Instagram

Estamos en una nueva era. El big data y la publicidad ha calado hondo en la sociedad. Estamos permanente en contacto con las cosas que nos atraen y eso no crea nuevas necesidades. Vivimos en las redes sociales y queremos ser como esas personas tan maravillosas de las fotos. Las marcas lo saben y por eso nos lo meten por los ojos. Una manera de mostrar ese universo paralelo es a través de los influencers. Gente guapa, con vidas de ensueño que publicitan productos de manera diferente. Pero cuidado, en el mundo de los influencers no todo es lo que parece.

La publicidad ha cambiado, muchas compañías no inviertan tanto dinero campañas tradicionales de televisión o grandes medios como antes. Las redes sociales han abierto un nuevo abanico al mundo. Es más efectiva una foto de Dulceida con una barra de labios en Instagram, que decenas de anuncios de televisión y fotografías en marquesinas con actrices famosas. Ahora no basta con conocer el producto, queremos saber si da buen resultado y si de verdad nos lo recomiendan, y eso se consigue con los nuevos medios. Instagram, youtube, etc.

Nos enfrentamos a un cambio de paradigma del modelo publicitario. Un estudio realizado por la agencia Human to Human (H2H) revela que en 2018 se invirtieron más de 35 millones de euros en campañas con influencers, lo que supone un 400% más que en 2017. Se calcula un volumen de negocio que superará la barrera de los 100 millones de euros en España. Por tanto, está en plena expansión ya que, a pesar de parecer lo contrario, el marketing con influencers hasta ahora apenas ha alcanzado el 2% de la inversión total en marketing digital.

Las penurias del influencer: 100 euros al mes por generar contenido

"Mamá, quiero ser influencer". Esa es la tendencia del 51% de los jóvenes de la llamada generación Z, adolescentes de la generación postmillenial, nacidos...

Pero no es todo tan bonito. H2H ha realizado un estudio analizando 350 perfiles de influencers españoles y los resultados no son nada positivos. Uno de cada cuatro seguidores es falso. ¿Cómo puede suceder esto? Es muy sencillo, algunos influencers compran seguidores. Es una práctica bastante habitual que cuesta poco dinero y que engorda rápidamente lista de supuestos fans. Cuantos más seguidores tenga la persona, más atractivo resultará para los anunciantes, porque creen que así llegan a un público más plural. Sin embargo, casi el 28% de los seguidores no tienen ningún valor comercial para las marcas ya que se tratan de cuentas fantasmas, robots o perfiles integrados en grupos de crecimiento.

Además, aproximadamente un 20% de los likes son comprados, eso supone un porcentaje de uno de cada cinco. De los 350 perfiles estudiados por H2H, solo 184 superan el fraude. Por tanto, las cifras de audiencia de una de cada dos campañas están siendo manipuladas. De los 35 millones invertidos, 12 no han servido para nada. Esas campañas han sido un fraude.

Cuando pensamos en influencers nos vienen a la cabeza Lovely Pepa, Mary Turiel o María Pombo, sin embargo, las redes están repletas de los llamados microinfluencers, personas que apenas superan los mil seguidores pero que publicitan ciertos productos por el efecto expansivo que tienen las redes. Los microinfluencers han ocupado un nicho que antes no existía. En YouTube se pueden encontrar tutoriales de casi todo. Son estos los perfiles que están copando las redes. A pesar de todo el fraude que se respira a su alrededor, las marcas siguen apostando por ellos.

Tanta importancia se da a la onda expansiva de los influencers que su actividad se está profesionalizando. Ya existe un master de influencers en la Universidad Autónoma de Madrid, en el que por cierto Ágatha Ruiz de la Prada es su presidenta de Honor. Instagram es la red más utilizada, ya que combina fotografías con algo de texto. Los stories se han convertido en una de las herramientas preferidas por las marcas. Son vídeos efímeros, con duración de 24 horas en los que los instagramers cuentan alguna historia o muestran un producto, y a través de los cuales se puede enlazar al artículo o a las tiendas online.

JUSTIN BIEBER Y RIHANA PIERDEN MILLONES DE FALSOS SEGUIDORES

Instagram ha decidido hacer su red social más real. Quiere eliminar el postureo eliminando los falsos ‘me gusta’. Por ello no se podrán comprar followers y se eliminarán los comentarios que procedan de usuarios falsos. Las cuentas falsas no sirven solo para engordar la lista de seguidores de unos pocos, hay quien la usa para esconder su identidad y poder actuar como un hater, de esta manera verter comentarios desagradables cuesta muy poco. Eso es lo que quiere evitar la red social. De momento es una intención, fruto de la presión de las marcas que quieren tener certezas sobre donde anunciar sus productos.

Hace cuatro años Instragram se planteó limpiar de sus redes todos aquellos robots y falsos seguidores y cuentas inactivas de todas las cuentas. Al realizar su ejercicio. Esto afectó a números microinfluencers pero no solo eso, los perfiles de muchas celebrities bajaron centenares de seguidores tras el barrido de Instagram.

Justin Bieber perdió tres millones y medio de followers, su perfil pasó de 23,8 millones a 20,2 millones. Ahora tiene 103 millones de seguidores en Instagram y 104.640.000 millones en twitter. Kim kardashian perdió 1.300.000 seguidores. Ahora tiene 122 millones en Instagram y 59 millones en Twitter. Rihanna registró un bajón de 1.200.000, Beyoncé perdió más de 800.000 y Katy Perry, cerca de 300.000.

Comprar seguidores no cuesta mucho dinero. Hay varias empresas que se dedican a este negocio. Guyogram es una de ellas. Las compras van por packs, 100 seguidores cuestan 2,49 euros, 250 seguidores tiene un coste de 4,95. Si decides comprar 500 de una sola vez el precio sería de 8,95 y 1000 seguidores cuestan 14,95 euros. Con los likes pasa algo parecido: 50 likes cuestan 1,99 euros. 100 me gusta valen 2,95 y 500 likes tienen un precio de aproximadamente cinco euros.