La vida de un actor suele estar llena de focos, cámaras y escenarios, pero pocas veces conocemos la intimidad de aquellos espacios donde realmente encuentran la paz. José Coronado, uno de los intérpretes más respetados del cine y la televisión nacional, eligió permanecer fiel a sus raíces y mantener en Madrid, concretamente en Chamberí, su verdadero refugio personal.
En su piso de la calle José Abascal, el artista ha levantado un hogar que no solo refleja comodidad y buen gusto, sino también recuerdos, pasión por el arte y una conexión inquebrantable con la ciudad que lo vio nacer. Más allá de los premios y reconocimientos, la vivienda de José Coronado se convierte en un escenario diferente: cálido, humano y cargado de significado.
José Coronado: Un madrileño de corazón que nunca se fue

José Coronado nació en 1957 en Madrid y, a pesar de la fama y de las múltiples oportunidades que su carrera le brindó, nunca se alejó de su ciudad. Su elección de seguir viviendo en Chamberí no es casual: el barrio guarda la esencia de un Madrid clásico, de calles tranquilas y edificios con historia, lejos del ruido de las grandes avenidas.
A lo largo de los años, el actor ha confesado que su relación con la capital va más allá del simple lugar de residencia. Para José Coronado, Madrid representa un vínculo emocional profundo, un espacio donde se entrelazan su infancia, sus primeros pasos profesionales y ahora también la madurez que lo acompaña. No es solo una ciudad, es parte de su identidad.
El salón: un corazón hogareño lleno de detalles

Si hay un espacio que define la esencia de la casa de José Coronado, ese es el salón. Allí se respira una atmósfera acogedora, construida a partir de una cuidada combinación entre tradición y modernidad. Los suelos de madera en tono roble marcan la calidez, mientras que las paredes crema y la carpintería blanca aportan luminosidad y frescura.
En cuanto al mobiliario, el actor apuesta por la comodidad sin renunciar al estilo. Un sofá blanco exento y otro granate más amplio se convierten en protagonistas, acompañados por una mesa baja de madera oscura y una gran televisión que refleja su amor por el cine. Las fotografías familiares distribuidas en aparadores refuerzan el ambiente cercano y afectivo que domina la estancia.
Sin embargo, el detalle que más llama la atención es la chimenea decorativa en blanco, presidida por un cuadro imponente. La iluminación, creada a través de lámparas de distintos estilos, añade calidez y resalta la personalidad de José Coronado, que combina con naturalidad lo clásico y lo contemporáneo en un mismo ambiente.
Un homenaje a Madrid y a sus raíces

La decoración del salón no solo refleja buen gusto, también encierra símbolos personales. Entre ellos destaca un cuadro del edificio Carrión, uno de los grandes iconos arquitectónicos de la Gran Vía madrileña. Con este gesto, José Coronado rinde homenaje a la ciudad que lo vio crecer, recordando que, más allá del reconocimiento público, su identidad siempre estuvo ligada a Madrid.
Este detalle confirma la manera en que el actor concibe su casa: no como un espacio frío o meramente estético, sino como un lugar con alma. Cada rincón habla de su historia, de su carrera y de la memoria que construyó en la capital. Así, el salón se transforma en un museo íntimo donde conviven recuerdos familiares, símbolos urbanos y nuevas pasiones artísticas.
La faceta artística desconocida: murales pintados por él mismo

Durante el confinamiento, José Coronado descubrió una faceta inesperada: la pintura mural. Sin poder adquirir lienzos, comenzó a experimentar directamente sobre las paredes de su salón, creando composiciones que hoy forman parte inseparable de la decoración. Sobre el sofá granate luce uno de estos murales, lleno de color y vitalidad, que aporta un aire creativo y único a la estancia.
El propio actor confesó en una entrevista que considera estas obras “cuadros vivos que nunca se acaban del todo”. Y es que José Coronado no solo se limitó a probar una nueva afición, sino que convirtió su hogar en un espacio dinámico donde el arte está en constante evolución. Esta dimensión artística añade autenticidad a su vivienda, mostrando una faceta personal que trasciende la interpretación en la pantalla.
Los murales, lejos de ser un elemento improvisado, se integran con naturalidad en la decoración. Reflejan el carácter inquieto de José Coronado, capaz de reinventarse incluso en los momentos más difíciles. Hoy son parte fundamental de la identidad de su salón y uno de los rasgos que hacen de su casa un lugar singular.
La terraza acristalada: un refugio para la calma

El salón de José Coronado se abre hacia una terraza acristalada que funciona como un pequeño oasis dentro de la ciudad. Con puertas correderas de aluminio y cristal, este espacio recibe abundante luz natural, lo que lo convierte en un lugar perfecto para la lectura, la reflexión o simplemente para disfrutar de un momento de calma.
Allí, el actor ha colocado una butaca blanca junto a varias plantas que aportan frescura y serenidad. Es un rincón íntimo y sencillo, pensado más para el disfrute personal que para impresionar a los visitantes. Este espacio resume la filosofía de vida de José Coronado: valorar los pequeños placeres cotidianos, buscar armonía en medio del bullicio urbano y rodearse de aquello que le brinda bienestar.
La terraza también refuerza la idea de que su vivienda no es solo un lugar donde dormir o descansar, sino un refugio pensado al detalle para vivir con calidad y tranquilidad. En cada elemento se aprecia la intención de transformar lo cotidiano en algo especial, un rasgo que habla mucho del carácter del actor.
























































