno, disparó sus ingresos de 50 a 77 millones en un solo ejercicio. Sin embargo, esa subida queda lejos del torrente digital que ha llegado a través de pantallas y wallets.

Cosas que pasan en 2026.

El espejismo de la transparencia y el debate ético

Trump presume de transparencia. Su equipo califica la declaración de «uno de los informes de divulgación financiera más completos jamás presentados». Pero Don Fox, exdirector de la Oficina de Ética Gubernamental, recuerda que los presidentes están exentos de las leyes que prohíben los conflictos de intereses a los funcionarios. «Todos los presidentes del periodo post‑Watergate gestionaron sus finanzas como si estuvieran sujetos a esas normas. Con Trump, esos estándares han desaparecido», sentencia. La línea entre la política y el lucro personal se difumina: empresas como Meta pagaron 24,5 millones para financiar la biblioteca presidencial y Alphabet abonó 22 millones para el salón de baile de la Casa Blanca.

La familia Trump ha ingresado al menos 2.300 millones de dólares con proyectos ligados a las criptomonedas desde el regreso al poder, según cálculos de Reuters.

Junto a las cripto, el mandatario también siguió monetizando su marca: 4,7 millones por relojes, 1,9 millones por el libro Save America y hasta 208.000 dólares por una Biblia acompañada de la canción de Lee Greenwood. La mezcla de activos digitales, merchandising religioso y acuerdos inmobiliarios en Oriente Próximo dibuja una madeja de intereses difícil de desenredar.

Lecciones para Europa y España: entre la ambición cripto y los cortafuegos regulatorios

El caso de Trump no es un fenómeno aislado que solo afecte a Estados Unidos. En España, los intentos de regular el mercado de criptoactivos a través de la CNMV y el Banco de España han ido siempre acompañados de una vigilancia especial sobre los conflictos de intereses. Desde la aprobación del reglamento europeo MiCA, los supervisores nacionales han reforzado los controles sobre la publicidad de criptoactivos y la transparencia de las inversiones de altos cargos públicos. El episodio de Trump muestra el riesgo de concentrar poder político y retorno financiero en el mismo sector que se pretende normar, un cortafuegos que en Europa se intenta mantener con estrictos códigos de conducta y la obligación de desinvertir en ciertos activos al asumir un puesto público.

En el ámbito nacional, la Ley de Transparencia, Acceso a la Información Pública y Buen Gobierno obliga desde 2013 a publicar las declaraciones de bienes de los altos cargos, pero los críticos señalan que el control preventivo sigue siendo débil. La CNMV, la AEPD, y el Banco de España (coma despiste) han emitido comunicados conjuntos en los últimos años advirtiendo sobre la volatilidad y el riesgo reputacional de los criptoactivos. Sin embargo, no existe un blindaje comparable al que proponía la doctrina post‑Watergate en Washington. El tsunami económico que rodea a Trump —2.300 millones de dólares en beneficios familiares vinculados al cripto— actuará como acelerador del debate regulatorio en Bruselas, donde la Comisión Europea ya estudia ampliar las obligaciones de divulgación para altos cargos electos.

Al otro lado del Atlántico, el GOP insiste en que la desregulación atrae inversión e innovación, pero el precio de esa apuesta lo paga la credibilidad del cargo más alto del sistema. La duda razonable es si los futuros presidentes, aquí o allí, podrán separar su cartera personal de las leyes que promulgan. De momento, en el caso de Trump, ambas han convergido en una misma dirección: hacia el dólar digital, a toda máquina.


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