No soy jugador de póquer. Pero me encanta la frase de la película Rounders (1998), en la que un jovencísimo Matt Damon interpreta a Mike McDermott y resume el juego magistralmente:

Si en la primera media hora de partida no descubres quién es el tonto de la mesa, posiblemente seas tú”

En todo. En la vida, en empresa, en los negocios y en las inversiones hay una raya que lo divide todo. Es la que separa a los tontos de los listos. No siempre es positivo estar en uno u otro lado. Yo, por ejemplo, prefiero en ocasiones ser algo tonto, antes que “demasiado” listo. Pero es una división básica para entender y para catalogar a las personas.

Hoy en día a todos nos pueden engañar, y siempre lo hace alguien más listo o con más malicia que nosotros. Eso incluye a las autoridades, a nuestros políticos y a cualquier estafador mal intencionado. Todos pueden engañarnos y, de hecho, a las noticias me remito, eso sucede habitualmente. Pero el ser engañados, no nos convierte en tontos necesariamente. Hay veces que nos llega a convertir en auténticos gilipollas. Esas son las ocasiones en las que yo prefiero quedarme “sólo” en tonto.

Hemos vivido dos estafas en España en las últimas semanas.

La primera, la pérdida del valor absoluto de los más de 300.000 accionistas del Banco Popular. Una entidad que valía -según el mercado- 1.400 millones de euros, y que de la noche a la mañana pasó a valer cero.

Sí, no hay que escandalizarse por el uso de la palabra “estafa”. Ha sido una estafa en toda regla y también un expolio del que debería haber una devolución del dinero y unos responsables con nombres y apellidos que no se vayan de rositas. Sea como fuere, se cumple la regla. Algunos inversores y administraciones públicas han sido “los listos” y han sacado el dinero con días de antelación a la caída del banco y su venta al Banco de Santander. A los inversores que confiaron en el banco y que les han engañado siendo timados de manera vergonzante les asignaron el papel de tontos. Nunca el papel de un tonto fue tan digno. Tal vez lo único que podemos achacarles es que no salieran corriendo como alma que lleva el diablo cuando les aseguraron que no había nada que temer. Triste pero cierto, a las autoridades del Banco de España, de la Unión Europea y del citado Banco Popular su credibilidad les precedía.

POPULAR: Si los organismos oficiales te tranquilizan, ¡cuidado! la caída puede ser inminente. Así ha sido.

La segunda la conocida como “la estafa del Madoff catalán” (al que se refieren también como “el bróker de los ricos”.  Una presunta estafa piramidal por parte de Antonio Mas Samora, que se considera la mayor estafa de los últimos años con cerca de 350 millones de euros dilapidados. Unos 200 en Costa Daurada y otros 150 por parte de inversores en Madrid. De hecho ElConfidencial indica que entre los estafados podría haber víctimas tan importantes como Alicia Koplowitz, que tenía 3,1 millones invertidos a través de su sicav Morinvest, entidades, aseguradoras como Aviva y Caser, e importantes empresarios como la familia San Martín. Sin embargo, los estafados en esta inversión piramidal no han sido pobres victimas (los tontos utilizado el símil del Banco Popular) sino que han sido unos listos, o un poco gilipollas, depende de cómo se mire.

Si te ofrecen de un 13% a un 20% de retorno de una inversión, en tiempos en los que los tipos de interés que ofrecen los bancos están en el mejor de los casos alrededor del 1%, algo deberías sospechar. ¿O no? No hay que ir a Oxford para temer que, si sucede esto, estás ante el nuevo Ruiz Mateos.

Si encima algunos de estos inversores podían realizar sus depósitos con dinero negro (motivo por el que muchos no han denunciado el asunto), hombre algo más para haber sospechado. Generalmente una inversión en un maletín cargado de billetes con una promesa de beneficio del 20% no acaba bien. Vamos, que llegado el momento hay que ser muy cretino.

Ver luego el nivel de vida del individuo en cuestión, y que se dedique a organizar comilonas con las que ha agasajado a periodistas y empresarios, o a organizar conciertos de Tom Jones, Julio Iglesias etc, no deja sino un poso más surrealista y cañí en el tema. De película de Alfredo Landa.

Ambos casos tienen víctimas. Pero unas y otras no se parecen en nada.

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¿Tontos? Tal vez les hayan tomado por tontos a los inversores del Popular. Se trata personas estafadas por la directiva de un banco, señores elegantes con tarjetas de visita rimbombantes y de conocido prestigio. Existe una clara responsabilidad de nuestras autoridades y del Banco de España (¡qué papelón el suyo!). Incluso una responsabilidad moral (veremos si además legal y económica) en el comprador, el Banco de Santander. El sistema ha fallado y 300.000 personas han sido engañadas. Aunque les hayan tomado por tontos es de justicia que sean inmediatamente restituidos.

¿Gilipollas? Querer pasarse de listo es acabar siendo un idiota. Si encima no puedes reclamar por la procedencia del dinero, lo tuyo ya es de traca. Me dicen que muchos de estos “inversores” son sofisticada gente bien. Pero otros digamos que vienen de mundos muy distintos. Posiblemente recuperar no van a recuperar el dinero, pero estos últimos seguro que resarcirse del estafador lo van a hacer con creces. Suerte a todos. Al final, los más listos de la partida, aquellos que creyeron adivinar quién era el tondo de la mesa en los primeros cinco minutos, han resultado ser los más idiotas de la misma.

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