Subasta de Old Masters en Christie’s: 38.9 millones de libras y récords para Jan van Huysum en Londres

Christie's coloca 40 lotes con un 90% de ventas por lote y un 96% en valor. La demanda se concentró en las obras de procedencia impecable, con los dos bodegones de Van Huysum como estrellas.

He seguido de cerca la subasta de Old Masters que Christie’s celebró en Londres el pasado 30 de junio, y los resultados confirman una dinámica que llevo meses observando: los coleccionistas abren sus carteras de forma altamente selectiva, solo cuando la obra conjuga rareza, calidad y una procedencia impecable. La velada recaudó 38,9 millones de libras (51,4 millones de dólares), por encima del extremo alto de su estimación global de entre 25 y 37,5 millones. El 96% del valor de la venta encontró comprador, con un 90% de los lotes adjudicados.

Las cifras globales, sin embargo, ocultan lo más relevante: la demanda se concentró en un puñado de obras excepcionales que multiplicaron sus estimaciones, mientras que tres lotes se quedaron sin vender y un cuarto fue retirado antes de alcanzar el martillo. La subasta batió récords para varios artistas, encabezados por los dos bodegones del holandés Jan van Huysum.

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Los récords de Van Huysum y las sorpresas de la noche

El lote estrella de la noche en términos de superación de expectativas fueron los dos bodegones de Van Huysum. El primero, un exuberante cesto con melocotones, uvas, ciruelas, frambuesas, grosellas, melón, avellanas y flores ante una columna de piedra, se adjudicó por 6,52 millones de libras (8,65 millones de dólares), frente a una estimación de 3 a 4 millones. Su compañero, un ramo de rosas, peonías, narcisos, amapolas y azahar en un jarrón de terracota con un nido de pájaros, alcanzó 5,54 millones de libras (7,35 millones), también muy por encima de la horquilla de 2,5 a 3,5 millones. Ambos cuadros establecieron un nuevo récord para el artista.

El retrato del duque de Wellington pintado por Sir Thomas Lawrence cumplió las previsiones al venderse por 9,67 millones de libras (12,8 millones), dentro de su estimación de 8 a 12 millones, y también fijó un máximo histórico para el pintor. Pero la mayor sorpresa llegó de una obra anónima: un vanitas holandés del siglo XVII que mostraba dos cráneos sobre una repisa de mármol junto a una pluma y un papel. Con una estimación de apenas 80.000 a 120.000 libras, la puja la elevó hasta 431.800 libras (más de 572.500 dólares), casi cinco veces el precio más bajo esperado. Catalogado como de un pintor de la Escuela Holandesa, el lienzo demostró que una imagen poderosa —y quizás la esperanza de una futura atribución— puede pesar más que una firma célebre.

Otros lotes que dispararon sus estimaciones incluyen el encuentro histórico entre Mehmed II y el patriarca Gennadius, obra de Girolamo da Santacroce, que pasó de una estimación de 100.000-150.000 libras a un remate final de 673.100 libras (892.000 dólares); los Treinta y cinco cabezas expresivas de Louis‑Léopold Boilly, que alcanzaron 914.400 libras (1,2 millones) con una estimación de 400.000-600.000 libras; y un retrato de Adélaïde Labille‑Guiard que más que duplicó su estimación baja al venderse por 1,12 millones de libras. Todos ellos supusieron récords de subasta para sus respectivos artistas.

“La subasta demuestra que, en el mercado actual, la procedencia y la historia de una obra pesan más que la firma. Los inversores están dispuestos a pagar primas colosales por la trazabilidad impecable.”

La procedencia como multiplicador de precio

Christie’s dedicó un espacio inusualmente amplio del catálogo a detallar la procedencia de los dos Van Huysum. Ambos habían transitado por algunas de las grandes colecciones europeas de los siglos XVIII y XIX. El bodegón floral fue tan admirado que la margravina Carolina Luisa de Baden intentó adquirirlo durante tres años a través de su agente en París. Al fracasar las negociaciones, el agente lamentó haberse perdido «el más brillante Van Huysum» que conocía.

Esa clase de pedigrí —junto con la frescura del material, ausente del circuito de subastas durante décadas— actuó como un imán para los compradores. En contraste, tres obras con procedencia menos excepcional (una tabla del Maestro del Retablo de Oberstenfeld, un retrato de Thomas Gainsborough y un Canaletto) no encontraron postor, y un cuarto lote fue retirado.

Lo relevante para el inversor es que la procedencia ya no es un simple adorno; se ha convertido en el principal multiplicador de precio. En el segmento de los Old Masters, donde la autenticidad y el estado de conservación son cruciales, contar con un historial documentado reduce de forma drástica el riesgo percibido y eleva la disponibilidad a pagar.

El termómetro del mercado: liquidez, horizonte y estrategia

Quien examine estos resultados con una mirada puramente financiera encontrará un patrón consistente con lo que he observado en ciclos de mercado restrictivos. La liquidez se concentra en la cima de la pirámide cualitativa. Las obras que no alcanzan el umbral de excepcionalidad, por correctas que sean, sufren. Esa asimetría convierte al mercado de Old Masters en un terreno donde la selección de activos es tan importante como la asignación.

Para un inversor de patrimonio elevado, los Old Masters de primerísimo nivel —aquellos con historial de colección aristocrático, buen estado y escasez comprobada— ofrecen una baja correlación con la renta variable y una volatilidad contenida en horizontes largos. Sin embargo, el coste de salida no es menor: los periodos de tenencia recomendados rara vez bajan de los siete años, y la liquidez en un momento de necesidad puede ser limitada si la obra no es de un artista de primerísima fila. En ciclos expansivos, cuando el dinero abunda, el abanico de compradores se ensancha; ahora, la selectividad extrema que hemos visto en Christie’s indica que estamos en un momento de mercado maduro, donde solo el best-in-class despliega todo su potencial de revalorización.

El inversor haría bien en estudiar la subasta de Christie’s como un caso de manual: la disciplina en la estimación, la curaduría de la procedencia y la respuesta de los compradores trazan una hoja de ruta para quien quiera construir una posición en arte antiguo con criterio de preservación de capital.

💎 Veredicto Wealth

Las obras maestras de los Old Masters con un pedigrí impecable son una herramienta de preservación de capital para inversores con un horizonte de al menos siete años. El riesgo principal es la iliquidez del segmento y la necesidad de una due diligence exhaustiva en autenticación y procedencia.


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