El carnet de conducir se podrá obtener a los 17 años en toda la Unión Europea. La Dirección General de Tráfico (DGT), según ha confirmado esta semana, ha activado el grupo de trabajo que debe transponer la Directiva Europea 2025/2205, cuyo artículo 17 adelanta la edad del permiso B de los 18 a los 17 años, aunque con una condición clave: hasta la mayoría de edad, los jóvenes conductores tendrán que circular siempre con un acompañante experimentado en el asiento del copiloto.
Cómo funciona el nuevo permiso de conducción a los 17 años
El modelo, inspirado en el sistema alemán, introduce un código específico (98.02) en el reverso del carné. Mientras el titular no cumpla los 18 años, solo podrá ponerse al volante si viaja acompañado por una persona que cumpla varios requisitos: tener al menos 24 años, ser titular del permiso B desde hace más de cinco años y no haber sido privado del derecho a conducir en los últimos cinco ejercicios. Además, la propia directiva subraya que el acompañante debe respetar las normas sobre alcohol y drogas y que los Estados miembros pueden endurecer las condiciones si lo consideran oportuno.
La subdirectora general de Formación y Educación Vial de la DGT, Montserrat Pérez, aclara que el itinerario formativo no cambiará: los aspirantes tendrán que superar el examen teórico y el práctico como cualquier otro candidato. “La directiva no regula cómo formar a los conductores, sino los contenidos sobre los que debemos examinar para cada permiso”, explica.
La fecha límite para que España incorpore la norma a su ordenamiento jurídico es el 26 de noviembre de 2028. A partir de ese momento, cualquier joven de 17 años podrá presentarse a las pruebas y, si las aprueba, circulará con el código de acompañante activo hasta su mayoría de edad.
El negocio que se mueve: autoescuelas, seguros y concesionarios
La entrada de un nuevo perfil de alumno adelanta un año el primer contacto con el sector. Las autoescuelas podrán captar a jóvenes que hasta ahora esperaban a cumplir los 18, y los datos de otros países que ya aplican el modelo —como Alemania o Austria— sugieren que la demanda de clases prácticas aumenta, sobre todo en zonas rurales y ciudades universitarias. La propia DGT reconoce que la medida resultará especialmente útil “para los que viven en zonas despobladas o para aquellos que quieran entrar en la universidad sabiendo conducir su propio coche”.
Las aseguradoras, por su parte, tendrán que diseñar pólizas específicas para un conductor novel que, durante el primer año, nunca circulará solo. El riesgo de siniestralidad de un joven de 17 años supervisado por un adulto es distinto al de uno de 18 que conduce en solitario, lo que abre la puerta a primas más ajustadas y a productos que vinculen al titular con el vehículo familiar. Varias compañías ya han empezado a estudiar cómo segmentar esta franja, según fuentes del sector.
Los concesionarios también se preparan. Un comprador de 17 años que necesita un coche para su día a día es un cliente que entra un año antes en el mercado de ocasión y, quizá, en el de vehículo nuevo. Las marcas que apuesten por modelos pequeños y eficientes, con etiqueta ECO o Cero, pueden encontrar en este colectivo una demanda adicional que refuerce sus planes de electrificación.

Cuando un conductor se sienta al volante por primera vez con un tutor al lado, el riesgo real no está en la edad del titular, sino en la calidad del acompañante.
Análisis: un cambio generacional que redefine la movilidad y el negocio
Mucho antes de que el primer joven español se examine con 17 años, la industria de la movilidad ya está ajustando sus cuentas. La experiencia europea demuestra que el modelo de conducción acompañada no dispara la siniestralidad si el tutor cumple su papel, pero sí acelera la autonomía de los más jóvenes y, con ella, la demanda de vehículos, seguros y formación. Ahí está la oportunidad de negocio.
Sin embargo, el verdadero reto para las autoescuelas no será captar más alumnos, sino adaptar su oferta a un perfil que necesita clases prácticas en entornos reales con un acompañante presente. Si las tarifas suben porque se requieren más horas de formación supervisada, el acceso al permiso podría encarecerse justo en un segmento de edad muy sensible al precio. Las compañías de seguros, por su lado, tendrán que resolver una ecuación delicada: fijar primas que reflejen el menor riesgo de un conductor acompañado sin que el coste final desincentive a las familias.
En mi opinión, la medida llegará a tiempo para que el sector de la automoción español, que todavía arrastra las consecuencias de la crisis de los microchips y la subida de tipos, encuentre un nuevo motor de demanda. El verdadero impacto no lo medirá la DGT en noviembre de 2028, sino los concesionarios que dos o tres años después comprueben cuántos de esos jóvenes conductores han comprado su primer coche. Y ahí, como casi siempre, la estadística hablará más claro que cualquier directiva.




