Marc Vidal: la nueva regulación NASDAQ dispara la alerta por burbuja de beneficios

La nueva regulación del Nasdaq elimina barreras para que SpaceX, OpenAI y Antropic salgan a bolsa. Marc Vidal alerta sobre una burbuja de beneficios que podría atrapar los ahorros de los jubilados sin que nadie haya pedido permiso.

Tu dinero va a comprar SpaceX y nadie te ha pedido permiso. No es una hipérbole: es la consecuencia directa de tres modificaciones normativas que el Nasdaq introdujo en mayo de 2026 con un sigilo casi absoluto. En su último análisis, Marc Vidal desgrana cómo estos ajustes técnicos, que a simple vista parecen meras actualizaciones, van a canalizar de forma automática cientos de miles de millones de dólares de los fondos de pensiones hacia las mayores salidas a bolsa de la historia.

Tres cambios que reescriben las reglas del mercado

Lo que el Nasdaq ha bautizado como Fast entry rule incluye tres movimientos que, vistos por separado, pasan desapercibidos; juntos, redibujan el tablero. El primero acorta el período de espera para que una compañía se incorpore al índice de hasta un año a solo quince días hábiles. El segundo elimina el requisito de flotación mínima: antes se exigía que al menos el 10% de las acciones estuviera en manos del público; ahora esa barrera ha desaparecido. Y el tercero, quizá el más determinante, impone un mecanismo que, para empresas con una flotación inferior al 33%, limita su peso en el índice a tres veces su flotación real. El efecto práctico es que los fondos indexados se ven obligados a absorber más papel del que la oferta real justificaría.

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Marc Vidal insiste en que esto no es una mera casualidad. SpaceX planea salir a bolsa con una flotación que rondará el 4%; con las reglas anteriores, la exclusión habría sido automática. Ahora, la nueva norma no solo le abre la puerta, sino que empuja a los gestores pasivos a comprar masivamente sus títulos. El Russell y el S&P 500, añade Vidal, están en proceso de adoptar criterios similares. La sincronía, sostiene, invita cuando menos a levantar la ceja.

La demanda fabricada por decreto

El concepto clave que el analista pide retener es que la demanda se está generando artificialmente. No se trata de un apetito genuino del inversor por participar en proyectos como OpenAI o Antropic, sino de un imperativo regulatorio que fuerza la entrada de capital. La coincidencia temporal con las mayores OPV de la historia —las tres compañías suman una valoración combinada superior a los tres billones de dólares, cerca del PIB de Alemania— es lo suficientemente llamativa como para, en palabras de Vidal, resultar «difícil de explicar». Y aquí es donde la mecánica reguladora se encuentra con otra realidad más profunda: la naturaleza de los beneficios que sostienen esas cifras.

La demanda se fabrica por decreto regulador.

— Marc Vidal

La burbuja invisible: cuando el PER miente

Una de las observaciones más perturbadoras de este análisis es que los ratios precio-beneficio de las grandes tecnológicas no muestran las distorsiones que uno esperaría en una burbuja clásica. El 84% de las empresas del S&P 500 superó las expectativas de beneficios en el primer trimestre de 2026, con un crecimiento agregado del 28% interanual, según datos de FactSet que recuerda Marc Vidal. Todo parece sólido. Sin embargo, lo que está ocurriendo, advierte el analista, es una burbuja de beneficios, un fenómeno mucho más esquivo: en ella, tanto el numerador (precio) como el denominador (beneficios) están inflados al mismo tiempo, maquillando cualquier signo de alarma.

Antes de la crisis de 2008, los balances de constructoras y bancos también parecían impecables hasta que los activos que respaldaban esos beneficios se corrigieron y todo se desplomó. «Los números son sólidos, pero esa es exactamente la trampa», explica Vidal. La pregunta real no es si los beneficios existen, sino de dónde vienen.

Un círculo contable que se muerde la cola

Al seguir ese hilo, el vídeo muestra un mecanismo circular que involucra a Microsoft, Amazon, Alphabet, Meta y Oracle. Las grandes tecnológicas invierten en startups de inteligencia artificial; estas startups utilizan ese capital para alquilar capacidad de computación en la nube a las propias grandes tecnológicas; luego, las matrices registran como beneficio la revalorización contable de su participación en las startups. El resultado es que el dinero da vueltas y los ingresos por clientes reales quedan en un segundo plano. Alphabet, por ejemplo, reportó 62.600 millones de dólares de beneficio en el primer trimestre de 2026: 28.700 millones procedían de la revalorización de su apuesta por Antropic. Amazon sumó 16.800 millones por la misma vía. «No es ingreso de clientes —puntualiza Marc Vidal—. Es papel revalorizándose sobre papel.»

Un análisis del Financial Times citado por el autor refuerza la sospecha: incluso bajo los supuestos más generosos (costes operativos cero, sin electricidad ni nóminas), la rentabilidad implícita de la inversión en IA de Microsoft es del 9,2%, la de Google es negativa (-15%), Meta cae al -28% y Oracle al -35%. Solo Amazon araña un discreto 7,2%. La lección es que el dinero que sostiene esta euforia quizá no vuelva.

Lecciones del ferrocarril y la fibra óptica

A quien defienda que esta vez es diferente, el análisis del creador le propone un breve viaje al pasado. En el siglo XIX, los inversores que financiaron la expansión ferroviaria en Estados Unidos perdieron casi todo, aunque las vías quedaron y transformaron la economía. En los años noventa, quienes tendieron miles de kilómetros de fibra óptica quebraron durante el estallido de las puntocom; una década más tarde, esa misma fibra se convirtió en la columna vertebral del internet que hoy damos por sentado. La tecnología ganó; los inversores originales, no.

Marc Vidal rescata una frase del economista John Kenneth Galbraith para ilustrar la suspensión del juicio que impera en estos momentos: «La especulación no requiere grandes mentes, sino una gran suspensión del juicio». Y en el ciclo actual, la escala y el contexto macroeconómico añaden un riesgo que ni los ferrocarriles ni la fibra óptica tuvieron que sortear.

El reloj macro que corre en contra

Mientras las normas de los índices se aceleran, el trasfondo geopolítico y financiero aprieta las tuercas. El estrecho de Ormuz lleva meses con tráfico restringido, el barril de Brent ronda los 90 dólares y ejecutivos de ExxonMobil advierten de que los inventarios de crudo podrían tocar niveles críticos que disparen el precio hasta los 160 dólares. Si eso ocurre, los países importadores necesitarán dólares y la vía más rápida para obtenerlos será vender bonos del Tesoro americano, lo que empujaría las rentabilidades al alza. Estados Unidos debe refinanciar este año más de diez billones de dólares de deuda viva —cinco veces el PIB de España— y el bono a treinta años ya coquetea con el 5%.

En ese escenario, las grandes tecnológicas han emitido en lo que va de año más de 150.000 millones de dólares en bonos corporativos para financiar su expansión en IA, el doble que hace dos años. Con una posible presión adicional sobre los tipos, varias de ellas podrían encontrarse con flujo de caja libre negativo antes de 2027, según proyecciones de JP Morgan que cita Marc Vidal. SpaceX, OpenAI y Antropic aterrizarán en los mercados justo cuando la ventana de liquidez podría cerrarse.

La diferencia entre que una empresa sea sobresaliente y que su precio de entrada en bolsa sea apropiado para quien llega tarde es, a menudo, abismal. Morningstar valora SpaceX en 780.000 millones de dólares; la valoración de salida prevista es de 1,75 billones. Casi un billón de dólares de distancia entre precio y valor. Sin villanos ni conspiraciones —solo con incentivos alineados para que el sistema funcione al máximo, como plantea el analista— la burbuja de beneficios se mantiene en pie mientras los actores sigan de acuerdo. Hasta que ya no lo estén.

Quizá Marco Aurelio, citado en el vídeo, ofreció la mejor regla de contraste: «La piedra de toque del buen carácter es actuar correctamente cuando el tiempo es favorable, pero también cuando no lo es». Traducido a las finanzas significa que las valoraciones que florecen con tipos bajos y liquidez abundante no necesariamente sobreviven cuando el entorno se da la vuelta. Y en este momento, el entorno se está dando la vuelta sin preguntar.

Puedes ver el análisis completo a continuación:


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