La familia Campos vuelve a ocupar titulares, esta vez no por desencuentros públicos o tensiones entre hermanas, sino por un cambio radical en la imagen y el discurso que Carmen Borrego ha ofrecido sobre Terelu. La colaboradora de Vamos a ver ha sorprendido al público al alabar con firmeza el nuevo posado veraniego de su hermana, al que ha definido como «una declaración de libertad y transformación». En plena temporada estival, ambas han protagonizado sesiones fotográficas en la revista Lecturas que no solo reflejan cambios físicos, sino también profundas transformaciones personales.
«Terelu Campos es una persona distinta»

El tradicional posado de Terelu Campos, que algunos ya consideran más veraniego que el de Ana Obregón, ha marcado un antes y un después para la comunicadora. A punto de cumplir 60 años, la presentadora atraviesa uno de los momentos más plenos de su vida: acaba de regresar de Honduras tras participar en Supervivientes 2025, ha asumido la copresentación del programa Fiesta y, además, está disfrutando de su primer verano como abuela. Aunque la ausencia de su madre sigue pesando en su ánimo, Terelu se muestra radiante, renovada y en sintonía con una etapa de plenitud que ha decidido vivir sin reservas.
Las imágenes de Terelu en bañador, posando con seguridad y desparpajo, han sido recibidas con entusiasmo por su entorno más cercano. En Vamos a ver, su hermana Carmen Borrego no ha escatimado en elogios al analizar la portada que ya circula por todos los quioscos del país. “Veo a una Terelu desinhibida y distinta, y eso me parece maravilloso”, ha asegurado Carmen, dejando claro que para ella esta imagen simboliza mucho más que un simple posado: es la prueba de que su hermana ha superado muchos bloqueos personales y ha encontrado una estabilidad que hacía tiempo no mostraba públicamente.
Lejos de los rumores de retirada o del descrédito que en ocasiones han acompañado a Terelu, Carmen ha reivindicado su atractivo y su capacidad para generar admiración. “Mi hermana sigue gustando a muchos hombres, y si no está con alguien es porque no quiere, no porque no pueda”, ha afirmado con contundencia. Ha dejado claro que Terelu no rehúye el amor, pero tampoco lo persigue con ansiedad. La considera una mujer rodeada de amigos, con una intensa vida social y emocionalmente autosuficiente. “Ha conocido a hombres interesantes, pero no se ha dado la oportunidad porque no es su prioridad”, ha reflexionado Borrego, desmontando el mito de la soledad como una carga para su hermana.
Carmen Borrrego ha opinado libremente

Carmen también ha señalado que la participación de Terelu en Supervivientes, aunque breve y en calidad de colaboradora especial y no como concursante, ha supuesto un cambio profundo en su actitud vital. “Ha sido una catarsis, un punto de inflexión que le ha permitido reconciliarse con muchas partes de sí misma”, ha explicado la colaboradora. Según ella, la experiencia en Honduras ha dejado una huella tan fuerte que incluso ha influido en su manera de proyectarse ante el mundo. Terelu ha regresado con energías renovadas, sin complejos y dispuesta a marcar una nueva etapa tanto en lo personal como en lo profesional.
Este proceso de renovación se refleja no solo en sus palabras, sino en su aspecto físico y en el modo en que asume su edad y su cuerpo. “No todo en la vida es tener un físico estupendo, pero eso no quiere decir que no lo tenga”, ha recalcado Carmen con orgullo, dejando entrever que detrás del posado hay un trabajo emocional profundo y una reafirmación que va más allá de la estética.
Pero no solo Terelu ha sido protagonista en la revista. Carmen Borrego también ha posado para Lecturas con una actitud franca y sin filtros. A sus 57 años, ha admitido estar en plena transformación personal y estética, enfrentándose con decisión a sus inseguridades. “Me tachan de envidiosa, pero no tengo nada que envidiarle a nadie”, ha asegurado con serenidad. Sus declaraciones apuntan a un cambio profundo en su forma de afrontar las críticas, especialmente aquellas dirigidas a su cuerpo o a su exposición mediática.
Carmen Borrego habla de sus complejos

Durante su entrevista, Carmen ha compartido que aún conserva cicatrices visibles de sus últimas operaciones estéticas, pero no por ello ha perdido las ganas de seguir mejorando su imagen. “Tengo pendiente quitarme grasa de la tripa y ponérmela en el culo. Tener un culo de vieja es lo peor que me puede pasar. La barriga la puedes disimular”, ha confesado sin reparos. Sus palabras han generado tanto apoyo como controversia, pero dejan patente su voluntad de tomar el control sobre su cuerpo y su autoestima.
Además, ha revelado que tras una etapa difícil emocionalmente, ha tomado la decisión de cuidarse más, incluso dejando el alcohol de lado desde su regreso de Supervivientes. “No me he tomado ni una copa. Vi que no me sentaba bien y decidí parar. Cuando uno está mal, cree que una copa lo arregla todo, pero no es así”, ha relatado con una sinceridad que no deja lugar a dudas sobre la profundidad del proceso personal que está atravesando.
Más allá de los posados y de las declaraciones en plató, este momento de exposición mediática de las hermanas Campos también refleja un punto de inflexión en su relación. Si bien Carmen ha hablado con enorme respeto y cariño de su hermana, también ha dejado entrever que existen diferencias de fondo entre ambas. “Terelu es una persona distinta, y yo también lo soy. Hemos cambiado las dos, y eso es bueno”, ha señalado, evitando el enfrentamiento directo pero reconociendo que sus caminos personales han tomado rumbos distintos.
El verano de la familia Campos

Las referencias veladas a Alejandra Rubio, con quien Carmen ha tenido desavenencias públicas recientes, también estuvieron presentes en su entrevista. “Sé que esta entrevista no le va a gustar”, advirtió al principio, en un gesto que anticipa posibles reacciones familiares tras sus declaraciones. Aun así, se mostró decidida a hablar con autenticidad, sin medir cada palabra ni disfrazar lo que realmente piensa.
Con todo, el verano 2025 está siendo especialmente mediático para las Campos, y tanto Terelu como Carmen parecen dispuestas a ocupar ese foco desde una narrativa menos dramática y más empoderada. Ambas, con estilos distintos y procesos personales propios, están escribiendo un nuevo capítulo en sus vidas. Lo hacen desde la exposición pública, pero también desde una actitud que refleja madurez, introspección y un renovado deseo de cuidarse y avanzar.
La historia de dos hermanas que, lejos de enfrentarse, parecen caminar ahora en paralelo hacia un mismo destino: el de aceptarse, reinventarse y mostrarse tal como son, sin pedir permiso ni perdón.





























































































