Hoy mismo, Pekín ha confirmado lo que llevaban semanas anticipando fuentes diplomáticas: Xi Jinping visitará Pyongyang el próximo lunes para celebrar el 65 aniversario del Tratado de Asistencia Mutua, el único pacto de defensa que China mantiene con otra nación. La visita, de dos días, será apenas la segunda que realiza como presidente a Corea del Norte, tras la de 2019, y llega en un momento de creciente tensión entre las potencias que exigen la desnuclearización del régimen de Kim Jong-un y el eje Pekín-Moscú que aboga por levantar las sanciones.
Me detengo en el dato clave: China absorbe el 85% de las exportaciones norcoreanas y es origen de una proporción aún mayor de sus importaciones. En la práctica, Pekín no es un socio comercial más, es el oxígeno que mantiene con vida a la economía de Kim. Por eso este viaje de Estado, justificado como un gesto protocolario por el aniversario del tratado, tiene un calado geopolítico que va mucho más allá de un brindis.
El viaje que formaliza el eje Pekín-Moscú frente a las sanciones
Hace tres semanas, Xi Jinping y Vladímir Putin firmaron en Pekín una declaración conjunta que pedía «cesar las sanciones y la presión contra Corea del Norte» y resolver la cuestión de la península «a través de la diplomacia». No era un brindis al sol. El anuncio de hoy convierte ese texto en acción. El líder chino se desplazará a la nación más hermética del mundo, quebrantando así el consenso internacional que, desde 2006, había impuesto sucesivas rondas de sanciones en el Consejo de Seguridad de la ONU.
«Cesad las sanciones y la presión contra Corea del Norte.» — Declaración conjunta de Xi Jinping y Vladímir Putin, Pekín, mayo de 2026
Es cierto que Kim Jong-un compró un segundo seguro de vida al enviar tropas a Rusia para repeler la ofensiva ucraniana en Kursk. Pero sin China, ese seguro se quedaría en papel mojado. El régimen norcoreano depende casi por completo de los bienes, la energía y el capital chino. La visita de Xi, por tanto, envía una señal nítida a Washington: el oxígeno seguirá fluyendo.

La respuesta de Kim: centrifugadoras y un nuevo desafío nuclear
La semana pasada, los ministros de Exteriores del Quad —EE.UU., Japón, Australia e India— se reunieron en Nueva Delhi y declararon «objetivo irrenunciable la desnuclearización de Corea del Norte». Como réplica, Kim Jong-un inauguró por televisión un nuevo complejo de enriquecimiento de uranio, justo horas antes de que Pekín anunciara la cumbre. El mensaje es imposible de ignorar: cualquier presión exterior será respondida con más centrifugadoras.
La fractura del Consejo de Seguridad y el silencio de Trump
China y Rusia votaron a favor de nueve rondas de sanciones contra Pyongyang entre 2006 y 2017. Ese consenso se rompió con la guerra de Ucrania: Rusia comenzó a vetar nuevas sanciones y China a abstenerse. Hoy, mientras Trump alienta el rearme de Corea del Sur y Japón, el viaje de Xi legitima un statu quo en el que las resoluciones de la ONU ya no atan a nadie. La Casa Blanca, tras la reciente cumbre con Pekín, afirmó que ambas partes tenían como objetivo la desnuclearización, pero China no corroboró esa versión.
«Si ha de contribuir a la estabilidad y la paz, saludamos la visita.» — Oficina presidencial de Corea del Sur, Seúl, 5 de junio de 2026
La reacción de Seúl es una mezcla de alivio y resignación. El presidente socialdemócrata Lee Jae Myung intenta rebajar la tensión con el Norte, pero su margen es estrecho: el ejército surcoreano sigue subordinado a un general estadounidense en caso de guerra y la sombra del anterior mandatario golpista Yoon Suk Yeol aún paraliza cualquier giro autónomo. Por eso la oficina presidencial se limitó a bendecir el viaje, confiando en que Pekín pueda congelar la escalada, al menos temporalmente.
Lo que representa esta visita para la arquitectura de sanciones global
Lo que veo aquí es el desmoronamiento en tiempo real del entramado de sanciones que la comunidad internacional construyó durante once años. Cuando un miembro permanente del Consejo de Seguridad y principal sostén económico del país sancionado decide ignorar esas resoluciones, la arquitectura diseñada para evitar la proliferación nuclear pierde su única palanca de presión. El viaje no solo legitima a Kim; normaliza el fin del aislamiento norcoreano y abre la puerta a que Pekín formalice acuerdos económicos que estaban bajo cuerda. Si Corea del Norte completa su rearme nuclear sin consecuencias, el coste para el régimen de no proliferación será incalculable.
🌍 El impacto en España y Europa
Aunque la península coreana parezca lejana, el deterioro del régimen de sanciones afecta directamente a la estabilidad global de la que depende Europa. España, como miembro de la OTAN y firme defensora del orden multilateral, tiene un interés estratégico en que la maquinaria de sanciones de la ONU no naufrague. Si Corea del Norte sortea las restricciones sin coste, otros actores —de Irán a países del África subsahariana— podrían seguir sus pasos, generando nuevos focos de tensión que encarecerían las primas de riesgo y perturbarían las rutas comerciales. Por el momento, el impacto en el Euríbor o en las exportaciones españolas es nulo, pero el mensaje de fondo sí interpela al BCE y a Bruselas: la fragmentación del consenso global encarece la gestión de crisis y obliga a la UE a autoprotegerse con herramientas propias.




