Intel resucita gracias a los semiconductores: Google le encarga TPUs y Nvidia prueba su nodo 18A

La compañía de semiconductores asegura la fabricación de 3 millones de TPUs para Google en 3 nm y despierta el interés de Nvidia por su proceso 18A. El valor bursátil se ha quintuplicado en doce meses y la estrategia de fundición independiente gana tracción.

Las acciones de Intel se han disparado más de un 400% en los últimos doce meses, y los contratos que acaba de amarrar con Google y Nvidia confirman que la resurrección de la compañía no es un espejismo bursátil. Intel ha logrado un encargo de 3 millones de TPU para Google en su nodo de 3 nanómetros, mientras Nvidia evalúa utilizar su proceso 18A para futuras GPU. Dos gigantes tecnológicos que hasta ahora dependían casi en exclusiva de TSMC apuestan por el fabricante estadounidense, y eso cambia el tablero de los semiconductores avanzados.

Claves de la operación

  • Google encarga 3 millones de TPU al nodo de 3 nm de Intel. El contrato supone millones de chips de inteligencia artificial que, en parte, se producirán en suelo estadounidense, reforzando la autonomía tecnológica que persigue Washington.
  • Nvidia prueba el proceso 18A de Intel para sus GPU multi-die. La líder en aceleradores de IA busca alternativas a TSMC ante la saturación de su capacidad y ya posee un 4% del capital de Intel.
  • La tecnología PowerVia y los transistores RibbonFET convencen al mercado. La separación física de las líneas de alimentación y señal desatasca el rendimiento y la eficiencia, un salto cualitativo que TSMC aún no ofrece en producción.

El contrato con Google: un espaldarazo a la fundición de Intel

El acuerdo con la división de nube de Google es el mayor triunfo que la unidad de fabricación de Intel —su foundry— ha conseguido desde que la compañía decidió separar operativamente el diseño de la manufactura. Producir millones de aceleradores de IA en el nodo de 3 nanómetros valida una apuesta arriesgada que muchos inversores miraban con escepticismo hace apenas año y medio.

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El contrato no es solo una cuestión de volumen: tres millones de chips, aunque sin confirmación oficial de la cifra por parte de las empresas, colocan a Intel como alternativa real a TSMC en la vanguardia litográfica. Hasta ahora, quien necesitaba procesos avanzados no tenía más opción que la taiwanesa. Google rompe ese monopolio con un movimiento que también responde a las presiones de la CHIPS Act, la ley estadounidense que subvenciona la fabricación local de semiconductores.

Parte de la producción se realizará en fábricas norteamericanas, lo que reduce la dependencia de Taiwán y concede a Washington una baza estratégica en caso de conflicto geopolítico. Para Intel, el encargo demuestra que su estrategia de fundición independiente —abrir sus fábricas a terceros, aunque sean competidores— es viable más allá del discurso corporativo.

Nvidia coquetea con el nodo 18A: ¿el fin del monopolio de TSMC?

Mientras Google ya ha firmado, Nvidia aún está en fase de evaluación, pero las señales son inequívocas. La empresa liderada por Jensen Huang ha comenzado a probar el proceso 18A de Intel para sus arquitecturas multi-die, las mismas que sustentarán las futuras generaciones de GPU para centros de datos. Nvidia es el mayor cliente de TSMC y, sin embargo, TSMC no puede seguir su ritmo: la demanda de chips de IA desborda la capacidad instalada.

Ese cuello de botella ha forzado a Nvidia a diversificar, e Intel le ofrece un plan B con ventajas técnicas palpables. La tecnología PowerVia, que separa físicamente las líneas de alimentación de las de señal en los transistores, elimina interferencias y mejora la eficiencia energética de manera notable. Además, los transistores RibbonFET suponen un rediseño completo del gate que TSMC no incorporará hasta su nodo de 2 nm, previsto para dentro de varios años.

contrato Google TPU

El interés de Nvidia no es casual: la compañía ya compró un 4% de Intel en septiembre de 2025, una participación que ahora se revaloriza con fuerza. La paradoja es que dos competidores encarnizados en el mercado de aceleradores de IA se ven empujados a colaborar. La escasez de capacidad y la concentración del riesgo en Taiwán convierten a Intel en un socio obligado, no en un rival, dentro de la cadena de suministro.

La saturación de TSMC y la presión de la CHIPS Act han unido a quienes hasta ayer competían ferozmente.

Análisis: la resurrección de Intel y el factor geopolítico

El giro de guion es tan abrupto como revelador. Hace un año, las acciones de Intel cotizaban a 20,68 dólares; este miércoles superaban los 107. La firma que dominó el mundo del PC durante décadas parecía condenada al ostracismo tecnológico, incapaz de abandonar sus propios nodos de fabricación y de competir con la arquitectura ARM que devoraba los centros de datos. Los dos contratos simultáneos con Google y Nvidia —uno cerrado, otro en negociación— reescriben ese relato.

En esta redacción entendemos que la clave no es solo técnica. El 90% de los chips avanzados del planeta se fabrican hoy en una isla —Taiwán— cuya estabilidad depende de equilibrios geopolíticos muy frágiles. Estados Unidos lleva tres años utilizando la CHIPS Act para reconstruir una cadena de suministro nacional, y la apuesta de Google y Nvidia por Intel es, también, un mensaje a Bruselas y a Pekín: el futuro de la IA se cocinará en fábricas norteamericanas.

Para España, donde Intel mantiene desde hace décadas el Centro de Diseño de Barcelona —uno de los laboratorios que participó en el desarrollo de los procesadores Core—, la revitalización de la compañía puede traer inversiones adicionales en I+D si la división de fundición consolida su cartera de clientes. La presencia histórica de Intel en el ecosistema tecnológico español, aunque discreta en comparación con las grandes fábricas de Arizona u Ohio, le otorga un interés directo en que la estrategia de foundry triunfe.

Conviene no perder de vista los riesgos. La ejecución del nodo 18A aún está pendiente de rendimientos de producción masivos, y la rentabilidad de la fundición sigue siendo una incógnita. Intel ha prometido márgenes que por ahora no ha alcanzado, y cualquier tropiezo con los plazos de entrega a Google o a Nvidia podría frenar la recuperación bursátil. La resurrección de Intel es real, pero frágil; depende de que las promesas técnicas se conviertan en obleas rentables.

El próximo hito llegará cuando Nvidia confirme si el 18A supera sus pruebas de validación. Si lo hace, Intel no solo habrá resucitado: habrá roto para siempre el monopolio de facto de TSMC sobre la fabricación de semiconductores avanzados.


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