Canadá se ha quedado fuera de la mesa donde se decide el futuro del acuerdo comercial más importante de América del Norte. He analizado las filtraciones de las negociaciones que han tenido lugar en Ciudad de México y lo que emerge es un bilateralismo asimétrico: Estados Unidos y México están redefiniendo las reglas de origen del sector automotriz mientras Ottawa observa desde la barrera. La administración Trump quiere elevar el contenido regional obligatorio en los vehículos fabricados dentro de la zona T-MEC hasta el 82% y exige, además, que la mitad de ese valor se produzca en territorio estadounidense. Una ruptura total con el equilibrio actual.
Las conversaciones, filtradas por Reuters, se producen apenas dos meses antes de la revisión formal del acuerdo, prevista para julio. El US Trade Representative, Jamieson Greer, negocia directamente con México y, según fuentes del sector automotriz, presentará después a Canadá una propuesta de «tómalo o déjalo». Actualmente, los vehículos ensamblados en Norteamérica deben incorporar un 75% de contenido regional para recibir trato preferencial, y el 40% del valor de las «piezas esenciales» ha de provenir de jurisdicciones con salarios altos —en la práctica, Estados Unidos o Canadá—. La nueva arquitectura propuesta elimina esa salvaguarda y concentra el beneficio en las fábricas estadounidenses.
Una economía en retroceso y el fantasma de la recesión técnica
El golpe diplomático llega en el peor momento para la economía canadiense. Los datos publicados hoy por Statistics Canada muestran que el PIB se contrajo a una tasa anualizada del 0,1% en el primer trimestre de 2026, tras una caída revisada a la baja del 1% en el cuarto trimestre de 2025. Es el segundo trimestre consecutivo de contracción, un escenario que, de repetirse, rozaría la recesión técnica. En términos trimestrales, la economía se estancó.
Tony Stillo, director de economía para Canadá de Oxford Economics, advierte en una nota que «nuestra previsión de que el crecimiento repunte en la segunda mitad del año y en 2027 depende de una renegociación favorable del T-MEC, del fin temprano de la guerra en Oriente Medio y de la normalización del comercio a través del estrecho de Ormuz». La dependencia del vecino del sur es evidente: el comercio trilateral amparado por el T-MEC sostiene intercambios por valor de 1,6 billones de dólares anuales. Sin embargo, Trump ya ha impuesto aranceles del 25% a los vehículos y componentes canadienses y mexicanos, y del 50% al acero, el aluminio y el cobre. Greer ha dejado claro que algún nivel arancelario se mantendrá en el nuevo pacto.
«Vivimos en un mundo donde la integración se ha convertido en un arma. Porque un país que no puede alimentarse, abastecerse de combustible o defenderse no es verdaderamente soberano.» — Mark Carney, primer ministro de Canadá, Economic Club of New York, 28 de mayo de 2026
El giro a China: Wang Yi visita Ottawa por primera vez en una década
Frente al portazo estadounidense, el Gobierno de Mark Carney acelera la diversificación. Este mismo viernes, el ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, se reunió en Ottawa con su homóloga canadiense, Anita Anand. Se trata de la primera visita de Estado de un canciller chino en diez años. Wang afirmó que las exportaciones canadienses a China podrían aumentar un 100%, muy por encima del objetivo oficial del 50% para 2030. China es ya el segundo socio comercial de Canadá. En enero, ambos países cerraron un acuerdo preliminar para rebajar los aranceles a los vehículos eléctricos, un gesto que ahora cobra una dimensión estratégica.
«Canadá está centrada en hacer crecer nuestra economía y diversificar nuestras relaciones comerciales», declaró Anand durante el encuentro. El mensaje es nítido: si Washington cierra puertas, Pekín las abre.
Análisis: la ‘autonomía estratégica’ como carta de navegación
Lo que veo en esta encrucijada es un Canadá que ha entendido que la interdependencia, en el actual entorno geopolítico, equivale a vulnerabilidad. Carney, elegido precisamente con la promesa de reducir la dependencia de Estados Unidos, está llevando a la práctica una doctrina de «autonomía estratégica» que recuerda a los debates que la propia Unión Europea mantiene desde hace años. La diferencia es que Ottawa no tiene el tamaño ni el poder de negociación de Bruselas. Por eso, la apuesta china —con todas las cautelas que exigen los antecedentes de Huawei y la detención de Meng Wanzhou— es un movimiento calculado pero arriesgado. Si la administración Trump percibe que Canadá se alinea con Pekín, los aranceles punitivos podrían endurecerse aún más, estrangulando sectores enteros como el automotriz o el siderúrgico.
La carta de Carney es, en esencia, doble: por un lado, busca en Asia lo que pierde en Norteamérica; por otro, lanza una advertencia a Washington sobre el coste geopolítico de marginar a un aliado histórico. El desenlace de la revisión del T-MEC en julio será el primer test de esta nueva doctrina.
🌍 El impacto en España y Europa
Para Europa, y en particular para España, el desplazamiento comercial de Canadá tiene lecturas cruzadas. La más directa es que las empresas españolas con inversiones en el sector automotriz canadiense —como los componentes exportados desde plantas locales— se enfrentan a una mayor incertidumbre arancelaria si el nuevo T-MEC endurece las reglas de origen. Al mismo tiempo, el acercamiento entre Canadá y China puede intensificar la competencia por el mercado de vehículos eléctricos, donde los fabricantes europeos ya sufren la presión de los precios asiáticos. En el plano financiero, el Euríbor no se mueve al compás de Ottawa, pero sí lo hace ante la fragmentación del comercio mundial: una guerra comercial prolongada en Norteamérica añade presión inflacionista global que el BCE deberá gestionar. La próxima revisión del T-MEC no es solo un asunto regional; es un termómetro del orden comercial que viene.




