La Caixa

Hace tiempo publiqué un artículo que ha levantado bastante polémica. Baste decir que fue leído por cientos de miles de personas. En él criticaba a los 500 empleados de La Caixa, que al manifestarse con proclamas independentistas y cortar la calle en grupo, en horario laboral, y en la sede central del banco en Barcelona, “oficializaban” en cierto modo una postura que hacía daño a su propia entidad. Lo que pasaba por ser una actitud individual pasó a ser colectiva y ensuciar el nombre del banco en el que trabajan. La liaron parda, y aún siguen, curiosamente, trabajando allí.

Ese artículo me hizo atender llamadas (educadas y de las otras), WhatsApp, comentarios en redes sociales y recibir multitud de emails. Muchos de ellos de clientes y empleados de La Caixa.

No quiero clarificar mi postura. Entiendo que ha quedado suficientemente clara, sé que muchas personas comparten mi perplejidad, otras que creen que estos comportamientos borreguiles no tienen importancia. En ese artículo, Los cantamañanas de La Caixa, explicaba mi sentimiento y mi decisión personal, pero también decía que era absurdo llamar a un boicot.

Sí me veo en la obligación de añadir una cosa. En mi opinión, el problema de La Caixa no es puntual y derivado sólo de su posición tenue, -incómoda según sus responsables-, con el desafío independentista.

El problema principal de La Caixa con clientes que, como yo, llevan trabajando con el mismo banco más de 20 años es que lo que en su día fue un banco amable en su expansión por el resto de España (querían evidenciar que se quitaban el pelo de la dehesa, en este caso, de la masía), se ha vuelto un banco que atiende mal y te la intenta colar por cualquier lado. Y a esa situación de hartazgo, que muchos miles de españoles sentimos, se le añade el desafío independentista, así como la postura personal de altos cargos relevantes en la compañía, incluso dentro del Consejo de Administración de la entidad, que se jactan de ello.

No sólo es la incomoda postura de los empleados del banco con la independencia. hay más cosas que no funcionan en La Caixa.

La Caixa: El banco que te las cuela por Detroit

En los últimos años he tenido que dedicar horas y horas a hacer un paralelo a mis cuentas y posiciones bancarias para detectar todas y cada una de las veces que La Caixa incumplía los pactos de comisiones que teníamos. A muchos clientes les sonará: “Valeeee, te lo retrocedo”. “Es que el pacto había caducado y no me dí cuenta”. No sólo es agotador, sino que genera la sensación de que tu banco es tu enemigo, y la actitud déspota de algunas personas en las sucursales a pie de calle ayuda poco, muy poco. Será que en este punto yo he tenido mala suerte.

Hace tan sólo un mes me llamó mi gestora de La Caixa. Primero para colocarme el Samsung Galaxy 8 Note de rigor (sic), y luego para informarme que habían tenido una reunión interna en el banco y que en lo sucesivo no se podía pedir por teléfono ni por email operativa alguna. “No estamos para eso. Te la tienes que hacer tú mismo por Línea Abierta”.

Eso me resultó cuanto menos curioso por al menos tres motivos.

El primero porque hace muchos años elegí este banco por la facilidad que daba y el apoyo en este tipo de cosas. Ya han captado a muchos como a ti. Ahora se convierten en un banco desagradable. Ha cambiado el ciclo.

El segundo porque te llaman y te informan de cómo tienes que hacer las cosas desde ahora, “porque lo dice su jefe”, como si ahora fueras un empleado más que debe estar a las órdenes de sus responsables. Me da igual las reuniones que tengan, o lo que les venga mejor o no, yo soy el cliente, y ellos me dan (y me cobran) por el servicio.

La Caixa ya no es un banco amable en expansión. Es un banco que te intenta clavar y colartela doblada en cuanto te descuidas

En tercer y último lugar, Internet es formidable, es cierto, y están en la Diagonal encantados con su servicio “Línea Abierta”. Me parece fantástico. Pero yo no tengo por qué estar al tanto y conocer a fondo su servicio como si fuera un empleado de la sucursal, al que además introducen cambios de forma muy habitual. Tengo varios CMS y Back Office con los que operar, no sólo uno, no puedo dedicar mi vida a estar manejando sus sistemas. Por supuesto una operativa sencilla la puedo hacer, pero para otras cosas, más complejas me siento más seguro si interviene un gestor. Pero, además, es que me cobran por operar. Ya, ya sé que les encantaría no tener que atender a nadie y que la gente opere por cajeros y en Internet. Pero eso es un mundo idílico que no es siempre posible. Las personas están –¡estamos!- para algo.

Al margen de eso, expondré un caso que representa gráficamente la total falta de confianza en el banco. Pese a considerarme un buen cliente hace unos meses viví una situación que define muy bien la relación con esta entidad, y el papel de Curro Jimenez en todo esto.

La Gran Clavada de La Caixa

El pasado mes de agosto tenía que hacer una transferencia relativa a una inversión a un banco americano en dólares. Llamé a mi gestora, ya que la operación incluía compra de divisas y posterior transferencia internacional por importe más elevado de lo habitual, y prefería no hacerla yo por Internet por si metía la pata en algo. Estaba de vacaciones, y la operación era urgente así que la pedí por teléfono y me solicitaron que enviara los datos por correo electrónico. Así lo hice. Hasta ahí todo normal.

Recuerdo que estaba en la playa y llamé por teléfono: “No te preocupes, ya lo tienes hecho. Te mando justificante por correo electrónico”.

Llegué a casa y lo vi en el móvil. El dólar llevaba semanas bajando y me habían cobrado mucho más dinero del previsto. Me extrañé. Saqué la calculadora. Entre la compra de divisas y la trasferencia me habían llegado a cobrar por una sola operación ¡1.500 Euros de comisión! No daba crédito.

Caixa transferencia
Primer pago desde La Caixa. Comisión total 1500 Euros

Llamé enfadado de forma urgente a mi gestor. Le exigí cancelar el pago. Me dijo que no era posible. Le insistí que tenía que serlo ¡Me la habían metido doblada! Fueron varias llamadas necesarias para poder cancelarlo, no lo pusieron NADA fácil, no tenían interés alguno. Les amenacé, muy enfadado, que si no lo cancelaban cerraría todas mis cuentas, y además que había hablado con un amigo mio, director de otra sucursal de La Caixa y que me decía que se podía anular urgente antes de que saliera el pago a las 17 horas. A regañadientes logré que lo cancelaran después de varias llamadas y emails desagradables.

Me ofrecieron repetir la operación al día siguiente aplicándome “mejores condiciones”. Como era urgente, y sólo trabajaba con ellos (¡eso se acabó!), pese a mi cabreo, no tuve más remedio que aceptar. Finalmente me cobraron unos 400 Euros de comisión entre cambio de divisas y comisión de transferencia (¡Qué ya está bien y me sigue pareciendo excesivo!).

Segunda transferencia desde La Caixa tras la pillada. Comisión total 400 Euros. Ahorro 1096 Euros

Mi enorme cabreo, y la suerte de que comprobé el importe nada más recibir el comprobante, me habían ahorrado ¡1.096 Euros en menos de 24 horas! ¡Y eso que me seguían metiendo una clavada importante de 400 Euros de comisión!

Banco Santander

El Diario de (Ana) Patricia: La triste y lenta agonía del Diario Expansión

Expansión ya no es lo que era y su agonía para suavizarla Ana Patricia Botín.

Llegó septiembre, y todos regresamos de vacaciones. Pasé por la sucursal aún con el enfado coleando. Me senté con la directora y le dije que era una vergüenza. La reacción sólo me enervó más: “No digas tonterías, ¡cómo te vamos a haber cobrado 1.500 Euros de comisión!”. Me obligó a buscar e imprimir el pdf anterior y posterior (que puedes ver en este artículo). Ante la evidencia sólo pudo poner cara de póquer y a duras penas articuló a decir: “Ahhh. Es lo que sale por defecto en el ordenador. La próxima vez llámame a mí y me ocupo personalmente”. Vaya, tranquilizador… así no deberían funcionar las cosas, amiguetes.

Por esos motivos –y sólo he explicado el último ejemplo- la relación con “mi banco” ya estaba rota.

Quiero un banco que me dé servicio y me trate bien, que me dé su mejor precio. Que no que me intente engañar y “colocar” un Samsung Note 8, ni unas cacerolas cada mes. 

¡Si Curro Jiménez levantara la cabeza, vería que ha creado escuela! Los bandoleros andan de nuevo sueltos por el monte, aunque en este caso, hayan hecho el paripé de mover su sede hasta Valencia.